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Lula con su canciller, Celso Amorín, en Corea
del Sur. Desde lejos, el Gobierno monitorea la crisis. |
Por la crisis global, ya salieron del país más de 13.000 millones de
dólares.
Por
Eleonora Gosman
-
Clarín
Los lenguajes económicos suelen ser para unos pocos. Pero los números,
finalmente, terminan por darles una comprensión generalizada. Y en Brasil sobre
eso ya no hay confusión: el propio Banco Central informó que desde el comienzo
de la crisis financiera internacional se fueron de este país más de 13.000
millones de dólares de capitales extranjeros.
Si se toman en cuenta las dos primeras semanas de noviembre, la fuga supera más
de 1.900 millones de dólares. Esto explica la estampida del dólar en relación al
real: subió 53% respecto de los últimos días de agosto, cuando la moneda
estadounidense alcanzaba su mínimo valor (1,56 real) desde 2002.
El resultado es concluyente: las intervenciones del Banco Central no
consiguieron detener el avance del dólar, que apenas en lo que va del mes se
valorizó 10%. Algunos analistas sostienen que como el dólar se fortalece en todo
el mundo "no vale la pena que el Banco Central quiera derribar la cotización a
cualquier costo. Eso sólo aumentará la especulación contra la moneda brasileña".
Ahora, las previsiones más optimistas sitúan la relación entre el real y el
dólar en 2,20 para final de año, bastante arriba de lo imaginado hace apenas 10
días, cuando se realizó en Brasil la conferencia ministerial del G-20
financiero.
Esto tendrá repercusiones en Argentina. Hasta ahora, el Banco Central, comandado
por su titular Martín Redrado, se ha manejado con mucha cautela para evitar que
un brusco viraje en la política cambiaria desestructure el sector productivo.
Pero esta nueva situación enciende una luz amarilla respecto de un aumento del
déficit comercial argentino en relación a Brasil, que ya es bastante abultado.
En Brasil advierten que la subida del dólar, que el jueves cerró a 2,39 reales, "vino
para quedarse". Es de prever un escenario donde continúe la escalada de salida
de capitales extranjeros especulativos que estaban invertidos en gran medida en
operaciones de mercados a futuro, pero también en acciones bursátiles. Todos
recuerdan que es la primera vez desde 2002, poco antes de la elección de Lula,
que el dólar cierra en alta.
Hay que anotar también los efectos que tiene esta disparada: presiona la
inflación y desestabiliza la cadena productiva del país que, gracias a los años
de dólar bajo, usa muchos insumos importados. Ese es exactamente el principal
temor que tiene el Banco Central de Argentina al señalar que es preciso ceñirse
a una política muy gradual. Por empezar, en Brasil el consumidor empezará a
notar ya a principios de 2009 los resultados inflacionarios de la devaluación
del real. La razones por las que todavía no se hicieron sentir sus efectos es
que los comercios ya tenían un fuerte stock de productos para las ventas de fin
de año. Pero cuando en enero se vacíen los depósitos, no habrá chances de
esquivar la suba de precios.
Si durante el gobierno de Lula hubo una relativa estabilidad de precios fue por
cuenta, precisamente, de la caída del dólar. Ahora, dicen los economistas,
empieza el proceso inverso. Según consignaron los medios periodísticos
brasileños, hay sectores que ya experimentan una batalla por los precios entre
empresas proveedoras y empresas usuarias. Es el caso de la telefonía celular.
Las fábricas pretenden introducir reajustes compatibles con la devaluación del
real, pero las prestadoras del servicio, a las que les interesa vender la
comunicación y no el aparatito, se niegan a aceptar el reajuste de 15% que les
han propuesto los productores. Esto se extiende a todo el campo de los
electrodomésticos. También señalan que no sólo aumentarán aquellos bienes con
insumos importados. También subirán los precios de los exportables, por empezar
de las commodities, justamente por cuenta de la devaluación. Eso ya se vivió en
la Argentina a lo largo de estos años.
Aunque los pronósticos no son alentadores, hay quienes sostienen que Brasil
cuenta con mecanismos para enfrentar la crisis. Según el economista Paulo
Nogueira Batista, quien representa al país en el FMI, "Brasil fue seriamente
impactado. Y hay indicios de una desaceleración rápida del crecimiento como
consecuencia de la contracción del crédito y de los choques externos". Sin
embargo, a su juicio, Brasil tiene todavía margen de maniobra para evitar la
caída: una es bajar la tasa de interés en forma gradual (está entre las más
altas del mundo) y la otra es ampliar el gasto público.