(IAR Noticias) 10-Octubre-08
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Trabajadoras domésticas esperan un empleo en la calle. |
Con actos y movilizaciones, sindicatos de América Latina
llamaron la atención el martes 7 de octubre sobre la persistencia de empleos mal
remunerados, esclavizantes, precarios o sin protección, que soportan millones de
trabajadores, la mayoría mujeres.
Por Marcela Valente (*) - IPS
En el marco de la Jornada Mundial por el Trabajo Decente, una
iniciativa de la Confederación Sindical Internacional (CSI), trabajadores
sindicalizados de la región convocaron a seminarios, protestas, campañas y actos
callejeros a fin de crear conciencia sobre la necesidad de avanzar en la
creación de empleo de calidad.
En Perú, la jornada coincidió con un momento de particular efervescencia
sindical y social, marcado por huelgas y manifestaciones contra el gobierno de
Alan García.
Una veintena de organizaciones sindicales y sociales, articuladas con la
Confederación General del Trabajo de Perú (CGTP), salieron a las calles para
protestar contra la política económica, por considerar que agrava la difícil
situación laboral de los trabajadores.
El vicepresidente de la CGTP, Olmedo Auris, señaló a IPS que si bien Perú tiene
demandas particulares, se sumaron a esta movilización mundial para "exigir una
situación justa para los trabajadores ante una política económica que privilegia
el mercado".
Si bien este país asiste a un período de crecimiento económico, la evolución del
salario mínimo (de unos 180 dólares) es desalentadora en comparación con la de
otros países de la región. Además, la mayoría de los trabajadores están en la
actividad informal, sin protección social ni de salud.
En este contexto, se incrementó la contratación de servicios laborales a través
de terceras empresas. En el sector minero, motor del crecimiento económico que
ha dejado fabulosas ganancias, 64 por ciento de los trabajadores están
contratados bajo esa modalidad, sin derechos laborales.
Según la definición lanzada a fines de los años 90 por la Organización
Internacional del Trabajo (OIT), el trabajo decente es productivo, realizado en
condiciones de libertad, equidad, seguridad y dignidad, retribuido con un
ingreso justo, que proporciona protección social y perspectivas de desarrollo
personal.
La Organización de las Naciones Unidas, entre sus Objetivos de Desarrollo para
el Milenio, se propuso en 2000 avanzar hacia el empleo decente como meta para
erradicar la pobreza extrema en el mundo. No obstante, los países en desarrollo
manifiestan muchas dificultades para cumplirla.
En los últimos años, América Latina vive un ciclo de crecimiento económico
sostenido con aumento del empleo. Sin embargo, la OIT advierte que la mayor
actividad económica no se tradujo en una mejor calidad del empleo. Al contrario,
persiste "un déficit de trabajo decente en la región".
La OIT --que participó de seminarios convocados este martes por los sindicatos--
sostuvo a fines de 2007 en su informe de coyuntura laboral que alrededor de 60
por ciento de los trabajadores ocupados en los principales países
latinoamericanos están en la economía informal.
Además, América Latina es la segunda región del mundo con la mayor proporción de
empleo forzoso, después de Asia. Este tipo de empleo, en condiciones de
esclavitud o semiesclavitud, afecta a 1,3 millones de personas, de las cuales
alrededor de 20 por ciento son víctimas de trata. Hay además trabajadores
explotados en la minería, la industria textil y el campo.
Frente a este panorama, la CSI lanzó esta jornada mundial a fin de "unir fuerzas
en una movilización global" con diferentes organizaciones sociales, como la
coalición de entidades no gubernamentales Civicus y el Llamado Global de Acción
contra la Pobreza, que trabajan para erradicar la miseria y la explotación en
todo el mundo.
En su llamado, la CSI argumenta que la mitad de la fuerza laboral mundial gana
menos de dos dólares diarios, que hay 12,3 millones de hombres y mujeres
trabajando en condiciones de esclavitud y unos 200 millones de niños y niñas
menores de 15 años que trabajan y no asisten a la escuela.
