(IAR
Noticias)
28-Diciembre-08
La gasolina más barata del mundo se vende en
Venezuela, mediante una grande y vieja operación de subsidio que favorece a los
propietarios de automóviles y niega recursos a la lucha contra la pobreza y por
un ambiente sano, al tiempo que descapitaliza a la industria petrolera, motor de
la economía de este país.
Por Humberto Márquez - IPS
"¿Cuál es el problema? Supongo que si produjéramos trigo o
tractores eso sería muy barato aquí. Si tenemos petróleo, la gasolina debe ser
barata", replicó a IPS Alexis Santana, de 38 años, conductor de autobús desde
los 22. Parece lógico en este país de América del Sur que es uno de los mayores
productores mundiales de crudo.
Un litro de gasolina cuesta en Venezuela, desde hace 10 años, entre 3 y 4
centavos de dólar. Una bebida gaseosa cuesta 20 veces más, una botella de agua
25 veces y una tacita de café expreso en una panadería 30 veces más.
Un usuario puede dejar de propina al operario que limpia el parabrisas y mide el
aire de los neumáticos en una gasolinera, más dinero del que paga para llenar el
depósito de combustible de su vehículo.
"La gasolina casi se regala en el país", ha dicho el ministro de Finanzas, Alí
Rodríguez, quien fue titular de Energía, secretario general de la Organización
de Países Exportadores de Petróleo, OPEP, y presidente del gigante estatal
Petróleos de Venezuela (PDVSA).
"Ya es una grosería vender la gasolina como la estamos vendiendo. ¡Mejor sería
regalarla!", dijo en una alocución en enero de 2007 el presidente Hugo Chávez,
al ordenar estudios para elevar el precio del carburante, que por ahora han
quedado, como éste, congelados.
Para casi regalarla, el Estado y PDVSA asumen un subsidio que los economistas
calculan de distintas maneras y con diferentes montos, siempre gigantescos, y
cuyos principales beneficiarios son los propietarios de cuatro millones de
vehículos particulares que atestan calles, autopistas y carreteras del país,
casi las mismas que existían hace 30 años.
"Según nuestros números, Venezuela consume al día casi 750.000 barriles (de 159
litros) de combustibles líquidos, 70 por ciento gasolina, y la diferencia entre
el precio de venta local y el de países consumidores netos de petróleo llega a
26.000 millones de dólares este año", dijo a IPS el economista Asdrúbal
Oliveros, de la firma Ecoanalítica.
Si Venezuela vendiera su combustible sin ganancias, pero cargando al consumidor
interno todos los costos, el subsidio llegaría a 17.000 millones de dólares,
según Oliveros.
Cuando el crudo venezolano se cotizó en julio a 116 dólares por barril, un
antiguo economista jefe del Banco Central, José Guerra, estimó la subvención
anual en unos 19.000 millones de dólares. Pero a mediados de este mes de
diciembre, el petróleo descendió a 31 dólares la unidad.
PDVSA pierde
De acuerdo con cifras oficiales, en 2007 los vehículos venezolanos consumieron
400.000 barriles diarios entre gasolina y gasóleo, lo que implicó un subsidio,
marcado por la diferencia entre el precio interno y el de exportación, de 12.500
millones de dólares.
Los costos operativos de producir un litro de gasolina son para PDVSA de dos
centavos de dólar, y lo vende a menos de tres.
"Al regalar a cada automovilista más de 3.000 dólares anuales, PDVSA se queda
sin un dinero que podría dirigir a inversiones, para mejorar el sistema interno
de distribución de combustibles, animar a otros sectores productivos y disminuir
su endeudamiento", dijo a IPS el economista jefe de esa empresa entre 1992 y
1999, Ramón Espinasa.
Más aún, pese a ser exportador de crudo, este país afronta compras crecientes de
derivados, incluso de 50.000 barriles diarios de insumos para gasolinas, según
el experto José Suárez-Núñez.
Las cifras de compras petroleras de PDVSA, de acuerdo con sus informes, fueron
de 2.593 millones de dólares en 2006 y de 4.030 millones en 2007. En datos como
esos, algunos críticos ven que la producción del consorcio estatal declina en
vez de aumentar.
