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Un trabajador de Petróleo de Brasil (Petrobras) muestra la primera extracción de crudo del fondo del mar, en la plataforma P-34 de la empresa energética.
(Foto Ap) |
Brasil se apresta a nacionalizar (mejor dicho, estatizar) los hidrocarburos
de sus aguas profundas, según Jonathan Wheatley (JW) y Carola Hoyos (CH), de
The Financial Times.
Por
Alfredo Jalife-Rahme - La Jornada, México
El nuevo lucro de Lula: Brasil podría mantener el
control total del petróleo en sus aguas profundas” (10-09-08).
Gracias a la invaluable información de nuestros amigos brasileños,
adelantamos hace dos meses la probable estatización de los hidrocarburos en
Brasil (ver Bajo la Lupa: “¿Renacionalización total de Petrobras?”, 20-07-08).
Hoy los dos apotegmas más pronunciados en Brasil, que reflejan su orgulloso
nacionalismo, son: “O petróleo é nosso” (“El petróleo es nuestro”) y “Dios es
brasileño” (debido a los asombrosos hallazgos).
A diferencia de un artículo delirante de corte neocolonial del The
Economist (6-09-08), revista británica portavoz de las trasnacionales
petroleras, JW y CH, más serenos y sobrios, admiten que “es difícil precisar el
tamaño de los nuevos hallazgos” que son considerables. Pues sí: de otra manera
no tendría sentido alborotar el gallinero bursátil con la desprivatización, la
renacionalización y la restatización a la que parece encaminarse el gobierno de
Lula.
La hazaña brasileña se centra en hallazgos en los “yacimientos vírgenes” a
“más de 300 kilómetros de la costa y a 7 mil metros de profundidad”. No falta
por allí un desinformador “mexicano”, citado por The Economist (obviously!)
y vinculado a Adrian Lajous (el cabildero de Shell), quien alucina que nadie en
el mundo ha explorado a 3 mil metros en aguas profundas: comentario ridículo que
ha causado hilaridad con nuestros sabios amigos de Petrobras.
La cantidad real de reservas exploradas puede ser muy respetable y alcanzaría
en su totalidad 100 mil millones de barriles, los cuales, a una modesta
cotización de 80 dólares, arrojarían 8 billones (trillones en anglosajón) de
dólares: ocho veces el PIB anual de México, que Brasil juiciosamente no está
dispuesto a compartir ni a regalar.
Hay que reconocer que nadie se atreve a aportar las cuentas alegres de
Calderón, Kessel y Reyes Heroles Jr. que inventan tres diferentes cifras
abultadas sobre el hilarante “tesoro”.
Tony Hayward, ejecutivo en jefe de la británica BP, juzga que los “nuevos
hallazgos de Brasil son tan significativos como los del mar del Norte”, en la
década de los setenta.
JW y CH refieren que los hallazgos pueden confrontar a Brasil, “una de las
mayores economías emergentes del mundo, frente a las trasnacionales petroleras y
los inversionistas foráneos” (nota: una lección para los entreguistas panistas,
priístas y perredistas, a quienes fascina dormir con el enemigo), ya que “varios
(sic) en el gobierno de izquierda parecen determinados en evitar el reparto de
la próxima bonanza”.
La configuración futura de la industria de Brasil “sería decidida por
imperativos de corto plazo (sic), en vísperas de la elección presidencial de
2010”, según JW y CH, quienes comentan que Lula ungió con petróleo bendito de
las aguas profundas a Dilma Rousseff, su jefe de gabinete, durante un acto
litúrgico en una plataforma.
La liturgia petrolera de Lula recordó el acto nacionalista del visionario
presidente Getulio Vargas, creador de Petrobras, antes de ser privatizada en
forma híbrida y tramposa por Cardoso, un neoliberal con máscara de
socialdemócrata.
El próximo 19 de septiembre, “una comisión interministerial presentará sus
recomendaciones sobre la estructura futura del sector petrolero”. Las apuestas
corren en el sentido de que Lula creará una nueva empresa petrolera nacional,
100 por ciento bajo el control del gobierno, con el fin de obtener la propiedad
de las nuevas reservas y desarrollarlas en participación con Petrobras y otros
(sic)”: es decir, al revés de la desnacionalizante pareja Calderón-Beltrones,
que todavía se da el lujo de celebrar en forma farisea el grito de
Independencia.
A juicio de JW y CH, pese a que Petrobras es una empresa nominalmente
estatal, “alrededor (sic) de 60 por ciento de su capital total es controlado por
una minoría (sic), en su mayoría (sic) accionistas extranjeros” (nota: entre
ellos el megaespeculador George Soros), quienes “perderán la oportunidad de
obtener los beneficios de la explotación de las aguas profundas”.
Es evidente que la reciente compra del “filántropo” George Soros en esta
exquisita coyuntura por 800 millones de dólares es para desestabilizar y
descarrilar las cotizaciones de las acciones bursátiles de Petrobras y, luego,
exigir compensaciones exorbitantes, al estilo de ExxonMobil en Venezuela. Las
estratagemas de las petroleras trasnacionales anglosajonas y Soros ya están muy
vistos.
Mediante la creación de una empresa estatal a 100 por ciento se da la vuelta
a la empresa híbrida Petrobras, cuyo 60 por ciento de ganancias engordan las
arcas de los accionistas foráneos y a la pirata española Repsol.
El gobierno Lula evita de facto el parasitismo de la pirata española
Repsol (cuyo país no posee prácticamente hidrocarburos y carece de tecnología de
punta) y a la británica BG, dos principales socias de Petrobras cuando sus
excelentes ingenieros de ésta realizaron los descubrimientos con su exitosa
tecnología nacional.
Según TW y CH, “es casi seguro que el presente sistema de concesiones,
vigente desde 1997 (nota: con el entreguista Cardoso), cambiará”.
A la pareja entreguista y desnacionalizante Calderón-Beltrones, muy rupestre
en geopolítica y geoeconomía, le salió el tiro por la culata cuando los panistas
y priístas neoliberales (acompasados por algunos perredistas desviacionistas)
aportaron a Petrobras como paradigma de la privatización híbrida. El panista
críptico con disfraz priísta Emilio Gamboa Patrón, todavía mas ignaro, se
atrevió a dar el ejemplo de Chile, deficitario en hidrocarburos.
Como se expresa coloquialmente: así se las gastan, mediante el terrorismo
desinformativo que han instaurado gracias a su control multimediático, los
poderes Ejecutivo y Legislativo de una de las peores etapas aciagas de México,
donde la misma SSP calderonista algunos de sus integrantes han sido indiciados
como presuntos secuestradores.
En cortedad de argumentos, el PAN ha soltado en forma cavernícola a su jauría
rabiosa (v. gr. Obdulio Ávila, instrumento del calderonista; Federico Döring, y
a Rodríguez Prats, chiapaneco hankista hoy converso al PAN tabasqueño vinculado
a Marta Sahagún) a vilipendiar a personalidades nacionalistas que los rebasan
académicamente a leguas y a lenguas. Con tales antecedentes políticos nada
gloriosos es mejor permanecer callados.
A la luz de las enseñanzas petroleras de Brasil, queda claro que la gemela
reforma entreguista y desnacionalizante de la pareja Calderón-Beltrones se ha
vuelto la mayúscula provocación a la sociedad civil mexicana.