Hasta hoy la política exterior norteamericana, tenga el sello político que
tenga, posee características y fines comunes. Es evidente que está
imposibilitada de desligarse de las presiones y el chantaje para que Washington
preserve su titulado mayorazgo hemisférico.
Por
Néstor Núñez -
RIA
Novosti
En ese sentido vale recordar que, por ejemplo, el bloqueo y la agresividad
contra Cuba han sido similares bajo gobiernos republicanos y demócratas, y en un
plano más global, la costosa agresión contra Vietnam también hizo gala de la
tutela compartida entre los dos partidos políticos claves de la Unión.
De manera que no es de extrañarse que el rotativo The Washington Post publicara
en fecha reciente un análisis de las futuras relaciones entre USA y sus más
cercanos vecinos geográficos, en el cual exhorta a los líderes nacionales a
demandar de los gobiernos latinoamericanos una clara definición: o junto a los
Estados Unidos, o del lado de los "líderes populistas" regionales al estilo Hugo
Chávez, Evo Morales o Rafael Correa.
Para algunos es la simple repetición del burdo mensaje de George W. Bush al
resto del planeta a raíz de los atentados contra las Torres Gemelas: o con
Washington o con el terrorismo...y aténgase cada quien a las consecuencias.
Tranquilamente el W. Post repite la fórmula y aduce para calzarla que los
Estados Unidos deben utilizar sus lazos y vínculos de todo tipo en América
Latina para forzar posiciones afines con sus intereses en la zona y bloquear lo
que considera "influencias nocivas".
Para el rotativo las medidas de nacionalización en Venezuela o Bolivia, la lucha
por la nueva constitución en este último país, o la aprobación de la Carta Magna
revolucionaria en Ecuador, son pasos contra la democracia que deben ser
coartados por la Casa Blanca.
Es evidente, dice el cotidiano en su unilateral y torcida interpretación, que
"una parte significativa de América Latina ha abandonado el consenso de
democracia y capitalismo de libre mercado que ha regido durante la última
generación."
Por tanto, precisa, "los líderes latinoamericanos deben decidir tarde o temprano
si quieren un socialismo trasnochado u optar por la democracia del siglo XXI".
Para ello recomienda sin tapujos que Washington "ejerza el poderío" que le
brinda ser todavía, para estos díscolos, un importante socio comercial.
De manera que el lobo empieza a sacar nuevamente los dientes que, por cierto,
parecen venirle bien a cualquier hocico político Made in USA.