¿Auxilio para ricos?
El bajo precio de la gasolina "es esencialmente un subsidio regresivo, porque la
mayor cantidad de combustible la consumen autos particulares, de las clases
media y alta, mientras que los más pobres usan un transporte público
deficiente", apuntó Espinasa.
"El 80 por ciento de la gasolina es utilizado en vehículos privados, que
transportan sólo al 20 por ciento de la población, mientras que 80 por ciento de
los ciudadanos dependen del transporte público, que consume 20 por ciento de la
gasolina. Es un 'Hood Robin', un Robin Hood al revés", señaló el también
economista José Luis Cordeiro.
Los bajos precios de la gasolina han estimulado una voraz compra de vehículos,
con nuevos récord cada año desde 2003, hasta alcanzar 400.000 unidades en 2007,
aunque restricciones a la importación redujeron las ventas a 252.000 unidades en
el período enero-noviembre de 2008, según la empresarial Cámara Venezolana
Automotriz.
"Los pequeños empresarios, en cambio, nos perjudicamos porque con estos precios
el flujo de caja es pequeño, no vale la pena invertir en instalaciones, no
podemos respaldar grandes solicitudes de préstamo y nuestra mano de obra está
mal remunerada", comentó a IPS José Costa, encargado de una gasolinera en
Caracas.
POBRES CON MENOS
El gobierno de Venezuela hizo del gasto público el motor no sólo de la actividad
económica sino de la mejora de la calidad de vida de la población, sobre la base
del ingreso petrolero. Por eso, debe resentir la carga de este pesado subsidio,
según Oliveros.
Ya en la década pasada, un estudio del Banco Mundial sobre subsidios en América
Latina mostró que con los 4.000 millones de dólares que entonces entregaba el
Estado a sus consumidores de gasolina "se podrían construir 41.000 escuelas
primarias o 7.000 secundarias cada año", apuntó Cordeiro.
Con menos de siete millones de hogares, este país tiene un déficit de dos
millones de viviendas, según la organización humanitaria Provea, y apenas se
construyen unas decenas de miles cada año.
El aporte de PDVSA a los programas sociales del Estado, de acuerdo al informe
2007 de la corporación, alcanzó a 13.897 millones de dólares, un monto inferior
a las estimaciones de entrega por la vía de subsidios a los consumidores de
combustibles.
Con esa suma, destacó el informe de PDVSA, se financiaron las misiones
(programas sociales paralelos a la estructura tradicional del gobierno) en
materia de salud, educación, alimentación, de identidad ciudadana y ahorro de
energía, entre otras.
Las misiones son el pivote del gobierno en su lucha contra la pobreza, que
alcanzaba a 40 por ciento de la población hace una década, y en procura de
cumplir los Objetivos de Desarrollo del Milenio, adoptados por la Organización
de las Naciones Unidas.
Según las estadísticas del Ministerio de Planificación, los hogares pobres, o
con necesidades básicas insatisfechas, cayeron de 28,9 a 23,4 por ciento, y los
indigentes pasaron de 10,8 a nueve por ciento.
Si esos programas y los gastos generales del Estado avanzaron en el último
lustro --a medida que crecían los precios del petróleo hasta más de 120 dólares
para el barril venezolano--, desde Chávez hasta el más contumaz de sus críticos
admiten que este país sufrirá de diferentes formas por los valores del crudo
reducidos a una cuarta parte.
"La situación fiscal puede ser tan crítica que el gobierno buscará medidas como
devaluar, implantar más impuestos o aumentar el precio de la gasolina. Lo único
que seguramente no hará será disminuir el gasto", opinó el economista Emeterio
Gómez.
Exportación y contrabando
Los subsidios, directos o indirectos, suelen traducirse en una ventaja
comparativa para que las empresas de un país o sector compitan en condiciones
ventajosas. "Ese no es el caso de Venezuela, porque la ventaja de la gasolina
barata se pierde con los demás controles de precios, el control cambiario, el
congestionamiento del tráfico que afecta la distribución y el mal estado de
infraestructura vial", aseveró Oliveros.
