IPS
La protesta se inició el 12 de octubre, Día de la
Raza, en La María, resguardo (territorio) indígena en el norte del
sudoccidental departamento de Cauca.
En la Movilización Nacional de Resistencia Indígena y Popular,
convocada por organizaciones nativas, los manifestantes bloquearon
la Carretera Panamericana, que une el centro y el sur de Colombia y
comunica con Ecuador.
Para despejar la vía, el ejército y la policía atacaron la zona con
helicópteros, tanquetas y fusiles.
"Fue terrible e injusto. Nosotros no tenemos armas. Sólo tenemos los
bastones de mando. En este momento (medio día del miércoles) siguen
disparando, aunque lograron sacarnos de la Panamericana", dijo a IPS
el asesor indigenista Manuel Rozental.
Sin embargo, "la movilización se agranda. Desde la cima de las
montañas están bajando nuevos participantes a la protesta, y en todo
el país fácilmente podemos calcular 200.000 indígenas en
movilización", aseguró Rozental.
La protesta se cumple en 16 de los 32 departamentos colombianos:
Guajira, Córdoba, Sucre, Atlántico y Chocó, en la septentrional
Costa Caribe; Norte de Santander, Boyacá y Casanare, en el oriente;
Meta, al sur de Bogotá; Risaralda, Caldas, Quindío y Tolima, en el
centro del país; Cauca y Huila, en el suroccidente; y Valle del
Cauca, en el occidente.
Los reclamos incluyen 12 puntos que los indígenas pretenden tratar
directamente con el derechista presidente Álvaro Uribe.
Refiriéndose a las refriegas en el Cauca, el vicepresidente
Francisco Santos afirmó que "lo que hay allá es una infiltración
guerrillera, y los que pelean son los Nietos de Quintín Lame", líder
indígena del siglo pasado que luchó por el reconocimiento de los
derechos de las comunidades ancestrales.
El nombre de Lame fue adoptado por un grupo de jóvenes indígenas
caucanos sin tierra, debido a la falta de ampliación de los
resguardos. Recurren al uso de explosivos y otras prácticas
violentas en las protestas y son desaprobados por sus autoridades
tradicionales.
Aun así, los vínculos de los indígenas con cualquier grupo armado
son desmentidos de manera insistente por los cabildos (gobiernos
colectivos de las comunidades nativas).
Colombia vive una guerra civil de casi medio siglo.
Los indígenas del Cauca insisten en la presencia de Uribe en la zona
porque "tenemos demasiados antecedentes de incumplimiento. En la
cumbre mundial de los pueblos indígenas que se realizó ahí mismo, en
La María, en 2005, nos ofrecieron dialogar y lo que hicieron fue
mandarnos más ejército para quemar y arrasar", dijo Rozental.
En la noche del martes, durante una sesión plenaria del Congreso
legislativo, el senador indígena Jesús Piñacué relató los graves
motivos que inducen a la movilización y logró eco en la Comisión
Segunda, relativa a asuntos internacionales, y entre legisladores de
los opositores Partido Liberal y Polo Democrático Alternativo (PDA).
El miércoles, Piñacué reclamó que, así como Uribe ha negociado con
narcotraficantes y sus fuerzas paramilitares, debería afrontar el
diálogo con los indígenas. El ministro de Agricultura, Andrés Felipe
Arias, calificó al legislador de "terrorista". "Espero que esta
lucha de tantos años, y las solicitudes específicas de la
movilización, en las que llevamos cinco años esperando con humildad
y resignación, por fin encuentren una solución. Pero, mientras
tanto, continuaremos luchando porque no hay nada más que hacer",
dijo Piñacué a IPS.
El martes, la Organización Nacional Indígena de Colombia (ONIC)
elevó denuncia ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos
por la presunta desaparición forzada de dos personas en la protesta
de La María.
También solicitó a la Organización de los Estados Americanos "la
intervención urgente" del relator para la Libertad de Expresión y
Opinión, porque en plena movilización fue "bloqueada" la página web
de la Asociación de Cabildos Indígenas del Norte del Cauca (ACIN), y
fue suspendido el servicio eléctrico en la sede del Consejo Regional
Indígena del Cauca, desde donde se retransmite la emisora virtual de
ONIC, Dachibedea.
Más de 30 organizaciones de derechos humanos nacionales e
internacionales argumentaron que la movilización étnica se inscribe
en el marco de acciones definidas desde el año 2001, "dirigidas a
expresar su rechazo frente al genocidio físico y cultural, y las
diversas modalidades de atropello y violación de que son sujetos".
A través de un comunicado público, las organizaciones sociales
resaltan que "en los territorios indígenas confluyen dinámicas de
explotación de recursos naturales que los convierten en escenarios
de disputa por los grupos armados, y espacios estratégicos para la
implementación de proyectos económicos y de infraestructura".
Con ello "se lesiona la autonomía, integridad territorial y derechos
colectivos de los pueblos indígenas, incluyendo la violación de
espacios sagrados, la pérdida de culturas, y el derecho al
consentimiento libre, previo e informado", agregan.
En el texto, las entidades manifiestan gran preocupación porque el
gobierno colombiano se abstuvo de firmar la Declaración de las
Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas,
aprobada por la Asamblea General del foro mundial el 13 de
septiembre de 2007.
Se señala asimismo el incumplimiento del Convenio 169 de la
Organización Internacional del Trabajo sobre Pueblos Indígenas y
Tribales y de las recomendaciones del Relator Especial de las
Naciones Unidas sobre la Situación de los Derechos Humanos y
Libertades Fundamentales de los Indígenas.
Desde el inicio del gobierno de Uribe, en 2002, han sido asesinados
1.253 indígenas, y por lo menos 54.000 han sido expulsados de sus
territorios ancestrales, según la ONIC.
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(*) Con aportes de Constanza Vieira (Bogotá).