ntre el gobierno federal de Lula da Silva y el del estado de San Pablo,
comandando por José Serra, armaron un plan de rescate de la industria automotriz
: hay 4.000 millones de dólares, financiados mitad y mitad, para sostener las
ventas de autos. La decisión la tomaron después de registrar en octubre una de
las peores caídas en muchos años: la demanda declinó 11%.
Para la Argentina, cuya industria de autos y autopartes está íntimamente
vinculada a la de Brasil, este plan puede ser una soga que la saque del pantano.
Ocurre que 27 por ciento de las exportaciones de automóviles argentinos tienen
como destino casi exclusivo Brasil y en segundo lugar, pero lejos, a México.
No sólo están en juego vehículos terminados. También una demanda brasileña
achicada habrá de provocar una caída considerable en los despachos de las
autopartistas. Esto tiene repercusiones en muchos otros sectores, por su efecto
multiplicador. Por empezar, la siderurgia y los textiles.
Las montadoras de Brasil dijeron que los 4.000 millones de dólares serán
"suficientes para pasar los próximos meses". El anuncio de esta financiación
compartida entre Lula y Serra se realizó en San Pablo con la presencia del
ministro de Hacienda, Guido Mantega y el titular de Anfavea (la Adefa
brasileña), Jackson Schneider.
El dirigente empresarial sostuvo que "hubo una retracción sensible en las líneas
de crédito. Como consecuencia, el consumidor iba a las concesionarias y no le
financiaban la compra o no lo hacían en condiciones adecuadas para adquirir el
producto".
El retroceso de las ventas de octubre ya generó un proceso de vacaciones
anticipadas colectivas de millares de operarios de las montadoras. De enero a
septiembre, por ejemplo, las fábricas llegaron a producir 2.450.000 unidades que
-según dicen aquí- es un récord histórico.. Pero ese empuje se terminó.
De acuerdo con lo que aseguró Serra, "queremos sumar esfuerzos a los que ya
realiza el gobierno federal para que fluya el crédito necesario y con esto se
mantenga el nivel de actividad y del empleo en las fábricas automotrices".
En San Pablo, los sectores que más se destacan son precisamente la producción de
automóviles, de textiles y de calzado. Pero sin duda la primera es la más
importante y tiene su base en lo que se llama el ABCD (el cinturón del Gran San
Pablo) donde habitan al menos 10 millones de personas. Un freno a la actividad
automotriz sería para el estado paulista sencillamente una catástrofe. Los
recursos serán distribuidos entre las financieras de las propias empresas
automotrices fabricantes.
El ministro Mantega sostuvo por su lado que es preciso hacer todo para "mantener
la continuidad en el crecimiento de la economía brasileña. Y para eso, también
los gobiernos provinciales deberá tomar iniciativas como ésta".
Por el momento, las empresas mantienen sus perspectivas de inversión entre los
años 2008 y 2011 en Brasil que asciende a 23.000 millones de dólares en todo ese
cuatrienio.
Los analistas sostienen que este crédito de emergencia surtirá efecto hasta al
menos enero próximo. Pero eso va a depender del comportamiento que adopte el
consumidor: por ejemplo, de su temor a perder el empleo o bien de los intereses
altos..........................a presión demócrata llega en medio de crecientes temores de que General Motors Corp. pueda enfrentar una crisis financiera antes de que Obama asuma la
presidencia el 20 de enero. El gobierno de Bush se ha negado a extender el
rescate de Wall Street a las automotrices, alegando que no cuenta con la
autorización del Congreso para hacerlo.
En respuesta, Nancy Pelosi, la presidenta de la Cámara de Representantes,
dijo el martes que promoverá un proyecto de ley que les daría a las automotrices
acceso limitado a los fondos del Programa del Departamento del Tesoro para
Compra de Activos Tóxicos (TARP, por sus siglas en inglés).
Al mismo tiempo, Obama, quien en principio se abstuvo de implicarse
públicamente en el asunto, está presionando para que el gobierno libere
inmediatamente fondos a través del Tesoro, el Departamento de Energía y la
Reserva Federal. Además, está estudiando opciones adicionales, desde concesiones
en las reglas laborales hasta el nombramiento de nuevos miembros en las juntas
de las automotrices que reciban ayuda.
Para Obama, la crisis en la industria automotriz de Estados Unidos se está
convirtiendo en la prueba de fuego de su liderazgo. Los sindicatos, incluyendo
el que agrupa a los trabajadores de las automotrices, invirtieron bastante en la
campaña de Obama.
