El planteamiento, sostenido por personalidades, organismos no gubernamentales
e instituciones privadas, es evidente ante las diferentes manifestaciones de
este fenómeno comparado con el crack económico de 1929 en Estados Unidos.
El gigante norteamericano es el principal socio comercial de América Latina,
por lo que la desaceleración de su economía provocará la caída de exportaciones,
flujos de capital y traerá otras consecuencias que aún son interrogantes para la
región.
El Fondo Monetario Internacional (FMI) estimó a principios de esta semana que
la crisis estadounidense es una amenaza latente contra América Latina, Africa y
las débiles economías de Asia.
El secretario Ejecutivo de la Comisión Económica para América Latina y el
Caribe (CEPAL), José Luis Machinea, dijo durante el XX Seminario regional de
Política Fiscal realizado en Santiago de Chile que serán México, Costa Rica,
Honduras, Panamá y otros los que sentirán con más fuerza el golpe.
Subrayó que el vínculo económico de Washington con estas naciones es muy
fuerte y, por ende, sus economías sufrirán la recesión.
El 80 por ciento de las exportaciones mexicanas van rumbo a Estados Unidos, y
es tarea complicada pronosticar el impacto de la crisis ante el destino de sus
productos, aseguró Machinea.
Por su parte, el Banco Mundial sostiene la teoría de que los países
latinoamericanos están preparados para enfrentar la actual crisis, debido a que
sus entidades financieras no están expuestas a los títulos de alto riesgo.
Pero la realidad indica que la incertidumbre de los mercados y la drástica
reducción del financiamiento externo afectarán necesariamente los flujos de
capitales.
Estados Unidos necesita los recursos naturales y financieros del resto de los
países, por lo que en las condiciones actuales de la globalización, el contagio
internacional es inevitable, aseguró recientemente Carlos Lage, vicepresidente
del Consejo de Estado de Cuba.
El debilitamiento del sector financiero en la primera economía mundial
repercute en América Latina a causa de la presencia de su banca y la dependencia
económica y financiera de muchos países.
La depreciación del dólar, unido a los Tratados de Libre Comercio con varias
naciones del área, aumentan la incertidumbre de quienes se abastecen del mercado
estadounidense y de los que dependen de él para vender sus productos.
Recientemente, ante la caída de varios indicadores y la falta de recursos en
el sector de los servicios, el rostro de la recesión asomó nuevamente, con el
desplome de las transacciones comerciales y financieras de la bolsa de Nueva
York.
En Wall Street, el mayor mercado de dinero del mundo, las acciones cayeron
más de 368 puntos, dañando sensiblemente las operaciones bursátiles del área
latinoamericana.
Estados Unidos afronta hoy problemas en los sectores financiero, de la
construcción, inmobiliario, de empleo, además de estancamiento de la producción
industrial y la disminución del consumo, y prevé el mayor déficit presupuestario
de su historia para el 2008.
Mientras, la Reserva Federal ha rebajado en los últimos meses las tasas de
interés en 225 puntos básicos, en un intento por reanimar una economía cada vez
más depauperada.
Una vez más, Latinoamérica se enfrenta a los riesgos de depender
económicamente de un mercado único que va camino al descalabro.
Como consecuencia de las malas políticas aplicadas durante años y el
desenfrenado consumismo, el resfriado de Estados Unidos, esta vez con síntomas
de neumonía, vuelve a hacerse sentir sobre las naciones más pobres.