l 34,5 por ciento de los que trascienden la frontera sufren
atropellos de sus derechos, según un estudio de la ONG Servicio Jesuita
a Refugiados y Migrantes (SJRM) distribuido a la prensa.
Las mujeres, 21,8 por ciento, y los menores, 13,9, son los que
padecen los mayores abusos, acorde con el sondeo, el cual establece en
casi el 35 por ciento de los emigrantes que son atropellados de alguna
manera.
La mayoría de los haitianos que laboran en la construcción en
Dominicana perciben salarios menores a los establecidos por ley, entre
otras arbitrariedades, denunció el año pasado el SJRM en un informe
similar Los militares haitianos, asimismo, son mencionados como
violadores de los derechos de sus compatriotas que dos veces por semana
pasan la frontera para comerciar del lado dominicano.
La encuesta arroja una luz parcial sobre el espinoso tema de la
presencia haitiana en su vecino del Este, objeto de quejas por sectores
dominicanos, que la estiman excesiva.
Un año atrás, el gobierno dominicano impugnó el informe de una
comisión bimembre de la ONU en el cual se registraban indicios de
racismo hacia los haitianos.
El canciller Carlos Morales desestimó las formulaciones del texto por
infundadas debido a que “la inmensa mayoría de los dominicanos son
negros o mestizos”, lo que resta credibilidad a las conclusiones sobre
racismo, dijo.
La cuestión es compleja pues si bien la composición étnica aducida
por el canciller es exacta, existen prejuicios contra los haitianos que
se establecen sin documentos en Dominicana.
Entre las quejas más comunes es que la mayoría viven de la
mendicidad, en condiciones infrahumanas y constituyen un peso muerto
para la economía e incluso la salud pública dominicanas.
Si un día los haitianos deciden tomar esta provincia por la fuerza,
pueden hacerlo, porque son más que los dominicanos, dijo a Prensa Latina
en una conversación privada un síndico (alcalde) cuyo nombre no se
menciona por carecer de autorización.
Exagerado o no, el presupuesto retrata un estado de ánimo vigente en
vasto sectores dominicanos sustentado en hechos históricos y, también,
en la reticencia a compartir en tiempos de crisis.
Los dominicanos entienden como guerra de liberación la que libraron
contra Haití en 1844, la cual terminó con 22 años de ocupación, un fardo
atávico que sigue presente en la mente popular.
Tal concepto fue aprovechado por Rafael Leónidas Trujillo en los
albores de su dictadura para una matanza de haitianos a la que llamó “el
corte”, debido a que fue ejecutada a machete.
En la actualidad, las repatriaciones de haitianos son frecuentes, en
especial de Santiago de los Caballeros, la segunda ciudad en importancia
del país.
Los desencuentros tuvieron un desenlace trágico dos meses atrás
cuando turbas de dominicanos airados por la muerte de un compatriota en
un asalto atacaron con garrotes y machetes a obreros manuales haitianos
en las localidades de Neyba y Guayubín.
La intervención del Ejército y la Policía puso coto a las agresiones,
pero tres personas murieron y decenas resultaron heridas en los
disturbios, que provocaron un éxodo de indocumentados.
Para los haitianos, las alternativas son mínimas pues se trata de
permanecer en su país, en crisis económica perenne, o probar fortuna en
el lado dominicano, donde encuentran alguna ocupación que les permite
sobrevivir.
Aunque en ocasiones, la cohabitación sea difícil y la alternativas,
cuando menos peligrosas y colmadas de violaciones de sus derechos
elementales.