Los mercenarios
contratados por empresas militares y de seguridad privadas actúan
cada vez en más escenarios de América Latina, como explotaciones
mineras, fronteras, cárceles y ahora también en ayuda humanitaria,
dijeron expertos de la ONU reunidos esta semana en esta ciudad
suiza.
Por Gustavo Capdevila - IPS
Por otro lado, unos 3.000 latinoamericanos, en su
mayoría chilenos, peruanos, colombianos y hondureños prestan
servicios en las zonas de conflicto de Iraq.
Además, la colaboración de un comando de mercenarios israelíes,
integrado por ex militares de esa nacionalidad especializados en
tareas de inteligencia, ha permitido al gobierno de Colombia asestar
duros golpes a la guerrilla izquierdista, dijo la colombiana Amada
Benavídes de Pérez, una de los cinco integrantes del Grupo de
Trabajo de la ONU sobre el uso de mercenarios.
Ese organismo, creado en 2005 por la desaparecida Comisión de
Derechos Humanos de la ONU (Organización de las Naciones Unidas),
discutió la posibilidad de elaborar nuevos instrumentos legales de
alcance internacional que regulen las actividades crecientes de
compañías privadas militares y de seguridad.
El caso más crítico de América Latina con respecto al empleo de
mercenarios se registra en Colombia, precisó Benavídes, quien se
describe como educadora, internacionalista y ex decana de la
facultad de derechos humanos de la Escuela Superior de
Administración Pública de su país.
Las informaciones recogidas por un grupo académico colombiano,
integrado por profesores de varias universidades y también por
organizaciones no gubernamentales, han permitido obtener datos de
las bases, es decir, de las víctimas, y de lo que realmente está
pasando en Colombia con relación a los mercenarios, dijo Benavídes.
Los servicios que prestan las empresas privadas militares y de
seguridad se distribuyen en modalidades variadas.
En primer lugar figuran las empresas que trabajan en territorio del
país en el marco del Plan Colombia, las políticas de los últimos
gobiernos colombianos, concertadas y financiadas por Estados Unidos,
principalmente para combatir el narcotráfico y las guerrillas
izquierdistas.
En virtud de ese entendimiento, 25 compañías extranjeras actúan en
ese país, empleando a 800 personas, llamadas "contratistas
privados", que en su mayoría son estadounidenses de origen
latinoamericano, precisó Benavídes.
El número puede ser aun mayor, quizás el doble, porque cada 15 días
se produce la rotación de ese personal y arriba un nuevo contingente
similar de Estados Unidos, dijo la experta de la ONU.
La característica más singular de esta operación es que todos esos
"contratistas privados" gozan de la misma inmunidad diplomática de
los miembros de la misión estadounidense en Colombia, lo cual los
exime de los alcances de las leyes nacionales.
Ya hemos documentado que integrantes de ese grupo de contratistas
han cometido violaciones y delitos que Bogotá no puede siquiera
investigar porque el acuerdo bilateral con Washington se lo impide,
observó.
En consecuencia, en el territorio colombiano hay por lo menos 800
personas sobre las cuales el gobierno no tiene control alguno, y que
están trabajando en el Plan Colombia.
Esas personas, que pasan generalmente desapercibidas entre la
población en razón de su origen latinoamericano, residen en bases
estadounidenses.
Benavídes recordó que en julio pasado, cuando la dirigente política
colombiana Ingrid Betancourt recuperó su libertad tras más de seis
años de cautiverio por las guerrillas de las Fuerzas Armadas
Revolucionarias de Colombia (FARC), también fueron liberados tres
contratistas estadounidenses "expertos en fumigación", dijo.
Fuentes periodísticas afirmaron en ese momento que los tres
estadounidenses, Thomas Howes, Keith Stansele y Marc Gonsalves,
capturados en 2003, trabajaban para la empresa California Microwave
Systems, que prestaba servicios al Departamento de Defensa de
Estados Unidos para recoger información sobre plantaciones de
drogas.
Las mismas fuentes dijeron que las FARC sostenían que Howes,
Stansele y Gonsalves formaban parte de la Agencia Central de
Inteligencia (CIA), el órgano de espionaje exterior de Estados
Unidos.
Otra variante de la presencia de mercenarios en Colombia son las
empresas, en su mayoría estadounidenses y británicas, que dan
servicios de seguridad a firmas extractivas, también extranjeras,
sobre todo petroleras, aunque también mineras.
Esta actividad representa algunos riesgos porque en muchos casos se
realizan en territorios pertenecientes a indígenas u a otras
comunidades nativas. Las compañías privadas de seguridad impiden la
entrada a esas tierras e inclusive el acceso a las aguas, apuntó
Benavídes.
El grupo de trabajo de la ONU sobre mercenarios ha documentado casos
similares en Perú y Ecuador, donde la acción de las empresas
privadas de seguridad ha perjudicado severamente a las comunidades
afincadas en áreas colindantes con las zonas mineras, dijo.
La tercera forma de intervención de mercenarios en Colombia es la
referida participación de expertos en logística de Israel, que
trabajan para el Ministerio de Defensa colombiano.
Muchos de los golpes y de los aciertos que han tenido el gobierno y
las fuerzas militares de Colombia en frenar a la guerrilla en
dependieron de esa ayuda de inteligencia militar de los mercenarios
israelíes, remarcó Benavídes.
La última variedad de los mercenarios en Colombia son las 500
personas de esa nacionalidad que se encuentran en Iraq. No hay datos
oficiales sobre ese número, "pero nuestras propias informaciones y
las recogidas por académicos extranjeros que han venido a investigar
a Colombia", arrojan esa cifra, señaló la experta.
Con relación a los cerca de 3.000 latinoamericanos que se encuentran
en Iraq, originalmente procedían de Chile, Perú, Colombia y
Honduras. Pero en los últimos tiempos se han agregado otros oriundos
de El Salvador y Guatemala, precisó. No hay informes sobre la
presencia en Iraq de argentinos, brasileños o uruguayos, agregó.
Pero puede ocurrir que la empresa chilena que envió mercenarios a
Iraq haya tenido personería jurídica en Uruguay. Por tanto, si surge
un problema legal con uno de esos "contratistas", el caso no se
dirimiría en Chile, explicó Benavídes.
Sin embargo, ocurrirá que tampoco sería en Uruguay, porque el
contrato no se firmó en ese país, sino en el estado de Virginia, en
Estados Unidos. Pero los estadounidenses responderían que tampoco
les cabe responsabilidad porque el acto se cometió en Iraq.
Este ejemplo demuestra el vacío jurídico que existe en el
ordenamiento internacional y que el grupo de trabajo de la ONU se
propone llenar a través del estudio de un nuevo instrumento
universal que cubra las lagunas de las legislaciones nacionales.
El caso de Colombia es ejemplar porque tiene una regulación para las
empresas privadas nacionales de seguridad, pero carece de toda norma
al respecto para las compañías extranjeras de la misma índole, dijo
Benavídes a IPS.
Un aspecto llamativo del problema de los mercenarios es la ubicación
de los integrantes de los grupos paramilitares, que han estado muy
activos en Colombia en los últimos decenios.
Benavídes dijo a IPS que los paramilitares no son mercenarios porque
esa condición sólo abarca a los extranjeros. Sin embargo, la experta
aceptó que entre los contratados que trabajan para las compañías
privadas que prestan seguridad a las petroleras y mineras, una gran
mayoría son de nacionalidad colombiana. .
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Informe
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