(IAR
Noticias)
11-Noviembre-08
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Anfitrión: El ministro de Hacienda de Brasil,
Guido Mantega (der), cerró el domingo la cumbre del G-20 en San Pablo.
(Foto EFE) |
Los 20 países que integran el grupo coincidieron en que sólo un mayor
gasto fiscal puede frenar la recesión. Esa será la consigna que llevarán a la
cumbre del 15 de noviembre en Washington. Las potencias admitieron su culpa en
esta crisis.
Por Eleonora Gosman -
Clarín
L a cumbre del G-20 financiero, donde participaron los ministros de Economía y
los presidentes de los bancos centrales de las principales potencias y de una
docena de países emergentes, entre ellos Argentina, terminó ayer en un singular
"mea culpa" de las grandes economías mundiales.
Las potencias admitieron su culpabilidad en la profunda crisis que conmueve al
mundo, según dijeron, la peor en décadas.
Y reconocieron, por primera vez, que uno de los "aspectos más nefastos" es el
congelamiento de los créditos con impactos enormes en las víctimas del proceso:
los países emergentes.
En un notable comunicado, por las firmas que lo suscriben (están las de Estados
Unidos y Europa), se da un giro de 180 grados a las teorías neoliberales que
tomaron fuerza en los años 80.
Se puede decir que el Grupo de los 20 -y con eso, los líderes mundiales-
decidieron ayer, en el marco de esta cumbre en San Pablo, abandonar oficialmente
las recetas que fueron el alma del Consenso de Washington de 1989, aquella
sumatoria de ideas que prologó el gran desastre actual.
Ahora la consigna es: "Dar todos los pasos necesarios para estimular el
crecimiento" a través de "políticas fiscales y monetarias" que expandan las
economías, especialmente, con un mayor gasto público direccionado a la inversión
en obras de infraestructura.
En la misma línea, el G-20 saludó con beneplácito el anuncio de China que
destinará 588 mil millones de dólares en proyectos de obra pública de ese tipo.
Exactamente el reverso de endiosar, como se hizo en el pasado, al superávit
fiscal y la contención de gastos por los gobiernos.
No sólo esto, también se instó a poner fin a los clubes selectos como el G-7 que
sólo incluía a Estados Unidos, Francia, Alemania, Italia, Gran Bretaña, Canadá y
Japón. En su lugar quedó consagrado el G-20, que tiene en su interior no sólo
estos países centrales sino también a Rusia, China, Brasil, Argentina,
Australia, México, Sudáfrica, Arabia Saudita, India, Turquía y Corea del Sur. El
vigésimo voto es el de la Unión Europea como entidad supranacional. Al grupo se
lo reconoce como "el mayor representante de las economías más importantes".
Sin embargo, quedan muchos aspectos admitidos pero sin solución inmediata. La
deberán encontrar los jefes de Estado del G-20 que se reunirán el próximo sábado
en Washington. La convocó el norteamericano George W.Bush con la intención de
salir de su gobierno con algún elemento positivo para su imagen en la
posteridad, algo de lo que hasta ahora Bush no parecía tener registro.
Cuenta la publicación The Weekend Australian, en su edición del 25 de octubre,
que a principios del mes pasado Bush habló con Kevin Rudd, el premier
australiano. Rudd abogó ante su colega norteamericano para que éste convocara a
una cumbre presidencial del G-20 para responder a la crisis financiera
internacional.
Bush se mostraba resistente hasta que en un momento le preguntó a Rudd: "Pero
¿qué es el G-20?". Chequeada la información con la dirección de prensa de Rudd,
éste se limitó a contestar que no iba a decir nada al respecto, lo que equivalía
a admitir la ignorancia del presidente saliente de EE.UU.
En una conferencia de prensa para informar sobre los resultados de la cumbre,
los ministros de Finanzas de Brasil y Sudáfrica, más el titular del Banco
Central de Gran Bretaña, coincidieron en que el G-20 surge hoy como la única
alternativa capaz de dar alguna salida a una crisis "que es global".
Los tres señalaron la necesidad de consolidar institucionalmente ese grupo con
al menos una reunión anual de jefes de Estado y varias de ministros de finanzas
y presidentes de Bancos Centrales.
El ministro de Hacienda de Brasil, Guido Mantega, dijo: "No discutimos los
detalles pero tenemos toda esta semana para que nuestros técnicos trabajen en
función de presentar una propuesta más acabada a los presidentes".
Su par sudafricano, Trevor Manuel, se despachó fuerte: "El G-7 ya no es más un
clubcito exclusivo. Hoy el G-20 está en mejores condiciones de dar orientaciones
económicas globales".
Y el presidente del Banco Central británico agregó: "Estamos en un momento
extraordinario que requiere un nuevo abordaje. Hay integración mundial de
capitales, es una crisis global y requiere una respuesta mundial". Claro que
todo a su tiempo: primero hay que tomar medidas para estabilizar los mercados,
sostuvo. Y agregó: "El G-20 nunca fue tan relevante. Pero se impone ahora un
nuevo sistema de gobernabilidad mundial".
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