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Latinoamericanos en EEUU: 2 tercios apoyan a
Obama |
El ave Fénix renace de sus cenizas,
gracias a un hombre cuyo carisma encarna la emergente América mestiza, y el
imperialismo se moviliza gracias a la idea del Destino Manifiesto: “idea tan
extraña como visionaria que ha penetrado en los espíritus de la generalidad de
los hombres: el imperio avanza hacia el oeste y todo el mundo aguarda con
impaciente expectación y ansia el momento destinado a que América dicte las
leyes al resto del mundo”.
Por Marcos Roitman Rosenmann
- La Jornada, México
II Parte
"La administración de Bush fracasó al apoyar un estilo de vida consumista y
hoy vemos que gastamos una fortuna y compramos petróleo a países que apoyan al
terrorismo”, ha señalado Frank Pérez respecto a Venezuela, lo cual no es muy
diferente de lo que dijo Obama cuando acusó a Venezuela de apoyar a las FARC y
al presidente Chávez de ser un “demagogo” con “peligrosa retórica
antiestadunidense”.
No se entiende que intelectuales del pensamiento crítico se posesionen al
lado de Obama tildando al político de anti status quo y vean su
triunfo como un logro de las fuerzas progresistas de la humanidad. Sus tanques
de pensamiento y el establishment adoptan una actitud hostil hacia
los países antimperialistas, cuyas políticas antioligárquicas, nacionalistas y
socialistas, como es el caso boliviano, ecuatoriano, cuestionan la estrategia
estadounidense. Con Cuba, su opción es abrir un camino de diálogo para el envío
de remesas a las familias y facilitar las visitas de familiares, lo cual no
eliminaría el bloqueo. Respecto a Brasil, buscará apoyar a los productores de
etanol con un arancel a la importación, medida popular en los estados
productores estadounidenses.
Igualmente, sus asesores le aconsejan el nombramiento de un procónsul para
dar mayor fluidez a la relación con la región en su conjunto. Así, la
estrategia diseñada se presenta como un liderazgo positivo y una inversión del
unilateralismo, aunque los intereses de Estados Unidos sean solucionar su
crisis interna y entre sus prioridades estén los conflictos en Asia y Medio
Oriente.
No obstante, el eslogan de campaña –Un cambio en el que puedes creer–
es el comienzo de una etapa histórica. El ave Fénix renace de sus cenizas,
gracias a un hombre cuyo carisma encarna la emergente América mestiza, y el
imperialismo se moviliza gracias a la idea del Destino Manifiesto: “idea tan
extraña como visionaria que ha penetrado en los espíritus de la generalidad de
los hombres: el imperio avanza hacia el oeste y todo el mundo aguarda con
impaciente expectación y ansia el momento destinado a que América dicte las
leyes al resto del mundo”.
Los enviados especiales se dejan llevar, presa de las emociones, de la
política espectáculo y del marketing de las campañas. Describen el
desborde popular del candidato demócrata y el despertar de las minorías
oprimidas. Fueron constantes sus alusiones al carácter afroestadounidense de
Obama. Hicieron hincapié de forma cansina en su condición étnica. Incluidos
McCain y Bush resaltan el triunfo bajo la perspectiva étnico-racial de una
nueva América. Una catarsis. La liberación de negros, las minorías asiáticas y
latinas, el fin de un camino. Un discurso sentimental, pero sin recorrido.
No sin razón, Obama, conocido el triunfo, refleja el ansia de libertad en
el voto de Ann Nixon Cooper, una mujer de 106 años que simboliza el largo
recorrido del ciudadano estadounidense en la lucha por sus derechos. Su voto
comprime el del Destino Manifiesto. La memoria de la esclavitud, unida a los
inmigrantes, los discapacitados, los excluidos, los pobres. De ellos es la
victoria, dirá emocionado. Pero esta interpretación, síntesis manipulada de la
historia estadounidense, olvida a otros afroestaduonidenses como Condoleezza
Rice y sus guerras fraudulentas, a militares infringiendo torturas, jueces
prevaricando, senadores favoreciendo desfalcos financieros, inmobiliarios.
Poner el acento en el color de piel del nuevo presidente es ocultar el
verdadero debate. ¿La condición étnica determina una política exterior?
En las primarias, a Hillary Clinton no le pasaron inadvertidas las
alusiones de Obama a Ronald Reagan. Lo reivindicó como hombre de pro. Y se vio
obligado a salir del atolladero en un debate público. Dijo aludir a los
sentimientos patrióticos manifestados por Reagan: su orgullo de pertenecer a
Estados Unidos. Su equipo asumió la percepción visionaria de Ronald Reagan en
los años de guerra fría. El triunfo fue aplastante: 489 delegados
contra 49 de Carter en 1980 y 525 frente a los 13 de Mondale en 1984. Con un
discurso confeccionado ex profeso aludió a la pérdida de liderazgo y
buscó cerrar las heridas de la guerra de Vietnam, proyectando una nueva
hegemonía internacional. Acusó a los demócratas de ceder territorio a los
soviéticos y comunistas. Cuestionó los tratados Torrijos-Carter, culpabilizó a
la administración de Carter del triunfo de la revolución sandinista y de la
crisis de Irán. Finalmente, Reagan y su plataforma republicana se
comprometieron a salvar los Estados Unidos de la debacle.
El llamado fue explícito: intervenir para revertir la realidad. Recuperar
el orgullo de sentirse estadounidense. “La defensa de la soberanía de una
nación y la preservación de la identidad cultural de un pueblo son
fundamentales para su supervivencia. Estos dos elementos están siendo
suprimidos por el comunismo internacional. Sólo una política estadounidense
dirigida a preservar la paz, a promover la producción y a lograr la
estabilidad política puede salvar al Nuevo Mundo y preservar la posición
global de poder de Estados Unidos, la cual descansa sobre una América Latina
segura y soberana. El continente americano se encuentra bajo ataque. ¿Duda
Washington?
Para América Latina fue una etapa negra. La invasión de Granada en 1983, la
desestabilización en Jamaica, Nicaragua y las guerras de baja intensidad.
Hillary Clinton increpó a Obama diciendo que ella nunca pondría de
ejemplo a Reagan, pero Obama sostuvo el argumento: era un patriota que sacó al
país de la crisis. Obama se refleja en Reagan.
Si hacemos caso a Robert Pastor, ex director de Asuntos Latinoamericanos y
del Caribe, en el Consejo de Seguridad Nacional de Carter puso en el tapete
que “Estados Unidos es la nación más poderosa del hemisferio, responde a
impulsos nacionalistas, pero es reacia, como cualquier otra, a renunciar a sus
facultades soberanas. Lo que hace falta es un liderazgo que explique que no se
está cediendo poder, y que más bien se está elevando la capacidad para
resolver problemas.
Resulta esencial un nuevo enfoque de la antigua cuestión de la soberanía
para calmar el remolino y afirmar la democracia. “Obama y sus asesores saben
que el debate del unilateralismo y el paso al multilateralismo es más bien
cuestión de maquillaje”. Lo cierto es que rehacen la Alianza para el Progreso.
Bajo el lema: “Lo que es bueno para Estados Unidos es bueno para América
Latina”, reditan la política del garrote, la zanahora y del buen vecino. “Dios
bendiga América”.