Lo establece un decreto del presidente Lula ante la crisis
internacional. Permite al Estado comprar entidades privadas, nacionales o
extranjeras. La medida fue sorpresiva. El gobierno dijo que el sistema bancario
es sólido. Pero la Bolsa cayó.
Por Eleonora Gosman
- Clarín
El presidente Lula da Silva, por primera vez en la historia de Brasil, firmó
el miércoles un decreto que permite estatizar bancos privados en dificultades, ya sean
nacionales o extranjeros. La medida, publicada en el Diario Oficial, fue tan
sorpresiva que, en vez de alentar una suba, produjo el efecto contrario en la
Bolsa de San Pablo: cayó más de 10%.
Nadie había anticipado, ni siquiera filtrado algún dato, de esta decisión que se
adoptó la semana pasada. El Palacio del Planalto calculó que demoraría al menos
un día hasta que se descubriera la resolución y lo que ésta implica. Pero en
estos tiempos de crisis, los medios brasileños leen hasta la letra chica de los
decretos publicados diariamente. Y esta resolución trascendió tan rápido que
media hora antes de iniciarse las negociaciones bursátiles ya se había propalado
por toda la Web, los programas de radio y de TV.
El ministro de Hacienda, Guido Mantega, había pensado dar la noticia en una
conferencia de prensa más o menos tranquila. Pero tuvo que salir a toda prisa a
explicar que la estatización no significaba que hay riesgo inminente de
derrumbes en el sistema bancario: "Que quede claro: no hay una quiebra de bancos
en Brasil." Sus palabras buscaban calmar, pero surtieron muy poco efecto.
La resolución de Lula es absolutamente innovadora en Brasil, donde la práctica
fue privatizar entidades financieras y no la contraria. Establece la creación de
subsidiarias de inversión de dos grandes bancos estatales: la Caja Económica
Federal y el Banco de Brasil. Esos brazos inversores tendrán varias facultades:
serán los que compren bancos (en su totalidad); los que compren acciones como
socios minoritarios; o los que adquieran acciones con el control de la
institución. Lula respaldó su decisión en la medida equivalente tomada por
Gordon Brown en Gran Bretaña para evitar que se le deshiciera la banca
institucional. También podrán hacerse de empresas aseguradoras y de fondos de
capitalización.
Para algunos analistas, la medida produjo miedo de que algo malo pasa en el
sector financiero sin que se sepa. "El mercado interpretó esta decisión como una
posible dificultad de instituciones bancarias que precisan urgentemente
recursos", indicó un analista de la agencia bursátil SLW. Es que aun cuando
Mantega haya desmentido problemas en el sector bancario, una mayoría interpretó
que "el decreto de estatización sólo se justifica si hay alguna necesidad". En
ese contexto, el dólar volvió a subir: el miércoles llegaba a 2,38 reales.
Sin embargo, muchos analistas de bancos dijeron exactamente lo contrario. Según
el economista jefe del Banco Fator, José Francisco de Lima Gonçalves, esta
medida "es muy oportuna. El mundo está en una situación muy difícil y todos los
bancos centrales tuvieron que equiparse de instrumentos para enfrentar la
crisis. Esta resolución de Brasil no se diferencia de las que se adoptaron en
países desarrollados".
El experto admitió que resoluciones de este tipo suelen asustar. "Pero es mejor
tener el instrumento legal que permita intervenir al Estado en forma exitosa
ante cualquier riesgo. No debemos correr atrás de los acontecimientos como
ocurrió en Estados Unidos." Los banqueros saben que ya no hay alternativas: "Un
grado de estatización para evitar una quiebra generalizada debe ser bienvenido",
sostuvo Goncalves. No fue el único: Roberto Quiroga, legista de la Fundación
Getulio Vargas, sostuvo que al bajar el decreto el gobierno "legaliza una
intervención más ágil ante cualquier problema".
Otros expertos sostienen que el decreto es "un paso para recuperar la confianza
en el mercado". Sin embargo, la respuesta del miércoles en la Bolsa indicó que el pánico supera cualquier razonamiento lógico. Es que en verdad, los rumores sobre
insolvencias de instituciones ya venían desde hace un tiempo.