América Latina tradicionalmente ha sido una región unipolar, en términos de
seguridad, por cuanto desde finales del siglo XIX, una vez que Estados Unidos se
consolidó como la potencia emergente, fue el único polo de influencia y a la lo
largo de todo el siglo XX, la seguridad en la región estuvo supeditada a la
mirada norteamericana, tanto en la guerra fría como en la postguerra fría.
Por Alejo Vargas Velásquez (*) - RIA Novosti
Pero las cosas parecen empezar a cambiar hace unos años. No es con la presencia
de buques rusos -incluido el crucero nuclear ruso 'Pedro el Grande'- para
maniobras junto con la armada venezolana, el tema viene de más atrás.
Efectivamente con la elección a partir de 1998 de gobiernos considerados como de
izquierda, especialmente en Suramérica ya la incondicionalidad del pasado
pareció empezar a modificarse y ya ni en la OEA, ni en las Conferencias
periódicas de Ministros de Defensa hay un seguidismo frente a lo planteado por
USA, sin que signifique una política de confrontación con ellos.
Efectivamente hay interés de Rusia en volver a tener presencia en la región más
allá de la que tuvo la Unión Soviética con Cuba durante la guerra fría y algunas
ventas de armas a Perú; pese a estar todavía Rusia en una posición de debilidad,
sí le interesa convertirse en un proveedor de armas importante para países que
tienen problemas con USA y por ello son objeto de algún tipo de veto
norteamericano -Venezuela, eventualmente Bolivia y Ecuador-, así como fortalecer
las relaciones comerciales con Perú en ese campo y convertirse en uno de los
socios estratégicos de Brasil en el proceso de repotenciación de las Fuerzas
Armadas brasileras; por supuesto fortalecer las relaciones económica con su
viejo aliado, Cuba, sobretodo ahora que hay posibilidades de descubrir petróleo
en el Caribe. En esto hay un poco de ‘revancha' por la presencia norteamericana
en el entorno ruso, especialmente en la crisis de Georgia y en la ampliación de
la OTAN.
A lo anterior hay que sumar el ‘poder blando' chino, que a partir de su
dinamismo económico busca tener una mayor presencia en la región, con
inversiones económicas y como comprador de materias primas para su dinámico
crecimiento económico, siempre evitando generar temores en sus nuevos socios o
en los norteamericanos. Y por supuesto Brasil, que cada vez busca transformarse
en jugador de las ‘grandes ligas' y con la aceptación por los países de UNASUR
del Consejo Suramericano de Defensa, ha dado un gran paso en esa dirección.
Probablemente lo que genera más interrogantes y dudas es la presencia de Irán,
por ahora asociado a Venezuela por sus relaciones como países petroleros, pero
igualmente pareciera querer fortalecer lazos comerciales -como proveedor de
armas- con Bolivia, Ecuador y Paraguay
Esto, podría ser el comienzo de un escenario multipolar en la región, o una
presencia transitoria de nuevos actores globales, antes que Estados Unidos
reafirme su posición hegemónica en la región; pero el escenario que se consolide
todavía es incierto.
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(*) Alejo Vargas Velásquez es profesor Universidad Nacional.