(IAR
Noticias)
18-Diciembre-08
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Edwin Legarda en la camioneta donde murió. |
Militares colombianos mataron el
martes 16 a Edwin Legarda, esposo de la líder Ayda Quilcué, consejera
mayor del Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC), departamento
del sudoeste de este país. La camioneta que manejaba tenía 15
disparos de fusil en sus lados y dos que entraron por el parabrisas.
Por Constanza Vieira (*) - IPS
L egarda era conductor habitual del vehículo rojo
de doble cabina y caja, muy conocido en la región y asignado por el
movimiento indígena a la Consejería Mayor del CRIC.
Quilcué regresó el lunes de la ciudad suiza de Ginebra, donde
participó de una delegación no gubernamental que expuso sus
denuncias ante el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones
Unidas, con motivo del Examen Periódico Universal (EPU) que realizó
ese organismo especializado sobre Colombia, país que vive una guerra
interna de casi medio siglo.
En la noche del lunes, Quilcué viajó a Popayán, capital del Cauca,
donde adelantó comentarios positivos sobre los resultados de su
viaje a Suiza. Se la veía feliz.
Para Quilcué, el trabajo no gubernamental de incidencia ante el EPU
fue una oportunidad de hablar en un ámbito internacional sobre la
Minga Nacional de Resistencia Indígena y Popular, un masivo
movimiento de protesta iniciado en octubre y conducido por el CRIC.
Mientras estuvo en Ginebra, Quilcué dijo a IPS que los pueblos
indígenas, los afrocolombianos y la sociedad civil apreciaban la
importancia del examen sostenido. Las recomendaciones formuladas al
Estado "nos servirán como herramientas para hacer el seguimiento en
el interior del país", añadió.
Los consejeros del CRIC planificaban reunirse este martes y el
miércoles en el resguardo (territorio indígena) de Togoima, en
Tierradentro, municipio de Páez, en la región caucana que se vio
afectada por la erupción del volcán Nevado del Huila en noviembre.
En el encuentro, Quilcué presentaría un informe sobre el EPU, y el
Consejo tendría que determinar las siguientes actividades de la
Minga, palabra indígena que significa "trabajo colectivo para el
bien común".
Todos los consejeros del CRIC estaban, desde las primeras horas de
este martes, en camino hacia Togoima. Los hechos ocurrieron en la
vereda (vecindario rural) San Pedro, Tierradentro, entre los
municipios de Gabriel López y Totoró, en el oriente del Cauca.
Legarda cumplía labores logísticas para la reunión del CRIC y además
debía recoger a Quilcué en Popayán. Cuando fue atacado, a la hora
local 04:25 (09:25 GMT) se dirigía desde Tierradentro hacia esa
capital, en compañía de una enfermera del servicio de salud de la
Asociación Indígena del Cauca, que resultó herida.
El comandante de la Tercera División del ejército, general Eliseo
Peña, reconoció la responsabilidad de esa fuerza y pidió una
investigación. La camioneta del CRIC encontró un retén militar y no
obedeció la orden de "pare", explicó, lo que sin embargo no
justifica los disparos y menos su elevado número, dijo.
Pero según el gobernador indígena de Totoró, Hilario Sánchez, "no
hay ninguna indicación de que exista un retén militar" en esa zona.
A la camioneta "le dispararon de todos los lados", dijo.
"Ahí no había retén", dijo a IPS desde la zona José Domingo Caldón,
coordinador de la Universidad Indígena, que funciona de manera
itinerante en el Cauca y pertenece al CRIC.
"Cuando hay retén, ellos (los militares) siempre colocan unos conos
rojos y un aviso que dice 'Retén Militar'. Cuando nosotros pasamos,
a las seis de la mañana (11:00 GMT) no se veía ninguna señal de
retén. Ahí no había retén. No había señales. Creemos que fue una
emboscada", señaló.
Cerca de las cinco de la mañana "nos encontramos a Edwin kilómetros
después de que fue atacado. Él iba todavía manejando", relató Caldón.
"Alcanzó a manejar uno o dos kilómetros más. De ahí ya no pudo más",
agregó. La camioneta "quedó con las luces prendidas" en un punto de
la vía donde lo encontró el consejero del CRIC, Darío Tote, miembro
de su Comisión Política.