La Casa Blanca no cerró totalmente las puertas a la posibilidad de usar los
fondos de rescate. "Si el Congreso se dispone a cambiar la ley, veremos cómo
planea hacerlo", dijo el vocero de la Casa Blanca, Tony Fratto.
Los colaboradores de Obama y Pelosi aclararon que ambos impondrán condiciones
significativas a cualquier ayuda federal. Las automotrices que reciban
asistencia tendrán que ofrecerle al gobierno una participación en su
reestructuración, con valores o garantías, y deberán aceptar las mismas reglas
sobre compensación ejecutiva que los bancos.
Las automotrices que reciban ayuda también tendrían que aceptar reglas
rígidas para la fabricación de autos "más ecológicos y menos contaminantes",
dijo un asesor de Obama.
Los asesores de Obama dicen que están presionando por tres ángulos: un acceso
más rápido a los US$25.000 millones en préstamos que el Departamento de Energía
ha ofrecido para convertir la flota de Detroit en vehículos de uso de
combustible más eficiente; acceso al fondo de rescate de US$700.000 millones
para Wall Street; y préstamos de emergencia de la Reserva Federal.
El presidente no quiere que su primera tarea sea barrer las cenizas de la
industria automotriz, que ha sido la columna vertebral del sector industrial del
país por más de un siglo, según sus asesores.
Los líderes demócratas del Congreso estadounidense dijeron el miércoles que la
próxima semana abogarán por una ley que autorice al gobierno a utilizar el plan
de rescate de US$700.000 millones de Wall Street para salvar a las alicaídas
automotrices de Detroit. Por su parte, el presidente electo, Barack Obama,
ordenó a su equipo de transición que encuentre formas de rescatar a la industria
incluso antes de asumir el poder.
La presión demócrata llega en medio de crecientes temores de que General
Motors Corp. pueda enfrentar una crisis financiera antes de que Obama asuma la
presidencia el 20 de enero. El gobierno de Bush se ha negado a extender el
rescate de Wall Street a las automotrices, alegando que no cuenta con la
autorización del Congreso para hacerlo.
En respuesta, Nancy Pelosi, la presidenta de la Cámara de Representantes,
dijo el miércoles que promoverá un proyecto de ley que les daría a las automotrices
acceso limitado a los fondos del Programa del Departamento del Tesoro para
Compra de Activos Tóxicos (TARP, por sus siglas en inglés).
Al mismo tiempo, Obama, quien en principio se abstuvo de implicarse
públicamente en el asunto, está presionando para que el gobierno libere
inmediatamente fondos a través del Tesoro, el Departamento de Energía y la
Reserva Federal. Además, está estudiando opciones adicionales, desde concesiones
en las reglas laborales hasta el nombramiento de nuevos miembros en las juntas
de las automotrices que reciban ayuda.
Para Obama, la crisis en la industria automotriz de Estados Unidos se está
convirtiendo en la prueba de fuego de su liderazgo. Los sindicatos, incluyendo
el que agrupa a los trabajadores de las automotrices, invirtieron bastante en la
campaña de Obama.
La Casa Blanca no cerró totalmente las puertas a la posibilidad de usar los
fondos de rescate. "Si el Congreso se dispone a cambiar la ley, veremos cómo
planea hacerlo", dijo el vocero de la Casa Blanca, Tony Fratto.
Los colaboradores de Obama y Pelosi aclararon que ambos impondrán condiciones
significativas a cualquier ayuda federal. Las automotrices que reciban
asistencia tendrán que ofrecerle al gobierno una participación en su
reestructuración, con valores o garantías, y deberán aceptar las mismas reglas
sobre compensación ejecutiva que los bancos.
Las automotrices que reciban ayuda también tendrían que aceptar reglas
rígidas para la fabricación de autos "más ecológicos y menos contaminantes",
dijo un asesor de Obama.
Los asesores de Obama dicen que están presionando por tres ángulos: un acceso
más rápido a los US$25.000 millones en préstamos que el Departamento de Energía
ha ofrecido para convertir la flota de Detroit en vehículos de uso de
combustible más eficiente; acceso al fondo de rescate de US$700.000 millones
para Wall Street; y préstamos de emergencia de la Reserva Federal.
El presidente no quiere que su primera tarea sea barrer las cenizas de la
industria automotriz, que ha sido la columna vertebral del sector industrial del
país por más de un siglo, según sus asesores.