(IAR Noticias) 14-Octubre-08
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El petróleo a 80
dólares por barril: En Venezuela,
exportadores casi exclusivos de crudo, es el límite tolerable para
el sostenimiento de las políticas económicas y de cooperación
internacional del presidente Chávez
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La crisis
financiera iniciada esta vez en Estados Unidos evidencia, más que
cualquier otra anterior, la distancia que separa el mundo del
capital del ciudadano común, especialmente en los países en
desarrollo.
Por
Mario Osava (*)- IPS
E l grueso de la población en los países
sudamericanos aún no siente los efectos del pánico que cunde entre
los que poseen inversiones en las bolsas de valores, en grandes
empresas o en el exterior. Pero los noticieros asustan a todos, por
la magnitud de los datos y las experiencias ya vividas.
En Brasil, la moneda local (real) se devaluó 31,6 por ciento desde
agosto y la Bolsa de Valores de São Paulo acumula una caída de 20
por ciento en octubre y de 44,2 por ciento desde el comienzo de este
año. Algún día, según los expertos, tales índices se convertirán en
inflación, desempleo y agravamiento de llagas sociales.
Se repite así en Brasil la enorme volatilidad de crisis anteriores.
Parte de la caída de la bolsa se debió a que empresas industriales
también especularon con otros valores, especialmente en el mercado
cambiario.
Tres grandes firmas industriales divulgaron pérdidas de 4.900
millones de reales (unos 2.200 millones de dólares) por haber
apostado a la continuidad de la sobrevaluación del real. Se teme que
otras empresas tengan su solidez desmentida por esas dañosas
operaciones.
La aventura se debió en buena parte a la política cambiaria del
Banco Central de Brasil, que favoreció una fuerte sobrevaluación
monetaria local, lo cual redujo la competitividad de la industria
brasileña.
De casi cuatro reales por dólar a mediados de 2002, cuando la
inminencia del triunfo electoral del entonces izquierdista Luiz
Inácio Lula da Silva atemorizó el mercado, el tipo de cambio pasó a
1,56 reales por cada dólar el 1 de agosto pasado. Desde entonces, el
real se devaluó aceleradamente y hoy el dólar se cotiza en este país
a 2,31 reales por unidad.
Esa volatilidad se debe a la "excesiva valorización anterior",
debido a la elevación también excesiva de las tasas de interés
fijadas por el Banco Central, que atrajo mucho capital especulativo
al país, explicó a IPS Carlos Thadeu de Freitas, ex director de esa
misma entidad emisora.
El vuelco cambiario de los últimos meses, una "corrección" según
muchos economistas, restablece la competitividad de la industria,
pero aumentará la inflación que está en 6,25 por ciento anual, casi
en el límite de tolerancia de la política de metas al respecto
adoptada por el gobierno.
Se teme que, por eso, el Banco Central siga aumentando su tasa de
interés, actualmente en 13,75 por ciento, la más alta del mundo,
acentuando la desaceleración de la economía. De todos modos, los
especialistas aún prevén un crecimiento del producto interno bruto
de tres a 3,5 por ciento en 2009, frente a cinco por ciento este
año.
El agravamiento de la crisis en todo el mundo industrializado hizo
que el presidente Lula reconociera finalmente que este país sufrirá
daños, después de desdeñarlos inicialmente y sostener que sería poco
afectado. Su par de Venezuela, Hugo Chávez, también admitió, después
de festejar la decadencia del capitalismo, que tampoco "somos
inmunes".
La contaminación de los países latinoamericanos puede ocurrir por
variadas vías. México, el Caribe y América Central son obviamente
vulnerables por la gran dependencia respecto de Estados Unidos, ya
sea por el comercio o por las remesas de dinero que envían sus
emigrantes, que se reducirán rápidamente.
En Venezuela, el talón de Aquiles es el petróleo. "Si el precio del
crudo no se estabiliza en un entorno mínimo de 80 dólares por barril
vendrá una severa reducción de ingresos" de divisas, advirtió a IPS
el economista Pedro Palma, director de Metroeconómica, empresa de
consultoría.
Pero el impacto de la crisis en la vida cotidiana de ese país
tardará más que en otros lugares por la fuerte presencia estatal en
la economía bajo gestión que prioriza aspectos políticos. Cuando
ocurra, a mediano plazo, será grave porque las exportaciones
petroleras, que suman unos 44.000 millones de dólares anuales,
equivalen a 20 por ciento del producto bruto interno.
La menor disponibilidad de divisas forzará a "empresas, ahorristas y
consumidores a volcarse hacia un dólar paralelo, hoy más caro, con
impacto en la inflación", vaticinó Palma.
Actualmente la inflación en Venezuela llega a 30 por ciento anual,
la más alta de América, y en el cambio paralelo el dólar cuesta
cerca de cinco bolívares por unidad, mientras la cotización fijada
oficialmente es de 2,15 bolívares.
Las dificultades venezolanas, además, pueden ampliar los efectos de
la crisis en unas 15 naciones que reciben su ayuda petrolera, que
llega a unos 200.000 barriles diarios a precios favorecidos. Si la
crisis gana las dimensiones anunciadas "muchos de los planes de
cooperación se vendrán abajo", advirtió Álvaro Silva, ex ministro de
Energía de ese país.
En cuanto a Argentina, los impactos en cadena son los que más
preocupan a los empresarios locales. Ese país será duramente
afectado por la posible desaceleración económica de Brasil, su
principal socio en el comercio y en el Mercado Común del Sur (Mercosur),
que también comparten con Paraguay, Uruguay y Venezuela en proceso
de adhesión plena.
La temida "invasión" de productos industriales brasileños, que ya
provocó conflictos en el pasado, puede repetirse ante una
depreciación del real mayor que la del peso argentino.
Eso agravaría el desbalance en el comercio bilateral, que ya era
creciente. En enero-agosto de este año Brasil logró un superávit de
3.570 millones de dólares, 40 por ciento superior al del mismo
período de 2007.
Pero "Argentina no aparece como un país directamente afectado" por
la crisis financiera mundial, ya que su "economía real" no muestra
ningún dato adverso, evaluó Mariano Lamothe, de abeceb.com, una
consultora económica de Buenos Aires. "Brasil devaluó (su moneda),
pero no nos va a dejar de comprar ni dejará de crecer de un día para
el otro", señaló a IPS.
Lamothe admitió, empero, "malas expectativas y una gran
incertidumbre", con aumento de las tasas de interés y depreciación
del peso, y el encarecimiento del crédito que reducirá el consumo y
las exportaciones. Sin embargo, mantuvo su convicción de que no hay
el "riesgo de una corrida" (retiro masivo de depósitos) a los bancos
ni la temida "invasión de (productos) importados".
Reconoció que, en el campo de las ideas, esta crisis "rompió toda
lógica" y que "la ingeniería financiera falló y la ortodoxia no está
dando soluciones". "Hay una gran desorientación", concluyó.
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(*) Aporte de Marcela Valente
(Argentina) y Humberto Márquez (Venezuela)
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