Nosotros no tenemos otro plan, sólo un gesto diplomático fuerte con un
pueblo hermano (...) No tenemos nosotros ningún otro plan, sólo los Estados
Unidos pueden alterar las otras relaciones como las energéticas, comerciales,
empresariales", dijo el presidente de Venezuela, Hugo Chávez.
Por Carlos Chirinos / BBC
Mundo
En un contacto telefónico con la estatal Venezolana de Televisión, Chávez
afirmó -en lo se percibió como un tono más calmado- que no tomará medidas
adicionales contra su principal cliente petrolero, pero que no se arrepentía
de haber expulsado al embajador estadounidense en Caracas.
Asimismo, el mandatario anunció que los presidentes de los países
integrantes de la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur) sostendrán el lunes
una reunión extraordinaria en Santiago de Chile para analizar la situación
actual que se vive en Bolivia.
La noche del jueves, ante una concentración de sus seguidores frente al
Palacio presidencial de Miraflores, un Chávez iracundo ordenó la expulsión del
embajador Patrick Duddy "en solidaridad" con Bolivia, y asomó, una vez más, la
posibilidad de cortarle el suministro de petróleo a EE.UU.
"¡Yanquis de mierda, váyanse al carajo cien veces", gritó a la enardecida
multitud.
El presidente también aseguró que Washington estaba detrás de la supuesta
conspiración para derrocarlo y asesinarlo que fue denunciada esa mañana, y en
la que estarían involucrados militares retirados y activos.
El socio mayor
Estados Unidos es el principal cliente para las exportaciones venezolanas,
particularmente las petroleras.
Venezuela envía diariamente más de un millón de barriles de crudo al
mercado estadounidense, en gran parte a refinerías de su propiedad que
alimentan el sistema de estaciones de servicio Citgo, también propiedad
venezolana.
Esa particular estructura del negocio energético binacional hace pensar a
muchos que Chávez no podría concretar su recurrente amenaza de cortarle el
suministro de crudo a los estadounidenses, como determinó en abril de 2006 un
informe de la Oficina de Control Gubernamental de EE.UU. solicitado por el
Congreso de ese país.
Pero además, de EE.UU. proviene cerca de un tercio de las importaciones
venezolanas en un tiempo en el que la expansión económica sostenida que ha
registrado el país en los últimos años, ha disparado la demanda de bienes y
servicios.
Según cifras de la Cámara Venezolano Americana de Comercio e Industria (Venancham)
-que agrupa a empresas venezolanas y estadounidenses que trabajan en
Venezuela- durante el primer semestre de 2008, el comercio binacional cerró en
US$ 25.710 millones, 50% más en comparación al primer semestre del año pasado.
En un comunicado presentado la tarde del viernes Venamcham lamentó la
situación entre ambos países, pero consideraba que el impasse "es un asunto de
Estado a ser resuelto entre los gobiernos" y "espera que estos hechos no
afecten las importantes relaciones comerciales entre Venezuela y los Estados
Unidos".
Profunda evaluación
La tarde del viernes la cancillería venezolana presentó un comunicado en el
que informaba que había puesto las relaciones con EE.UU en un "intenso proceso
de evaluación".
En el texto, que leyó el canciller Nicolás Maduro, se ratificaba la
decisión de declarar persona non grata al embajador estadounidense y el plazo
de 72 horas que le dio el presidente Hugo Chávez para que abandone el país.
Sin embargo, voceros de la embajada estadounidense en Caracas, informaron a
BBC Mundo que el embajador Duddy "está desde hace varios días en EE.UU
tratando asuntos personales".
La cancillería insistía en que "existen reiteradas demostraciones de
hostilidad del gobierno de los Estados Unidos hacia el pueblo de Venezuela" y
una "permanente y abierta conspiración de los personeros del gobierno
norteamericano en contra de los procesos democráticos de nuestra región".
En su conversación telefónica con la televisora estatal, Chávez señaló que
"van a continuar los planes del imperio, de la CIA y de la burguesía criolla,
tratando de derrocar al gobierno".
Regreso del embajador
La noche del viernes regresó a Caracas, el hasta entonces embajador de
Venezuela en Washington, Bernardo Álvarez, quien fue expulsado en reciprocidad
por el gobierno estadounidense, aunque ya el presidente Chávez lo había
llamado a consultas.
En sus declaraciones a la prensa, el embajador afirmó que en los 6 años que
ejerció el cargo hizo todo lo posible para "preservar la relación" con el
gobierno de EE.UU. y que "nosotros no somos responsables de la situación",
añadió.