espués de una semana brutal, la olita empieza a parecerse más a un tsunami.
La bolsa brasileña ha caído 50% de su máximo de este año y el real ha sufrido su
mayor retroceso desde la crisis económica de 1999. México utilizó cerca del 10%
de sus reservas internacionales la semana pasada en un intento por frenar el
súbito declive del peso.
Los economistas privados dicen que el congelamiento global del crédito, una
posible recesión en Estados Unidos y las caídas en los precios de las materias
primas le costarán caro a la región. Varias firmas de investigación redujeron el
pronóstico de crecimiento regional para el año que viene de cerca de 3,5% a
alrededor de 1,5%. "Es una implosión global que se está llevando a todo y a
todos por delante", opina Damian Fraser, jefe de investigación de renta variable
de América Latina para UBS Pactual en Ciudad de México.
Si Da Silva y otros suenan como si estuvieran negando la realidad, podría ser
porque Latinoamérica se ha beneficiado más que cualquier otra región de un boom
de los commodities que ha impulsado un crecimiento sostenido, reforzado sus
divisas y empujado las reservas internacionales a niveles récord.
El auge fomentó un optimismo generalizado de que una región que había sido
sinónimo de descalabros cambiarios y cesaciones de pagos había finalmente
madurado. Hasta el mes pasado, algunos analistas estadounidenses de renta
variable seguían diciendo a sus clientes que América Latina sería un "refugio"
en medio de la conmoción global, según inversionistas.
Sin duda, Latinoamérica está mejor preparada para soportar un bajón de lo que
lo ha estado en ningún otro momento de su historia reciente.
A diferencia del comienzo de otras crisis globales, la mayoría de las
economías latinoamericanas tienen superávit que las protegerán de los impagos de
deuda soberana que han devastado a la región en el pasado. Además, en general
los bancos de la región no compraron valores ligados al desempeño de las
hipotecas estadounidenses y sus balances lucen saludables.
"En conjunto, América Latina está mejor preparada, aunque eso no significa
que se mantendrá inmune", dice Alonso Cervera, economista de Credit Suisse para
la región.
A menos que los precios de las materias primas repunten, los superávit
económicos de la región podrían convertirse en déficit. Eso forzaría a los
gobiernos a optar entre reducir el gasto, aumentar los impuestos o dejar que las
divisas se debiliten más.
Aunque la región está mejor posicionada que en el pasado, no es tan sólida
como podría haber sido si los gobiernos hubieran cumplido sus promesas de crear
fondos de estabilización durante los tiempos de bonanza, dicen los economistas.
"A excepción de Chile, el dinero para momentos difíciles que supuestamente
debían ahorrar ya se ha gastado", dice Cervera.