(IAR
Noticias)
27-Diciembre-08
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Marcha
contra el Hambre en Buenos Aires, Argentina. |
Por un lado, en los medios académicos, mientras las reacciones de los
gobiernos, empezando por el de Washington, ante la crisis mundial muestran
incluso a los ciegos el papel de clase del aparato estatal y exponen con luz
cruda el carácter de clase de sus políticas destinadas a salvar a los
capitalistas, hay quienes, impertérritos, siguen castigando los cerebros de
sus desdichados alumnos con las elucubraciones de Toni Negri sobre la
desaparición de las clases y los Estados o las de Ernesto Laclau sobre un
"populismo" fuera de las relaciones de clase y de la historia o con las
charlas sobre lo nocivo que es el vicio de la política y lo dañino que puede
resultar el tratar de quitarles el poder a los que lo están utilizando para
acabar con todos nosotros y, además, con el planeta.
Por Guillermo Almeyra - La Jornada, México
P or otro lado, en el terreno de los gobiernos calificados de
"progresistas", se dan pasos muy importantes, como la convocatoria de la
reunión de Unasur con Cuba y los países caribeños pero sin Estados Unidos ni
Canadá (ni Uribe y Alan García, los perritos falderos de Bush), o la
incorporación de Cuba al Grupo de Río, rompiendo una cuarentena diplomática
de 46 años, y la protesta unánime contra el bloqueo estadounidense a Cuba
(que Cristina Fernández romperá simbólicamente con su visita a La Habana del
mes próximo). También hacen declaraciones fuertes e importantes sobre la
necesidad de reformar la ONU o hay quienes defienden la posición ecuatoriana
sobre el no pago de la deuda ilegítima o formulan duras críticas al capital
financiero, que precipitó al mundo en la crisis. Pero, mientras tanto, no
sólo siguen trabajando en orden disperso y cada país cuida su huertito sino
que también se mantiene una actitud fratricida, como la de Montevideo que
sigue vetando la candidatura del ex presidente argentino Néstor Kirchner a
la secretaría general de Unasur.
Es más: las medidas económicas anticrisis son conservadoras, erróneas,
ineficaces y muy semejantes a las que tomaron, llevados por el pánico, los
grandes países imperialistas. Por ejemplo, Argentina subsidia a las empresas
automotrices (que perdieron la mitad de su mercado en el Mercosur) para que
no despidan obreros. Pero las políticas de las filiales en el extranjero de
General Motors, Ford, Fiat, Renault y otras está dictada por lo que pasa en
el país de origen de dichas empresas y los cierres y suspensiones, por lo
tanto, no cesarán ni, por otra parte, un subsidio estatal les podrá
compensar la pérdida de la mitad del mercado ni promover, en tiempos de
crisis, la compra de autos nuevos. Por ejemplo: se da dinero "estatal" (, en
realidad, de los jubilados) a los bancos –que son en su mayoría extranjeros-
para que den créditos hipotecarios y al consumo. Al mismo tiempo se le
quitan impuestos a los trabajadores que ganan más de 2 500 dólares mensuales
pero en cambio no se toca el IVA, ni siquiera sobre las medicinas y
alimentos básicos, y a todos los jubilados se les da, por única vez, 65
dólares para las compras de fin de año. O sea, se da poder de compra a
quienes más tienen y no a quienes lo necesitan realmente y no se toman
medidas contra las suspensiones y despidos, que empiezan a ser masivos (y
que requieren defender el empleo, es decir, los ingresos, es decir, el
mercado interno). En cuanto al plan de inversiones masivas en obras
públicas, aparte de que el 80 por ciento del mismo ya estaba en marcha,
efectivamente podría crear cientos de miles de empleos (unos 330 mil, según
los cálculos más optimistas) pero a costa de reforzar la actual dependencia
del petróleo, del gas y del transporte por autopistas y en camiones
fabricados por las transnacionales.Tanto en la academia como en los
gobiernos hay una manifiesta incapacidad para ver la realidad de frente y
desprenderse de los vendajes ideológicos del capitalismo que los ciegan.
Sin embargo, si las automotrices cierran, es posible ocuparlas y
mantenerlas en producción y el Estado puede financiar el cambio de la
producción de autos individuales para fabricar vehículos y maquinarias
agrícolas de bajo costo y potenciar el transporte público, del mismo modo
que, en vez de subsidiar a las petroleras extranjeras, es posible
desarrollar la energía eólica de la Patagonia o la utilización de las mareas
patagónicas (hay estudios al respecto desde hace casi ochenta años, que
fueron saboteados por las compañías eléctricas privadas). Y si se trata de
hacer un plan anticrisis ¿por qué no hacer una consulta, con las poblaciones
rurales y urbanas y especialistas universitarios, sobre las prioridades y la
factibilidad y costo de los proyectos que ellos presenten, para formular un
Plan Nacional de Desarrollo, en vez de dejar todo a la merced de la
improvisación de los tecnócratas y de los aventureros y corruptos que plagan
el supuesto sistema de control público de los gastos?
Si para hacer frente a la crisis y, aún más, a lo que pudiera venir en
los años próximos, se sigue dependiendo del libre mercado mundial para
determinar qué producirán los campos argentinos y de la apuesta a que China
no producirá soja y seguirá importándola, el país, por rico o por gran
productor de alimentos que sea, estará en manos de un puñado de grandes
exportadores de granos, de un mercado de productores rurales parecido a una
ruleta, no tendrá ni siquiera firme su seguridad alimentaria y en las
ciudades podrían estallar incluso hambrunas y motines: la multitudinaria
marcha obrera en Buenos Aires del 12 de diciembre no por casualidad se hacía
"Contra el hambre". Financiar a los bancos y a las grandes empresas y
supermercados (todos ellos, para colmo, transnacionales), como muestra el
ejemplo estadounidense, equivale a tirar dinero por el inodoro porque unos y
otros seguirán despidiendo si sus trabajadores se lo permiten y si no hay
trabajo garantizado y un futuro previsible, nadie gasta en cosas superfluas.
Lo realista, en cambio, es invertir en un desarrollo alternativo, no guiado
por el lucro capitalista y dar la voz a quienes "los progresistas"
consideran sólo objetos de las políticas ministeriales.
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