Si algo caracteriza últimamente al precio del petróleo es que es
volátil. Pero no siempre fue así.
Por Silvia Naishtat - Clarín
Durante décadas se mantuvo estable y el
crudo fue parte esencial del paisaje económico, gracias a que su oferta
superaba a la demanda. Las cosas comenzaron a cambiar con la cartelización de
los países productores. "La OPEP responde a una estrategia de supervivencia en
un negocio que, para evitar heridas, estableció cuotas y control absoluto de
mercado", describió el experto Víctor Bronstein.
Hasta 1973, el barril valía US$ 2,80 de la época. Aquel año, la guerra de Yom
Kipur terminó con las cotizaciones quietas y saltó a US$ 10. En el '79, con la
caída del Sha en Irán, se elevó a US$ 30 que, ajustados por inflación,
equivalen a 100 actuales. Ese valor fue el que permitió, por ejemplo, que los
yacimientos del Mar del Norte fueran rentables.
Los capítulos recientes son aún más convulsionados. La novedad es que el
recurso comenzó a agotarse y con el crecimiento de la economía mundial, la
producción ya no alcanza. Ese dato y una ola especulativa que abarcó el 45% de
los contratos negociados explican un precio que se escapó a US$ 150. Ahora se
desinfló la burbuja y cotiza US$ 70.
Bronstein cree que no seguirá cayendo. Y el el ex secretario de Energía,
Daniel Montamat, duda que pueda perforar los US$ 50 el barril. En parte,
porque Rusia y la OPEP sellaron un acuerdo para volcar menos volumen a un
mundo que habría entrado en recesión.
"Hacia delante habrá un juego en el que se recorta la producción para evitar
un desplome mayor de las cotizaciones. Pero a la vez los petroleros venden
menos en un sector que necesita ganar para poder explorar", dice Bronstein.
Montamat cuenta que en Arabia la extracción tiene un costo de unos ínfimos US$
3. En la otra punta, a Brasil sacar petróleo del mar, le sale US$ 45. En
Argentina el costo promedio es de US$ 18, aunque aquí las petroleras tienen
techo para sus ganancias: existe una retención que se aplica desde los 52
dólares para arriba. En este nuevo cuadro, a la Argentina le costará menos
importar combustible, aunque sus ingresos fiscales por exportaciones de
petróleo van a sufrir bastante.