La oposición mantuvo las dos gobernaciones que
había ganado hace cuatro años, obtuvo otras tres de gran vitalidad y
además se hizo de alcaldías emblemáticas, como la mayor de Caracas,
el populoso municipio de Petare, al este de la capital y que ha sido
bastión chavista, y la municipalidad de Maracaibo, segunda ciudad
del país.
Chávez, quien condujo personalmente la campaña en las regiones
críticas, cambió el tono confrontacional tras conocerse los
resultados: "Yo, como jefe de Estado, les felicito, les reconozco su
triunfo y espero que ellos reconozcan al jefe de gobierno, a la
Constitución y al pueblo", declaró.
También los dirigentes opositores electos ofrecieron colaboración al
gobierno nacional y todos los actores del proceso, comenzando por la
presidenta del Consejo Nacional Electoral, Tibisay Lucena, se
regocijaron por la elevada asistencia a las urnas, al llegar a casi
66 por ciento de los habilitados para votar, una tasa de
participación inusual en consultas estaduales y municipales.
En parte se debió a que Chávez convirtió esta vuelta a las urnas,
prácticamente un rito anual en Venezuela, en una suerte de nuevo
plebiscito sobre su liderazgo, con resultados semejantes a los
conseguidos a lo largo de la década: el país permanece políticamente
partido en dos pedazos, con ligera mayoría del chavismo en los
promedios.
"Hay un equilibrio de fuerzas favorable al chavismo pero con una
oposición que se recupera de sus errores de comienzos de década,
consolida bastiones, mayoritariamente los urbanos donde se extiende
la clase media, y gana otros", dijo a IPS el sociólogo Leopoldo
Puchi, dirigente del centroizquierdista Movimiento al Socialismo.
Este lunes aún se demoraba la suma de los totales y la entrega de
resultados por parte del poder electoral.
Resultados
Luis León, director de la firma encuestadora Datanálisis, comentó a
IPS que "los símbolos conquistados por la oposición fueron mejores
de lo que pudo esperarse, porque ganó en la capital y en estados que
representan el corazón económico y político del país".
La oposición retuvo las gobernaciones de Zulia y Nueva Esparta. El
primero, en el recodo noroeste fronterizo con Colombia, es el estado
más poblado y rico del país, con su producción de petróleo y
alimentos, y exhibe una fuerte cultura local.
Su gobernador, Manuel Rosales, a quien Chávez amenazó con enviar a
la cárcel acusándolo de dilapidar dineros públicos, compitió con el
mandatario en la carrera presidencial de 2003 y en la víspera fue
elegido alcalde de Maracaibo, la capital regional, mientras su
pupilo Pablo Pérez era ungido para reemplazarlo en la conducción del
estado.
Nueva Esparta, emplazamiento turístico que reúne a Margarita y otras
islas del Caribe, se mantiene como un sólido bastión opositor.
La oposición también ganó el estado de Carabobo, el mayor asiento de
industrias manufactureras, al oeste de Caracas, y Táchira, en los
Andes del sudoeste fronterizo con Colombia y, como el Zulia, una
zona que cultiva cierto regionalismo.
El quinto estado es Miranda, segundo en cantidad de habitantes de
Venezuela y que comprende la parte este de Caracas y una de
ciudades-dormitorio, turismo y agricultura. Y además se hizo con la
alcaldía mayor de Caracas, que comprende algunos municipios de
Miranda y el Distrito Capital, donde vive 60 por ciento de los
capitalinos.
Un resultado doloroso para el chavismo fue perder Petare, donde vive
casi un tercio de los caraqueños, la mayoría en unas 1.000 barriadas
pobres amontonadas en sus colinas y que muchas veces apoyó al
presidente, pero esta vez entregó la alcaldía al joven opositor
Carlos Ocariz, vencedor de Jesse Chacón, del círculo de
colaboradores inmediatos de Chávez.