Debido a la ausencia de corredores viales, un camión con mercancía que recorre
de la frontera con Colombia, en el oeste, hasta centros industriales o de
consumo en el extremo oriente de Venezuela, se ve obligado a atravesar Caracas y
otras importantes ciudades.
Pero, además, el subsidio alimenta un contrabando con los países vecinos,
Colombia, Brasil y en menor medida Guyana, que el Ministerio de Energía estimó
en 25.000 barriles diarios, lo que a un precio promedio de 90 dólares por barril
en 2008, representa unos 800 millones de dólares anuales.
Según investigaciones de la prensa nacional, en el noreste colombiano fronterizo
con Venezuela unas 80.000 familias viven u obtienen un suplemento de ingresos
gracias al contrabando fronterizo de combustible, en miles de pequeños envases
transportados a pie o en bicicleta, pero también en grandes camiones-cisterna
que operan al amparo de redes de corrupción o grupos armados ilegales.
"El problema está en el diferencial de precios, porque el combustible en
Venezuela es 20 veces más barato (que en Colombia), y sin resolver ese problema
es imposible vencer al contrabando", dijo Lino Iacampo, presidente de la
Asociación de Distribuidores de gasolina en el fronterizo estado de Táchira.
"Y, por el contrario, tenemos el enojo de los tachirenses que muchas veces no
encuentran gasolina o se les vende racionada", agregó.
Ambiente, cultura y política
En Estados Unidos un joven de clase media se independiza de sus padres cuando se
muda por su cuenta; en Venezuela, el día que ya tiene su automóvil propio, dice
Oliveros.
El culto por el automóvil individual se ha exacerbado de tal modo en este país
que autoridades municipales de Caracas exigen que cada vehículo lleve al menos
dos ocupantes, cuando intentan restringir el acceso a ciertas vías en las horas
de mayor tránsito.
En esas largas colas de autos que ruedan a una velocidad promedio de cinco
kilómetros por hora, la ocupación media de los vehículos es de 1,2 personas.
Pero, advierten estudiosos como Oliveros, la inseguridad en el transporte
público, que sufre una epidemia de asaltos a mano armada en los autobuses
urbanos y extraurbanos, y en taxis independientes de cualquier organización,
lleva a la gente a buscar con desesperación el auto propio.
Casi todas las vías de una ciudad como Caracas están atestadas desde el amanecer
hasta muy entrada la noche. Para Aliana Giménez, que vive en la
ciudad-dormitorio de Guatire, al este de la urbe, "la vida se me va en dormir en
el autobús, trabajar, llegar a casa, bañarme, cambiarme, hacer una minisiesta en
la noche y salir de nuevo para Caracas antes de que salga el sol", relató a IPS.
Los economistas coinciden en que un comienzo de solución puede estar en una
adecuación gradual del precio de la gasolina a algún punto medio de la larga
distancia entre el precio doméstico y el valor de exportación.
"Pero esa medida ahora sólo surtiría efecto con un cambio de políticas
económicas que permita contrarrestar la inflación, de lo contrario generaría más
problemas", dice Oliveros.
La inflación venezolana es la más alta del hemisferio, pues anualizada ronda 35
por ciento y pasa de 50 por ciento en los alimentos, que en este país se
transportan fundamentalmente por carretera y es el rubro en el que los sectores
más pobres gastan dos de cada tres dólares de sus ingresos.
En el pasado, el alza del precio de la gasolina fue la chispa que encendió
protestas sociales. La más recia fue el "Caracazo" de 1989, que dejó centenares
de muertos. Siempre se la consideró una medida impopular y de las que más votos
restan.
En la última década, el país ha ejercitado consultas electorales prácticamente
todos los años, y posiblemente en marzo de 2009 vuelva a las urnas para decidir
si el presidente Chávez --quien no ha tocado el precio de la gasolina desde que
llegó al poder en 1999-- puede presentarse a la reelección cuantas veces quiera.
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