(IAR
Noticias)
30-Septiembre-08
Cada vez más combustible venezolano llega
a América Central, a Cuba, República Dominicana y las islas del
Caribe oriental, mientras se proyectan grandes refinerías en los
hombros de América del Sur: en Pernambuco, nordeste de Brasil, y en
El Aromo, en la costa del Pacífico ecuatoriano.
Por
Humberto Márquez -IPS
En todas esas plazas se deja ver la bandera de la
corporación estatal Petróleos de Venezuela SA (PDVSA), que a su vez
abrió a firmas nacionales latinoamericanas el mayor tesoro de
hidrocarburos de la región, la Faja del Orinoco.
PDVSA se apuntala como encrucijada para la integración energética
regional al costo de ceder cuantiosos ingresos en forma de
cooperación con muchos de sus vecinos, que compensa con los altos
precios del crudo que exporta: este año, un promedio de 96 dólares
para el barril de 159 litros, que extrae a un costo de 6 ó 7
dólares.
Desde hace casi 30 años, PDVSA ha practicado la cooperación con
vecinos más débiles y la asociación con empresas de naciones
"hermanas", pero la intensidad, cuantía y frecuencia es incomparable
con el último lustro de los dos que lleva en el poder el presidente
Hugo Chávez, quien pisó el acelerador para decenas de proyectos
regionales.
"Proyectos energéticos como los que adelantamos con Nicaragua,
Brasil, Argentina o Ecuador demuestran que la región dejó de mirar
al Norte y ahora orienta su vista hacia el Sur", comentó Chávez
cuando inició, junto a su par ecuatoriano Rafael Correa, la
perforación de un pozo en la Faja, en una asociación de PDVSA con
Petroecuador.
Los críticos de fuera y sobre todo dentro de Venezuela sostienen que
el mandatario, en lugar de perseguir negocios rentables, sostenibles
y transparentes, busca el avance de su proyecto político, que
bautizó "socialismo del siglo XXI".
Una revisión de los principales acuerdos permite ver las distancias
que separan las expresiones de sólida unidad con la concreción de
los negocios.
Pragmático Brasil
Brasil, el gigante regional, muestra cómo evolucionan estos
negocios, pues en la pasada década Venezuela llegó a exportarle
hasta 100.000 barriles diarios de crudo, pero ahora el vecino
prácticamente se autoabastece con su propia producción.
Un viejo proyecto, la construcción de una refinería en Pernambuco
para procesar 200.000 barriles diarios y abastecer el norte y
nordeste brasileños, y que requiere invertir 4.000 millones de
dólares, permaneció engatillado hasta que el año pasado lo inició la
empresa petrolera de propiedad mixta Petrobras, sumándose luego
PDVSA como socio minoritario.
Los industriales brasileños son tentados con jugosos proyectos, aún
sin concretar, como construir 40 barcos para la flota petrolera
venezolana por 2.000 millones de dólares.
"Ponemos sobre la mesa la oportunidad de crear empresas mixtas en
Venezuela para la fabricación de equipos para nuestra industria
petrolera", dijo recientemente a IPS Eduardo Quinteros, director de
la rama industrial de PDVSA.
La empresa realiza compras anuales, entre equipos y proyectos, por
unos 22.000 millones de dólares y sus importaciones de bienes de
capital alcanzaron 10.000 millones en 2007.
También hay proyectos abandonados. El más prominente es el "gran
gasoducto del sur", que iría desde yacimientos en el mar Caribe, en
el nordeste de Venezuela, hasta el Río de la Plata, y que cruzaría y
beneficiaría a gran parte de Brasil.
Multiplicar el refino
Con Ecuador también se proyecta, a un costo de 6.000 millones de
dólares, construir en tres años una refinería en El Aromo, sobre la
costa del océano Pacífico, capaz de procesar 300.000 barriles
diarios y con la mira puesta en los crecientes mercados asiáticos.
Los estudios comenzaron este año y allí PDVSA es socio minoritario
de Petroecuador.
La refinación de crudo, aunque es un segmento menos rentable que
otros de la industria petrolera, posee un gran atractivo para países
en desarrollo por asegurar la disposición de combustible, por su
potencial multiplicador de negocios y empleo y por la transferencia
de tecnología y la posibilidad asociada de agregar valor a la
materia que se procesa.
PDVSA acometió la ampliación y actualización de la refinería de
Cienfuegos en Cuba, con capacidad para 65.000 barriles diarios, así
como la de Jamaica, para procesar unos 36.000 barriles por día.
Se iniciaron estudios para construir otra en Nicaragua, capaz de
destilar 150.000 barriles por día, y una de 10.000 barriles diarios
en Dominica, y se ha conversado la adquisición de la refinería de
República Dominicana o la construcción de una nueva.
"El concepto es suministrar petróleo, refinar en el Caribe,
comercializar en conjunto los productos e incluir en el intercambio
todos los temas posibles de compensación", dijo recientemente el
ministro de Energía y presidente de PDVSA, Rafael Ramírez.
Casi un trueque
Los suministros al Caribe son la insignia de la cooperación Sur-Sur
emprendida por Venezuela, a través del proyecto Petrocaribe, que
ejecuta PDVSA: 20 países de América Central y el Caribe reciben unos
200.000 barriles diarios de crudos y otros productos --la mitad va a
Cuba-- en condiciones de pago hasta ahora inigualadas.
