he Financial Times (17/11/08) expuso la noticia retardada que había
sido ocultada a la opinión pública y al disfuncional Congreso. El contrato fue
realizado con los insolventes bancos anglosajones Goldman Sachs (GS) y Barclays
Capital (BC), íntimamente vinculados con las trasnacionales petroleras de
Estados Unidos (EU) y Gran Bretaña (GB).
A reserva de profundizar sobre la mecánica operativa de tales “derivados
financieros” –que se pasaron por el arco del triunfo al hilarante Pemex, a la
delirante Secretaría de Energía y al inoperante Congreso (con todo y su
entreguista “reforma energética”)–, llama la atención que en forma masoquista
Calderón y Carstens se disparen en su propia ingle al haber contribuido al
desplome del petróleo presionado a la baja en forma artificial por los juegos
especulativos de la banca anglosajona.
Calderón y Carstens juegan a la inversa de los intereses mexicanos para
beneficiar en forma exclusiva a la insolvente banca trasnacional: GS y BC.
Antecedentes: desde el cordobista Zedillo, Hacienda se convirtió en sucursal
de GS (a través de los hermanos Werner Wainfeld). En forma invariable, los dos
ineptos gobiernos panistas de Fox y Calderón, así como sus respectivos
funcionarios de Hacienda, han apostado a un precio exageradamente bajo del
petróleo (23 dólares el barril), en conjunción con el salinista Téllez Kuenzler
(director del grupo bushiano Carlyle) quien pregonaba una cotización de seis
dólares. Calderón, entonces breve secretario foxiano de Energía, impactó en una
reunión de la Organización de Países Exportadores de Petróleo, en la que México
participa como “observador”, al exigir la disminución brutal a 23 dólares por
barril que apenas iniciaba su carrera ascendente.
Ante los descalabros especulativos de la parasitaria Cemex (de la que es
publicista Enrique Krauze Kleinbort) y Comercial Mexicana, tanto los fariseos
Guillermo Ortiz, quien dilapida nuestras reservas de divisas en forma
deliberada, como Carstens (anterior funcionario del FMI), fustigaron el manejo
de los “derivados financieros”: no de Cemex (la consentida del prianismo
neoliberal), sino de Comercial Mexicana, porque en lugar de vender tomates
se había consagrado a especular, cuando el mismo Carstens había apostado dos
meses atrás a la caída del barril del petróleo en colusión con los insolventes
GS y BC.
En la fecha de contratación por Carstens, tanto GS como BC se encontraban en
pleno naufragio debido a sus apuestas demenciales en el casino bursátil de los
“derivados financieros” que los tienen al borde de la bancarrota.
La compra de “derivados financieros” por Hacienda, más al servicio de EU que
de los intereses mexicanos (lo cual ha sido avalado por los entreguistas
gobiernos panistas de Fox y Calderón, quienes fungen como notarios públicos de
la desnacionalización de Pemex), ha sido práctica común desde abril de 2001 y
que han derrochado (o mal apostado) 3 mil millones de los 8 mil millones de
dólares del Fondo de Estabilización de los Ingresos Petroleros: 35 por ciento
del total en el lapso de 2001 y 2007.
Han salido muy onerosas las especulaciones de Carstens, quien lleva
equivocándose siete años consecutivos sobre la cotización del petróleo y cuyo
resultado fue desastroso al arrojar una pérdida de 3 mil millones de dólares (el
costo, entonces, de una refinería).
En tales contratos existe una opacidad deliberada y se desconoce el nombre de
las “contrapartes”.
Hechos: Javier Blas (JB) y Adam Thomson (AT), del Financial Times
(11/11/08), expusieron la parte superficial del modus operandi de los
“derivados financieros” de Hacienda: cubrir una abrupta caída por debajo de 70
dólares el barril en el que se han fincado los ingresos de 40 por ciento del
presupuesto federal del año entrante.
JB y TC citan al indiscreto Tomás Lajous Loaeza (hijo del salinista ex
director de Pemex, Adrián, hoy cabildero de las trasnacionales británicas, como
Reyes Heroles Jr. lo es de las texanas), “estratega” (sic) del banco suizo UBS
en México, quien divulgó que la contratación había sido realizada “a finales de
agosto y a principios de septiembre”, extasiándose de que los mil 500 millones
de dólares de la apuesta de Carstens constituían una bicoca frente a los
riesgos. ¿Y qué tal si se equivocan una vez más en su apuesta especulativa?
Lo grave del caso no es que los gobiernos panistas y sus funcionarios de
Hacienda se hayan “equivocado” invariablemente durante siete años consecutivos
con los “derivados financieros”, sino que ahora sirvan de punta de lanza para
que los dos bancos especuladores anglosajones GS y BC hayan presionado al
desplome del petróleo, que, en última instancia, perjudica a México y beneficia
a EU y GB.
JB y AT exponen que Carstens había estado jugando a los “derivados
financieros” desde el verano con los mercaderes de Nueva York, lo que repercutió
en el “brote significativo” de las apuestas para diciembre de 2009.
Apareció el peine: Calderón y Carstens, al servicio obsceno de los intereses
especulativos de la banca anglosajona, contribuyeron en forma “significativa” al
desplome del oro negro, lo cual, confiesan JB y AT, “pudo haber
agregado alguna presión a la baja al precio del barril en el mercado conforme BC
y GS se deshicieron de algunos de sus riesgos en la venta de futuros”.
En forma hipócrita, el aparentemente inocuo Carstens, quien ha resultado muy
tóxico para las finanzas mexicanas pero exageradamente benéfico para las de EU y
el FMI, después de haber contribuido con la bendición de su jefe nominal
Calderón al desplome del barril, declaró en entrevista al Financial Times
(17/10/08) encontrarse “sorprendido” por la caída del precio del petróleo.
Carstens ha sido “sorprendido” en todo: desde el tsunami financiero
de EU hasta el desplome del petróleo al que contribuyó.
GS (ver Bajo la Lupa, 17/1/07) es el banco de inversiones que se benefició
con el efecto Tequila gracias a los “pagarés” del Fobaproa/IPAB que
firmó el entonces subsecretario de Hacienda, Martín Werner Wainfeld (hoy
funcionario de GS), y que “paga” su hermano Alejandro Mariano, subsecretario de
Carstens, para cerrar el círculo.
El BC, después de su financiamiento directo por Carstens y pese a su rescate
por las petromonarquías árabes, se encuentra en plena insolvencia y se cotiza a
los niveles más bajos desde hace 14 años (The Times, 20/11/.08).
¿Qué pasará si Carstens pierde una
vez más su apuesta, que deja hipotecado operativamente al petróleo mexicano en
manos de la banca anglosajona y las trasnacionales petroleras de EU y GB?.