Semejante disparidad de pareceres se deriva del carácter compromisorio de la
resolución. En Moscú y, tal vez, también en Pekín creían: puesto que la nueva
resolución, al igual que la anterior, se está redactando a tenor con el artículo
de la Carta de la ONU que excluye la coacción en cualesquiera formas, no podía
ni tratarse de "carácter punitivo" alguno del documento.
Evidentemente, otros miembros del "sexteto iraní" y EEUU se atienen a un
criterio distinto. Por lo visto, el documento contiene no pocas arterías que de
entrada ni siquiera Moscú pudo descubrir.
Ahora el viceministro ruso de Asuntos Exteriores, Serguei Kisliak,
manifiesta: el documento emite "señales serias" a Teherán, incluyendo en lo
referente al recrudecimiento de las sanciones, todos se percatarán de ello tan
pronto la resolución se haga pública. El vicecanciller ruso precisó que el
recrudecimiento de las sanciones es un procedimiento común y corriente que se
aplica tácitamente, es decir, después de aprobada cada nueva resolución, "de
forma equilibrada y a tenor con la evolución de la situación".
El recrudecimiento de las sanciones desembocaría en la ampliación de la lista
de cargos oficiales iraníes declarados personas non grata, así de bancos
nacionales y comerciales iraníes sujetos a sanciones. Sin más.
Por lo que se refiere a un "equilibrado recrudecimiento de las sanciones a
tenor con la evolución de la situación", esta cuestión merece un esclarecimiento
aparte.
La situación en torno al programa nuclear iraní se agravó después de que
Mahmud Ahmadineyad asumiera el poder. El máximo dignatario y su equipo de
jóvenes conservadores introdujeron cambios radicales en el área nuclear al
renunciar a la postura cauta y moderada de sus predecesores.
Como resultado, en agosto de 2005, Irán volvió a poner en funcionamiento la
fábrica de conversión en Isfahán y en enero de 2006 fue reconstruida la planta
de enriquecimiento de uranio en Natanza, desatendiendo así los llamamientos de
la comunidad internacional. De tal manera, las autoridades de Teherán pusieron a
la troika de mediadores europeos en una situación delicada, de hecho obligándola
a traspasar el expediente iraní de la Agencia Internacional de Energía Atómica
al Consejo de Seguridad de la ONU. Ya en diciembre de 2006 fue aprobada la
primera resolución (Nº 1737) que estipulaba sanciones nominales; en marzo de
2007, una resolución que ampliaba la lista de las sanciones (Nº 1747). Ambos
documentos exigían que Teherán inhibiera todos los trabajos de enriquecimiento
de uranio y reanudara las negociaciones con la troika europea.
La adopción de la nueva resolución se aplazó en reiteradas ocasiones debido a
las posturas mantenidas por Moscú y Pekín. Durante ese tiempo, el equipo de
Ahmadineyad recrudeció hasta tal punto su postura que todos los expertos,
incluidos los iraníes, advierten unánimes sobre el acercamiento del programa
nuclear a una especia de la "línea roja", al cruzar la cual comenzaría el
proceso irreversible de creación del arma nuclear. "Sobre este telón de fondo
las sanciones de poco significado que adopta el Consejo de Seguridad de la ONU
resultan ser poco menos que un incentivo para las autoridades de Teherán.
En tal caso, ¿a qué señales serias se refiere el vicecanciller ruso Serguei
Kisliak? Lo más probable es que también la nueva resolución planteará el cese de
los trabajos de enriquecimiento de uranio como premisa fundamental para reanudar
las negociaciones con Irán. El diplomático hizo recordar que la oferta de
utilizar centros rusos de enriquecimiento de uranio "todavía está sobre el
tapete" y que Rusia da garantías de cubrir para el próximo decenio las
necesidades que de combustible nuclear tiene Irán y ha procedido ya a
suministrar este combustible.
Realmente provoca extrañeza que la Casa Blanca haya acogido con tranquilidad
los suministros del combustible a la central nuclear de Bushehr, pese a que
tanto Israel como muchos países europeos lo interpretan como amenaza directa
para la seguridad de la región, amenaza generada, según ellos, por el programa
nuclear iraní. George Bush poco menos que repitió textualmente la postura de
Vladímir Putin: los suministros del combustible nuclear ruso a Irán de hecho
"dan por cerrado el tema de enriquecimiento de uranio en suelo iraní".
Pero la actual actitud de la Casa
Blanca es bastante engañosa y no es otra cosa que un ardid. Washington ofreció a
Moscú y Teherán una oportunidad de exponer todos sus argumentos principales. Y
ambas capitales lo hicieron. Ahora las posibilidades de Irán para maniobrar
están restringidas en extremo. Ya es poco probable de que el problema nuclear
iraní sea resuelto en el marco de sanciones paliativas.