Sólo se cancela al contado la mitad de la factura --siempre que el
petróleo se mantenga, como ahora, en valores de 100 dólares el
barril, pues el descuento baja si el precio disminuye-- y el resto
queda como crédito blando pagadero en 25 años.
Pero además PDVSA ha construido instalaciones de almacenamiento en
los países beneficiarios, se ocupa del transporte y acepta como
parte de pago productos y hasta servicios, al tiempo que constituyó
un fondo con una fracción de los precios cuando exceden los 100
dólares el barril, para producir y comerciar alimentos y
fertilizantes.
Acercando al Sur
Mucho más al sur, en Argentina, Paraguay y Uruguay, PDVSA ha
aplicado puntualmente un recetario semejante al del Caribe.
Con ese esquema se pactó el envío de hasta 23.500 barriles diarios a
Paraguay, que podrá pagar con productos ganaderos o soja, en tanto
en el pasado despachos de combustible a Uruguay se hicieron a cambio
de adquirir viviendas prefabricadas y vaquillonas.
Los envíos de combustible a Argentina se pagan con sólo 20 por
ciento de contado, mientras el restante 80 por ciento se descuenta
en cuotas mensuales con respaldo de papeles de la administradora del
mercado eléctrico del país austral, Cammesa.
También PDVSA se ha involucrado en proyectos para ampliar las
refinerías paraguaya y uruguaya, aunque han quedado a mitad de
camino, y en la construcción de una nueva en Argentina, de unos
100.000 barriles diarios de capacidad y que requeriría invertir unos
1.200 millones de dólares.
De esta última sería socia Enarsa, petrolera estatal creada para
abordar negocios con PDVSA por el anterior presidente argentino
Néstor Kirchner (2003-2007). Pero habrá que esperar la prueba del
pragmatismo: una sociedad Enarsa-PDVSA proyectada en 2005 para
poseer hasta 600 gasolineras en Argentina quedó con apenas dos y el
socio local salió del negocio.
De nuevo, el gran proyecto frustrado es el gasoducto Caribe-Río de
la Plata, que recorrería 8.000 kilómetros y costaría unos 25.000
millones de dólares, pero que se difuminó como un sueño ante sus
riesgos económicos, ambientales, financieros, logísticos y aun
políticos.
Reserva abierta
PDVSA se ha asociado con corporaciones europeas, estadounidenses y
asiáticas para la búsqueda de gas libre en su nordeste, frente a la
desembocadura del río Orinoco y en el Caribe sudoriental, en toda la
franja que va desde Trinidad hasta las Antillas Holandesas.
Pero a la sudoriental Faja del Orinoco, que contendría más de
230.000 millones de barriles recuperables de crudos, sobre todo
pesados, ha invitado no sólo a viejas y nuevas trasnacionales sino a
firmas nacionales de socios en la Organización de Países
Exportadores de Petróleo y de los vecinos latinoamericanos.
Así, empresas debutantes en la arena internacional, como
Petroecuador, sin experiencia en la producción de petróleo, como la
uruguaya Ancap, o carentes de equipos o activos petroleros, como la
argentina Enarsa, han emprendido con PDVSA el trabajo de buscar
volúmenes gigantescos de crudo, a gran profundidad bajo las llanuras
del Orinoco.
El plan de PDVSA es que cuando ese crudo se certifique y se aborde
su extracción y comercialización, las ahora débiles o pequeñas
empresas petroleras de los países vecinos estén en condiciones de
asociarse a los segmentos más atractivos del negocio y cuenten con
reservas que respalden sus operaciones con terceros.
Y buscar más
Como otras petroleras, PDVSA ha recibido el encargo de buscar crudo
y gas bajo las aguas cubanas del Golfo de México, y en las
provincias de los extremos norte y sur de Bolivia, Pando y Tarija,
donde actuará como Petroandina, una sociedad de la que tiene 40 por
ciento de capital mientras el socio mayoritario es la estatal
boliviana YPFB.
Con la petrolera chilena ENAP y con Petroecuador se firmó un acuerdo
para la búsqueda conjunta de gas natural en el golfo de Guayaquil,
sudoeste ecuatoriano.
La llama de los negocios es menos viva con países de gobiernos no
afines políticamente, como los de Colombia, México y Perú. Sin
embargo, con Colombia se construyó un gasoducto en la frontera
norte, que lleva el fluido desde Punta Ballenas, en el Caribe
colombiano, hasta instalaciones venezolanas en la costa del lago de
Maracaibo.
Durante el primer semestre de 2008, América Latina y el Caribe
(incluida la refinería Isla, que PDVSA opera en la isla de Curazao)
fue el destino de 689.000 barriles diarios de petróleo venezolano,
31 por ciento de sus exportaciones, 11 por ciento más que en el
mismo período del año anterior, según informes oficiales de PDVSA.
Tercera empresa de América Latina por sus ingresos, detrás de sus
similares Pemex de México y Petrobras de Brasil, PDVSA es una de las
cinco o seis mayores petroleras del mundo, según el ranking de la
organización Petroleum Intelligence Weekly, que combina reservas,
ingresos, activos y ganancias, entre otras variables.
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