Brasil, Argentina y otras naciones emergentes reclamaron en San Pablo
la reforma del FMI y el Banco Mundial como parte de una nueva estructura global
con más regulación. Pero las naciones desarrolladas lo descartaron de plano.
Por
Eleonora Gossman - Clarín
El
sábado, primer día de la Cumbre ministerial del G-20 financiero mostró aquí una
notable polarización. De un lado, los países centrales junto con el FMI y el
Banco Mundial. Del otro, los emergentes: Rusia, China, Brasil, India y
Argentina, entre otros.
La línea de corte se estableció en los discursos inaugurales de la conferencia.
El presidente Lula da Silva, titular protémpore del organismo, reclamó "una
nueva arquitectura financiera mundial", con una reforma de los organismos
multilaterales, como el Fondo Monetario Internacional y el BM, y una nueva
estructura de poder económico global: el propio Grupo de los 20 países.
Desde la vereda opuesta el ministro de Finanzas de Canadá, Jim Flaherty, miembro
del exclusivo club del G7 (las grandes potencias capitalistas), mostró que en el
norte de América, y con algunas ligeras diferencias respecto de Europa, no hay
espacio en este momento para pensar en cambios. "Ahora hay que apagar el fuego,
no es momento para planear nuevos esquemas (financieros mundiales) ni tampoco
nuevas organizaciones". Sentenció entonces: "Lo mejor es establecer una
aproximación pragmática" entre los países.
Fue exactamente lo que dijo el titular del FMI Strauss-Kahn, en una entrevista
que no por casualidad se publicó ayer. La cita de San Pablo se
armó para llevar iniciativas concretas a la cumbre de presidentes del G-20 del
sábado próximo en Washington, que convocó el norteamericano George W.Bush.
Según el director gerente del FM, "es muy poco probable que esa reunión
presidencial produzca un cambio real en la forma como está gobernada la economía
mundial. No hay que esperar cambios radicales".
El viernes, luego de una reunión con sus socios del BRIC (Brasil, India, China y
Rusia), el ministro Guido Mántega había expresado la postura de los países en
desarrollo: "Deberemos ir a un Bretton Woods 2", subrayó entonces en relación a
la conferencia internacional que dio nacimiento al Fondo y al Banco Mundial
antes todavía del fin de la Segunda Guerra Mundial. Pero Strauss-Kahn rebatió
esa posibilidad. "Las cosas no cambian de la noche a la mañana. Bretton Woods
llevó una preparación de dos años ", remarcó.
Martín Redrado, titular del Banco Central argentino, sugirió que hay plazos que
urgen y que no habría tiempo de aguardar una reforma del Fondo Monetario
Internacional como la que busca un Bretton Woods 2. Desde ese punto de vista de
Argentina, lo que se precisa ya, dijo Redrado, "es conseguir líneas de
financiación internacionales sin condiciones y por un plazo no mayor de 3 meses.
Son préstamos que irían garantizados contra títulos de los países o, en su
defecto, que el Fondo salga de garante en la emisión de títulos de los países en
desarrollo". Eso salvará la emergencia.
La "línea Maginot" trazada en principio por los países ricos puede ser arrollada
por las turbulencias mundiales fuera de control y por la inminente recesión en
las grandes economías.
El presidente Lula fue claro: "La economía mundial atraviesa su momento más
grave en décadas. Las medidas que se tomaron hasta ahora lograron impedir lo
peor, pero persisten los riesgos e incertidumbres sobre el impacto en los países
en desarrollo, en el comercio y en las finanzas globales".
Con dureza describió: "Es evidente que hay un gran desorden en las finanzas
internacionales que amenaza el funcionamiento de la economía mundial" y se
precisa, para paliarla, "una nueva gobernabilidad más participativa". Alertó:
"Los acontecimientos de 1929 deben servir de lección: las medidas unilaterales
solo prolongan el problema y aumentan la desconfianza".
El presidente Lula esbozó cómo deberían ser las reformas que propicia Brasil
para el sistema financiero mundial.
"Deben ser orientadas por los siguientes principios: representatividad y
legitimidad de las instituciones multilaterales". A esto se opone la Unión
Europea que pretende dar más recursos al FMI con el único objetivo de "ayudar a
los supercomprometidos sistemas bancarios de los ex países del Este que se
integraron a la Unión Europea", según sostuvo una fuente argentina.
Para el presidente brasileño, se impone "una acción colectiva porque los riesgos
compartidos exigen respuestas colectivas. Requiere buena gobernabilidad en los
mercados domésticos; un perfeccionamiento de los mecanismos de regulación y
supervisión".
Lula reclamó además una mayor responsabilidad: "Los países desarrollados no
deben descargar la crisis sobre los países en desarrollo" Y concluyó con un
llamado: "el Grupo de los 7 (las grandes potencias mundiales industriales) no
puede dirigir por sí solo la salida de la crisis. También precisan de los
emergentes".