Mandatarios de 33 países de América Latina y el Caribe se reúnen este martes
y el miércoles en Brasil, para debatir desde la crisis financiera hasta la
difícil designación del secretario de la Unión Sudamericana, al tiempo que dan
la bienvenida en el Grupo de Río a Cuba, que comienza a salir de su aislamiento.
IAR
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/
AFP
Una cumbre del Mercosur, otra de Unasur, una reunión
América Latina-Caribe y el encuentro del Grupo de Río forman parte de una
apretada agenda que tendrán los mandatarios en menos de 48 horas en el balneario
brasileño de Costa do Sauipe, en el Estado de Bahía (noreste).
Será la última gran cumbre de 2008 para los presidentes de la región, que
debatirán, junto a sus ministros de Economía y Finanzas, el impacto de la crisis
financiera global y las peticiones de mayores controles y regulaciones de
mercados defendidos por las naciones latinoamericanas.
La entrada de Cuba este martes al mecanismo del Grupo de Río, integrado por
22 países que se reúnen periódicamente para tratar temas comunes, será un punto
crucial del encuentro, del que Raúl Castro, quien sucedió a su hermano Fidel
después de casi 50 años en el poder, será protagonista. Raúl Castro arribó el
lunes a Brasil procedente de Caracas.
La decisión de las naciones latinoamericanas de integrar a Cuba en este
sistema de diálogos y consultas, representa para el régimen cubano un paso
simbólico importante para acercarse a la región, favorecido por la
multiplicación de gobiernos de izquierda en el subcontinente. Cuba forma parte
de la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA), un esquema esencialmente
comercial promovido por el presidente venezolano, Hugo Chávez. Pero en virtud de
una "cláusula democrática", La Habana está suspendida de la Organización de
Estados Americanos (OEA), entidad que reúne a la mayor cantidad de países
americanos (34).
Sin embargo, las coincidencias a la hora de evaluar la crisis financiera o la
incorporación de Cuba a los mecanismos políticos existentes, no podrán ocultar
las diferencias que distancian a las naciones latinoamericanas. Quizá la más
sonora de ellas en Costa do Sauipe, será la decisión uruguaya de abandonar la
Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur) si el ex mandatario argentino Néstor
Kirchner es designado secretario general del grupo por votación y no por
consenso.
La decisión del gobierno de Tabaré Vázquez, fuertemente enfrentado a Kirchner
por un desacuerdo sobre la instalación de una planta de celulosa en territorio
uruguayo, sería un duro golpe para la naciente Unasur. El ministro de Relaciones
Exteriores uruguayo, Gonzalo Fernández, explicó que la posición de su país "se
fundamenta en hacer cumplir a rajatabla los estatutos" de Unasur.
El anfitrión, Brasil, intentará por su lado limar asperezas con algunos de
sus vecinos, con quienes tuvo un año difícil. El gobierno de Luiz Inacio Lula da
Silva tuvo que lidiar en las últimas semanas con la decisión ecuatoriana de
impugnar en tribunales internacionales una deuda contraída con Brasil por 243
millones de dólares para la construcción de una hidroeléctrica por parte de la
firma brasileña Odebrecht. La obra debió ser reparada apenas un año después de
su entrega, lo que motivó la expulsión y enjuiciamiento de la firma brasileña en
Ecuador.
Brasil llamó a consultas a uno de sus representantes en un país sudamericano,
su embajador en Quito, Antonino Marques Porto, quien tuvo que explicar al
Congreso de su país lo acontecido, como también tuvo que hacerlo el ministro de
Exteriores brasileño, Celso Amorim.
Lula también se encontrará en Sauipe con el mandatario paraguayo, Fernando
Lugo, en medio de especulaciones sobre la posibilidad de que Paraguay replantee
el esquema de reparto de la energía generada por la represa binacional de Itaipú,
y la distribución de la deuda de la hidroeléctrica.
Por otra parte, en la primera jornada de deliberaciones este martes, el
Consejo Mercado Común del Mercosur no logró acuerdos sobre la ya histórica
discusión sobre la doble tributación en el seno del bloque, que se arrastra
desde la fundación del grupo por Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay en 1991.
La reunión de Costa do Sauipe tuvo además algunas deserciones notorias: el
presidente colombiano, Álvaro Uribe, y su par peruano, Alan García, no serán
parte de la cita.