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Lula Da Silva, en una ceremonia de festejo en una plataforma petrolera de Petrobras frente a Río (Foto Reuters)
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"¿Dónde se metió ahora el FMI?", reclamó el martes el presidente Lula da Silva
desde Angra dos Reis, en el estado fluminense. Con irritación que no pretendía
disimular, cuestionó: "Cuando se trataba de Brasil o de Argentina, el Fondo hizo
pronósticos y dictó qué hacer y qué no hacer. ¿Y ahora, donde está?"
Por
Eleonora Gosman -
Clarín
El enojo
del gobierno brasileño tiene que ver, en gran medida, con la percepción de una
fragilidad económica en aumento.
"En épocas de vacas flacas nadie nos venía a ayudar. Ahora que tienen
perjuicios, ellos quieren socializarlo con nosotros. Nosotros no queremos
socializar la miseria, queremos socializar la bonanza", afirmó. El presidente
volvió a criticar a los países desarrollados y al Fondo Monetario Internacional
porque cuando en el pasado Brasil enfrentaba una crisis opinaban y pedían
aplicar recetas. "Todas las semanas aparecía un equipo del FMI y decía: 'hagan
esto o aquello', y el pobre Brasil quebraba", afirmó.
"¿Donde está el FMI? ¿Por qué no está en Estados Unidos dando opiniones? ¿Por
qué no está en Europa opinando? Porque la crisis es de ellos, y cuando la crisis
es de ellos fingen que no la tienen", expresó.
Es que el martes, el Banco Central tuvo que salir a vender dólares. Todo indicaba que
había regado el mercado financiero con más de 1.000 millones de la divisa
norteamericana.
Y sin embargo, eso no evitó que ésta se volviera a disparar: fue a 2,31 real por
unidad. Pero lo más complicado viene del frente financiero doméstico. El martes
trascendieron dos medidas que Lula se apresta a lanzar en breve.
Y las dos apuntan al rescate de entidades bancarias, sean grandes, pequeñas o
medianas. Para estas últimas, el gobierno prepara la compra de las "carteras de
crédito" de esas instituciones, con la idea de evitar que éstas vayan a la
quiebra y defalquen a ahorristas.
Pero el paquete no termina ahí: más importante todavía es el plan destinado a
acolchonar a los grandes bancos que pueden entrar en crecientes dificultades.
Sólo que esta iniciativa, ideada por el presidente del Banco Central, Henrique
Meirelles, y por el ministro de Hacienda, Guido Mántega ,y que prevé el empleo
de las reservas en dólares acumuladas por el BC para "prestar" a esas
instituciones de primera línea, requiere la aprobación del Congreso.
El Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social puso el martes en marcha una línea
de crédito de US$ 2.500 millones para financiar a sus exportadores, una medida
que Argentina observa con lupa.
Lula defendió el martes la adopción de otra medida adicional destinada a frenar la
oleada que se abate sobre la economía. Dijo que debe ser perfeccionado el
sistema de control y que es preciso aumentar el grado de capitalización de los
bancos, además de "poner fin al pago de bonos extraordinarios a los ejecutivos".
Según el presidente, "no son medidas sólo para Brasil sino para el mundo
entero". El jefe de Estado dijo a los periodistas que es preciso "un encuentro
internacional para discutir la crisis. Basilea (Suiza) siempre fue la sede de
reuniones de los banqueros del mundo. Es hora de que tomen actitudes
reguladoras".
Y agregó el presidente: "Es preciso poner fin a la maldita figura de los bonos
que creó el sistema financiero para premiar a profesionales agiotistas que
inventaban ganancias para recibir más premios a fin de año."