"Sólo un sistema internacional basado en la solidaridad y el respeto a los
derechos de las personas puede poner fin a estas tendencias", remarca el
llamado. Cada vez son más las personas obligadas a ganarse la vida en la
economía informal, sin ninguna protección, y sin representación sindical,
señala.
En Argentina, la propuesta tuvo respuesta de la Confederación General del
Trabajo (CGT), la mayor central sindical, y de la Central de Trabajadores
Argentinos (CTA), que agrupa a empleados de la administración pública, médicos,
educadores, judiciales, así como a desempleados, jubilados y trabajadores de
empresas recuperadas.
La CGT realizó seminarios de formación en sus sedes regionales del interior del
país, lanzó una campaña callejera de afiches y mesas informativas exhortando a
crear "trabajo decente para una vida digna", y finalizó lanzando globos en el
Obelisco, el monumento emblemático de la ciudad de Buenos Aires.
La CTA lanzó una campaña de seminarios, afiches y avisos en reclamo de "libertad
y democracia sindical" y "redistribución de la riqueza". El secretario de
relaciones internacionales de la central, Adolfo Aguirre, explicó a IPS que los
actos apuntaron a "crear conciencia del problema" entre los trabajadores.
Si bien el desempleo argentino se viene reduciendo desde 2002, y también bajó la
proporción de empleados no registrados, la tasa de informalidad alcanza aún a 36
por ciento de la población económicamente activa, según el último registro del
Instituto Nacional de Estadísticas y Censos.
"Sólo en la provincia de Buenos Aires, la más populosa del país, hay alrededor
de siete millones de trabajadores y apenas 14 inspectores laborales, eso revela
que hay una enorme debilidad en el control del Estado sobre el cumplimiento de
las normas de contratación laboral", denunció Aguirre.
Los sectores donde se registra la mayor informalidad están en la industria
textil, con miles de inmigrantes extranjeros trabajando en condiciones de
esclavitud. En el campo, donde se contrata a trabajadores "golondrina", que
recorren el país de cosecha en cosecha y a menores, y en el empleo doméstico,
dominado por la fuerza laboral femenina.
En México, si bien la Secretaría de Trabajo reconoce que 50 por ciento de los
trabajadores tienen empleos precarios e informales, la jornada no concitó mayor
atención de los sindicatos. Everardo Fimbres, de la Federación Internacional de
Trabajadores de la Industria Metalúrgica, dijo a IPS que "la reacción de México
a la convocatoria fue tardía".
En el primer semestre de este año los trabajadores del sector informal (sin
contrato y sin prestaciones) sumaron 12,1 millones, la cifra más alta de la
historia de México.
En cambio, en Chile hubo movilizaciones más intensas.
La Central Unitaria de Trabajadores (CUT), principal organización sindical del
país, junto a la Central Autónoma de Trabajadores (CAT), celebraron seminarios y
encuentros en todo el país. Se difundieron avisos por radioemisoras y se lanzó
una campaña a favor del trabajo decente.
"El problema más grande es el desigual reparto de las ganancias de las
empresas", sintetizó para IPS Noris Quezada, dirigente de la CUT. "Las empresas
apenas pagan por encima del sueldo mínimo" equivalente a unos 270 dólares, dijo,
y los trabajadores padecen la falta de una negociación colectiva efectiva,
añadió.
El especialista en normas internacionales del trabajo y relaciones laborales de
la oficina subregional de la OIT para el Cono Sur, Guillermo Pérez, dijo por su
parte que "el trabajo decente constituye un paradigma nuevo que, mientras más se
socialice, será mejor para los trabajadores".
El experto explicó a IPS que en Chile no existe trabajo forzoso, pero hace falta
"profundizar la negociación colectiva, existen notables desigualdades entre
hombres y mujeres y también hay problemas de trabajo infantil".
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(*) Con aportes de Daniela Estrada
(Santiago), Diego Cevallos (México) y Milagros Salazar (Lima).