Dirigentes políticos como Puchi y analistas como Oscar Schémel, de
la encuestadora Hinterlaces, consideraron que en los casos de
Petare, Miranda y otros funcionó una especie de voto castigo contra
figuras percibidas como ineficaces o alejadas del sentimiento
popular.
Los seguidores del oficialismo se impusieron en algunas provincias
andinas, varias del corredor industrial y agrícola del norte del
país, el oriente petrolero, el sudeste minero y asiento de
industrias básicas, y en las llanuras centrales y sudoccidentales
bañadas por ríos tributarios del Orinoco.
Un logro de los seguidores de Chávez fue vencer a disidentes del
gobernante Partido Socialista Unidos de Venezuela (PSUV), que
disputaron sin éxito media docena de estados, en algunos casos
impulsados por los partidos Comunista y Patria Para Todos, a su vez
expulsados por el mandatario de la alianza oficialista.
Los cinco estados cuyos gobernadores, elegidos en alianzas
respaldadas por Chávez en 2004, se apartaron del campo oficialista
en los últimos 18 meses, fueron recuperados por seguidores del
presidente, con excepción de Carabobo, obtenido por el representante
de una suerte de dinastía política opositora, Henrique Salas Feo.
Mapa plural
Las gobernaciones estaduales conquistadas, así como las alcaldías de
varias ciudades importantes y decenas de pequeñas ofrecen un mapa
político más plural de Venezuela y oportunidades para construir
nuevos liderazgos.
La oposición "vuelve a estar dentro del aparato del Estado", señaló
a IPS el sociólogo Tulio Hernández, en alusión a que los partidos
contrarios a Chávez se retiraron de la contienda para las elecciones
parlamentarias de 2005 y, como resultado, los 167 escaños de la
unicameral Asamblea Nacional legislativa fueron ocupados por
seguidores del presidente.
Desde las posiciones conquistadas, según Hernández, "los opositores
tienen oportunidad de hacer buenas gestiones de gobierno regional y
local, que los afiancen como opción y les permitan consolidar un
liderazgo y un proyecto alternativo".
Los opositores gobernarán en espacios donde vive el 45 por ciento de
los más de 26 millones de venezolanos y se genera un 70 por ciento
del producto interno bruto del país.
León consideró que, con el nuevo panorama, "Chávez deberá encarar
fórmulas de negociación en regiones clave y no podrá cumplir las
amenazas proferidas durante la campaña", como enviar a la cárcel a
los opositores, diseñar planes militares de contingencia o negarles
la transferencia de recursos prevista en la legislación.
¿Y ahora qué?
Primero, Chávez deberá examinar los números de esta elección con un
lápiz muy fino para establecer si le conviene, cuándo y de qué
manera, promover una enmienda a la Constitución que posibilite su
reelección indefinida, una vez que su actual sexenio termine en
enero de 2013.
Una reforma constitucional que propuso en ese sentido e incluyó
otros cambios en el Estado, de tinte socialista, fue negada hace un
año por 51 por ciento de sufragantes.
Sus opositores tampoco saborean una victoria numéricamente
consistente como para aventurarse a proponer un referendo que
recorte el mandato presidencial de Chávez o la convocatoria de una
nueva Asamblea Constituyente, y seguramente deberán esperar hasta
las elecciones parlamentarias de 2010 para lograr nuevos avances.
La derrota en la Gran Caracas, Carabobo y Zulia de figuras del
entorno de Chávez, de proyección mediática o por quienes el
presidente apostó con fuerza, puede conducir a una recomposición de
fuerzas dentro del PSUV.
Una incógnita es si Chávez leerá en los resultados un nuevo mandato
para "profundizar la revolución", como hizo cuando fue reelegido en
2006 con 61 por ciento de votos e incluso después del revés de su
propuesta de reforma constitucional hace un año.
El panorama será más complejo en 2009, porque los ingresos
petroleros previsiblemente serán mucho menores que en 2007 y 2008,
debido a la caída de los precios internacionales de ese recurso y a
la contracción de la economía global.