China le atrajo la atención el “camino a la integración de LA” (The
People’s Daily, 19/12/08). En un comentario anterior (4/12/08), había
puesto en relieve la “asociación estratégica” entre Moscú y Caracas (dos
potencias de hidrocarburos de primer orden) al considerar que “Venezuela se ha
convertido en el socio estratégico global de Rusia”.
Para China, la cumbre escenificada en Brasil del 15 al 17 de diciembre
(cuatro meses antes de la Cumbre de las Américas en Trinidad y Tobago) fue la
“primera cumbre” real de su historia, por haberse celebrado sin la presencia de
observadores foráneos de EU y la Unión Europea (UE), desde la promulgación de la
Doctrina Monroe, hace ya cerca de 200 años.
Este solo hecho era “inimaginable”, según el muy capaz canciller brasileño,
Celso Amorim, quien, por cierto, invocó la “integración” del “espacio común” de
LA y el Caribe (¿se parecerá a la UE?), y abogó en favor de “muy buenas
relaciones con EU”, siempre y cuando se despoje de su atávica “hegemonía”. ¿Será
posible?
El rotativo chino percibe correctamente que los “latinoamericanos nunca
abandonaron sus ideales o aspiraciones por la independencia, autodeterminación e
integración regional”, en la línea histórica de Simón Bolívar: “una fuente de
inspiración para la unidad y la alianza”.
Emprende un recuento de las fallidas cumbres previas, en el lapso de 1890 y
1948 y, en particular, desde 1990 “bajo el padrinazgo y dirección de EU”. ¿Cómo
iban a tener éxito tales cumbres si se escenificaron bajo el control de EU,
quien, por sus actos conocidos, ha buscado la desintegración, cuando no la
balcanización, de LA?
Según el rotativo chino, muchas cumbres se escenificaron previamente bajo la
batuta de EU, que contempla(ba) a LA como su “patio trasero”, pero ninguna como
ésta, en la que participaron 33 jefes de Estado de LA y el Caribe, y donde Cuba
fue invitada por primera vez. Varias minicumbres se celebraron en medio de la
megacumbre de LA: Mercosur, Unasur, el Grupo de Río (en el que Cuba fue
entronizada rimbombantemente), etcétera.
The People’s Daily detecta el deseo de “integración” cuando los
países de LA han establecido relaciones más “maduras”, y comenta que el camino a
la integración no será sencillo debido a las “grandes disparidades en sus
niveles de desarrollo económico y social”, después de haber optado por “caminos
de diferente desarrollo”.
No lo dice, pero el modelo neoliberal impuesto por EU, es decir, el
pernicioso decálogo del “Consenso (¡supersic!) de Washington”, estuvo a punto de
desintegrar a LA en forma regional y aniquilar en forma singular a varios
países, cuando prosigue una deliberada balcanización contra algunos de sus
adversarios que buscan su independencia petrolera (Ecuador, Bolivia, Venezuela,
etcétera).
Alexei Barrionuevo, del IHT (17/12/08), puso en evidencia la notable
“ausencia de EU en la Cumbre en Brasil”, lo cual sepulta a la Doctrina Monroe de
1823 (que, por cierto, ya había enterrado Bajo la Lupa desde hace mucho),
mientras el solvente analista Pepe Escobar aborda la “nueva (sic) LA” (Asia
Times, 19/12/08) que le tocará lidiar a Obama.
A juicio de Escobar, la cumbre constituyó un triunfo de la diplomacia
brasileña y de Raúl Castro, en su “primer viaje desde su ascenso al poder en
2006”, donde obtuvo en forma unánime la solicitud de cesar el embargo de EU a
Cuba impuesto desde hace 45 años.
Escobar explaya que la “estrategia de EU hacia LA ha fracasado completamente”
y cita al periódico argentino Página 12, que exultó a la cumbre como la
“perforación de un muro”. También cita a Michael Schifter (vicepresidente del
propagandístico “Diálogo Interamericano”, con sede en Washington), quien
interpreta que la “cumbre desea negociar con EU, pero en términos muy diferentes
que en el pasado”, pues ahora LA no permanecerá con los brazos cruzados “en
espera de que EU cambie su comportamiento”.
Escobar agrega que tampoco España y Portugal, las añejas potencias
coloniales, fueron invitadas, y fustiga las dos únicas ausencias, del peruano
Alan García y el colombiano Álvaro Uribe: “dos cercanos amigos (sic) de la
administración Bush”. A su juicio, la “verdadera estrella fue Raúl Castro”,
quien se portó muy diplomático, sin “atacar frontalmente a EU”, pero sí en forma
directa “condenó las políticas neoliberales”, después de “atribuir la crisis
financiera global al orden económico injusto y egoísta”. No había necesidad de
criticar directamente a EU, cuando es quien impuso el cataclísmico modelo
neoliberal y ahora es el responsable supremo del tsunami financiero
global.
Escobar destaca que Hugo Chávez (favorito de los anatemas exorcistas de los
publicistas neoliberales) haya elogiado el “pensamiento latinoamericanista” de
Lula, aunque lo más relevante se centre en la respuesta que operará Obama frente
a la “nueva LA”, mientras China, Rusia e Irán han consolidado sus relaciones con
la región: ejercicios navales conjuntos de Rusia y Venezuela; tratados
comerciales de China con la costa sudamericana del Pacífico; próxima visita del
presidente iraní Ahmadinejad a Lula; cierre de la base estadunidense de Manta,
en Ecuador; expulsión de Philip Goldberg, embajador de EU en Bolivia, etcétera.
Tampoco se puede pasar por alto el acercamiento entre Brasil y Francia,
cuando Lula ha comprado cuatro submarinos nucleares para vigilar el petróleo del
Atlántico, mientras China se ha vuelto el mayor importador de cobre (suplantando
a EU), lo que ha creado la “nueva ruta del cobre”, que va de la parte sur del
Pacífico al este asiático.
En términos meramente geoeconómicos, Pepe Escobar diagnostica que China se ha
despachado con la cuchara grande en detrimento de la previa hegemonía de EU:
préstamo de 10 mil millones de dólares a Petrobras; venta de un millón de
barriles de petróleo al día a partir de 2012 de Caracas a Pekín, etcétera.
Escobar critica el “contramovimiento” bushiano: “la resurrección de entre los
muertos de la Cuarta Flota, después de 58 años para patrullar ostensiblemente el
Caribe”, lo cual ha exasperado a toda LA.
Comenta que la principal atención de Obama se centrará en su “totalidad” en
el “arco de inestabilidad” (acuñado por el Pentágono) del “Medio Oriente hasta
Asia Central”, pero “ha despertado enorme expectación en LA”, lo que lleva a la
pregunta esencial: “¿cómo interpretará (Obama) las nuevas reglas del juego: una
LA integrándose aceleradamente, donde EU es solamente otro jugador entre otros
tantos?”
Al menos que haya dado como irremisiblemente perdida a LA, ¿Osará levantar
Obama este nuevo desafío de reconocer la grandeza intrínseca de LA?.