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El francés Nicolas Sarkozy y Lula Da
Silva, ayer, en la II Cumbre de Brasil y la UE, en Río. |
La estructura de la nave será francesa y la tecnología atómica será
brasileña.
Por Eleonora Gosman -
Clarín
Mientras Nicolás Sarkozy preparaba ayer el terreno, en la capital carioca,
para firmar hoy con Lula da Silva una acuerdo para convertir a Brasil en la
"cabeza de playa" de la industria militar francesa, su esposa Carla Bruni
llevaba detrás suyo la mayor legión de fotógrafos entre los personaje del jet
set político con capacidad de arrastrar tanta prensa. A ella la siguieron paso a
paso. Apenas un puñado disparó las cámaras para registrar el clásico apretón de
manos entre los jefes de Estado.
Pero si ella se lleva la popularidad, él teje las alianzas políticas. Y ayer dio
el primer paso. Como titular de la Unión Europea, Sarkozy no consiguió para el
continente nada que merezca una mención especial. Lo único que dijo es que
Brasil debe ser miembro pleno del Consejo de Seguridad, pero no comprometió al
continente que representa sino, como él mismo señaló, dio su opinión personal o
en todo caso la de su gobierno.
A cambio se lleva un gran proyecto para su país, sobre todo en un momento de
crisis internacional donde los grandes negocios escasean. Acordó con Lula firmar
hoy, esta vez en la cita bilateral, un extenso acuerdo militar: incluye en
primer lugar la construcción de un submarino nuclear. Francia pone la
"carrocería", o sea la estructura del submarino, y Brasil le instala la planta
propulsora: o sea el reactor nuclear compacto que oficia de motor. ¿Cuál es la
importancia de este proyecto? Para Brasil no hay dudas: el país precisa de un
submarino capaz de permanecer meses a grandes profundidades, sobre todo para
vigilar las aguas donde tiene las grandes reservas petroleras, de la llamada
capa pre-sal. No es un detalle que esa "arma" esté equipada con el más
sofisticado sistema de misiles fabricado por Israel.
Lula da Silva hizo su propio esfuerzo para que el negocio prospere: hoy firma la
compra a Francia de cuatro submarinos convencionales, llamados Scorpene. El
acuerdo político-militar no termina allí. Brasil será la sede de montaje de 50
helicópteros, construidos con tecnología francesa y con la pericia de Embraer,
la fábrica de aviones brasileña que conquistó buena parte de la aviación civil
mundial. Las aeronaves tienen destino fijo: la Fuerza Aérea (FAB, según las
siglas).
Todo esto va adornado con varios acuerdos adicionales, tales como proyectos
conjuntos en el área de educación y de cursos de profesionalización. En cambio,
no hubo ninguna clase de avance en la disputa que Brasil mantiene con la Unión
Europea respecto de un proyecto que debe entrar en vigencia en la UE en 2011: se
trata de la liberación de las normas migratorias para los cerebros sudamericanos
y del Tercer Mundo en general. La diplomacia brasileña puso el grito en el
cielo: lo único que falta, dijeron, es que nosotros formemos profesionales
mediante el sistema de educación gratuita y ellos se los lleven para
aprovecharlos en el desarrollo europeo. En declaraciones a la prensa, Sarkozy
complació a Lula al decir que Brasil debe ser parte del Consejo de Seguridad,
algo que requiere una tarea previa: la reforma de la carta de la ONU y exige que
desde Rusia a China, pasando por EE.UU.y Gran Bretaña, admitan ese ingreso (no
hay que olvidar que los cinco tienen poder de veto).