De acuerdo a la versión de la Organización Nacional Indígena de
Colombia (ONIC), Legarda condujo herido unos 10 kilómetros. Luego
fue trasladado al hospital de Totoró y de allí remitido al hospital
de Popayán, donde falleció sin ser intervenido quirúrgicamente.
Los militares que le habrían disparado fueron detenidos por la
Guardia Indígena y la comunidad local. "Hemos detenido, completa, a
la base que está operando" en ese territorio ancestral, señaló el
gobernador Sánchez.
Cuando IPS habló por teléfono celular con Caldón, a las 13:00 horas
(18:00 GMT), éste se hallaba en la finca San Miguel, en Gabriel
López, donde permanecen habitualmente tropas del ejército.
Los militares retenidos eran "unas 30 personas. Aquí ya llegó mucha
gente de la Guardia Indígena y de la comunidad, y los tienen
rodeados", contó Caldón a IPS.
A esa hora, había llegado a la zona personal del Cuerpo Técnico de
Investigación (CTI) de la Fiscalía General de la Nación, que
interrogaba a los militares. Estaba presente también un coronel, de
apellido Cantillo, del batallón José Hilario López, según las
fuentes de IPS.
"Frente a la presión de unas 500 personas que estamos aquí, (a los
funcionarios) no les quedó más remedio que agrupar a ese escuadrón
del ejército y aceptar la presión de los comuneros para
desarmarlos", dijo Caldón.
El desarme a instancias de la comunidad fue ejecutado por varios
gobernadores indígenas que, según la Constitución, ejercen la
autoridad estatal en los territorios aborígenes, y por miembros del
CTI. Los funcionarios de la policía judicial iniciaban además la
revisión de los equipos de los soldados.
Los indígenas suponen que se trató de un atentado contra la
consejera Quilcué.
"La gente está enardecida, tiene mucha rabia. Pero la consejera y
las autoridades indígenas han pedido cordura y prudencia. No sabemos
qué pasará en las próximas horas. El CTI dice que se va a llevar a
los soldados al batallón, pero la gente está muy inconforme con esa
decisión", advirtió Caldón.
"La llegada del ejército ha hecho mucho daño" en la zona, porque los
soldados actúan contra los indígenas, según el gobernador Sánchez.
Los aborígenes piden que el ejército se retire de los territorios
ancestrales, una exigencia que hacen también a las guerrillas
izquierdistas y a los paramilitares de ultraderecha, envueltos en
una guerra de décadas.
En el examen sobre su política de derechos humanos en Ginebra, el
gobierno de Colombia sostuvo que los paramilitares ya no existen,
aunque analistas y comunidades indican que han vuelto a rearmarse
tras una desmovilización parcial negociada con el Poder Ejecutivo.
El gobierno de Álvaro Uribe se niega a retirar sus tropas de los
territorios aborígenes. Ese fue uno de los puntos esgrimidos para no
votar a favor de la Declaración de las Naciones Unidas sobre los
Derechos de los Pueblos Indígenas, aprobada en septiembre de 2007.
En su artículo 30, la Declaración establece que "no se desarrollarán
actividades militares en las tierras o territorios de los pueblos
indígenas, a menos que lo justifique una razón de interés público
pertinente o que se haya acordado libremente con los pueblos
indígenas interesados, o que éstos lo hayan solicitado".
En declaraciones formuladas en Ginebra, Quilcué dijo que en el marco
de "una guerra que no es nuestra", "al interior de cada una de las
comunidades nos asesinan y nos estigmatizan, nos señalan... Los que
protestan y reclaman los derechos son terroristas, son
delincuentes", aseveró.
La ONIC pidió la creación urgente de una comisión de defensores de
derechos humanos, con veeduría de las Naciones Unidas, para que
ayude a establecer cómo ocurrieron los hechos que terminaron con la
muerte de Legarda.
El fallecido era el padre de la única hija de Quilcué, de unos 12
años. La madre permanecía en compañía de un medico tradicional
indígena, según el cual la líder está muy afectada.
Este martes 16 de diciembre se conmemoran los 17 años de la masacre
de El Nilo, cometida en el Cauca. Veinte indígenas de la etnia nasa
fueron asesinados por paramilitares contratados por narcotraficantes
y terratenientes, en una acción coordinada por policías.
Por ese crimen, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH)
dispuso que el Estado colombiano reparara a los indígenas, fallo que
aún no ha sido cumplido, lo que desata frecuentes protestas.
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(*) Con aporte de Gustavo Capdevila (Ginebra).
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