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Un partidario de los autonomistas quema neumáticos cerca de la sede del Gobierno de la región de Santa Cruz.(Foto
Reuters) |
Las protestas de sectores conservadores
y empresariales de la llamada media luna oriental de Bolivia
cobraron las primeras ocho muertes este jueves. Fue en una emboscada
a campesinos afines al gobierno de Evo Morales en la población de
Porvenir, en el departamento de Pando.
Por Franz Chávez - IPS
Un grupo de funcionarios de la prefectura
(gobernación) de Pando interceptó el avance de los campesinos que
acudían a una asamblea desde diferentes regiones de la amazonía
boliviana con el propósito de organizar la resistencia contra grupos
del movimiento civil pro-autonomista regional que ocupan edificios
de entidades del Estado boliviano.
La radio católica Fides confirmó que murieron ocho personas y otras
34 resultaron heridas, de ambos bandos, en los enfrentamientos
registrados 30 kilómetros al sur de Cobija, la capital del
departamento de Pando ubicada a unos 1.200 kilómetros al norte de La
Paz.
El saldo trágico se da en el marco de las movilizaciones iniciadas
el martes con la acción de miembros de la derechista Unión Juvenil
Cruceñista (UJC), que atacó y tomó el control de las oficinas
públicas de la central ciudad de Santa Cruz de la Sierra, tras
doblegar la custodia de militares y policías.
El movimiento cívico y autonomista, dirigido por el prefecto del
departamento de Santa Cruz, Rubén Costas, y apoyado por los
gobiernos de Beni, Pando, Tarija y Chuquisaca, que conforman la
media luna oriental de Bolivia, ha puesto en práctica una estrategia
de asfixia económica con el bloqueo de las principales rutas y el
corte parcial del suministro de gas a Brasil y Argentina.
Este jueves, el presidente izquierdista Morales, el primero de
origen indígena en la historia de Bolivia, responsabilizó a los
grupos de terratenientes de las llanuras orientales de Bolivia, de
"financiar actitudes delincuenciales" y advirtió que la "paciencia
tiene límites".
Otro de los líderes de la oposición, el empresario y terrateniente
Branko Marinkovic, que preside al Comité Cívico Pro Santa Cruz,
acusó a su vez al gobierno nacional de promover la violencia y los
saqueos a comercios populares de propiedad de migrantes aymaras
procedentes del occidente boliviano.
El hospital Roberto Galindo, de Cobija, fue el escenario dramático
donde el personal de emergencia atendió a los heridos del
enfrentamiento, que presentaban cortes profundos por el uso de
machetes, hachas de leñador, escopetas, fusiles, según los reportes
de radio.
Algunos de los fallecidos exhibían heridas de las armas de fuego
empleadas en la emboscada, que comenzó en horas de la madrugada para
impedir la realización de una asamblea en la localidad de
Filadelfia, una población menor ubicada a unos 50 kilómetros al sur
de Cobija, según el relato de la representante del Comité de
Vigilancia, Leyla Tudela.
El ex alcalde de Cobija y líder del Movimiento Amazónico de
Renovación Democrática (MAR), Miguel Becerra, declaró a una cadena
radial que se trató "de una masacre y humillación a los campesinos,
algunos de los cuales fueron atropellados por un camión de la
prefectura".
Por su parte, los seguidores del prefecto de Pando, Leopoldo
Fernández, acusaron a Becerrra de promover los hechos de violencia.
El viceministro de Coordinación con los Movimientos Sociales, Sacha
Llorenty, estrecho colaborador de Morales, declaró que la muerte de
las ocho personas es resultado de una "balacera (tiroteo) de
sicarios que protagonizaron la masacre de Cobija".
Llorenty responsabilizó de los hechos al prefecto Fernández, un
terrateniente y dirigente de derecha de larga tradición en la
política boliviana, quien declaró al anochecer del jueves que
actuará en el "marco que las circunstancias exijan".
Fernández pidió una pausa en el conflicto para pacificar a la
región. Pero expresó, en respuesta a las declaraciones del gobierno
nacional que "el último en retirarse de la pelea" será él. "No me
retiraré de la lucha y que no vuelvan a intentar abusarnos",
advirtió.
Con una imploración al gobierno de Morales, el jefe de la derechista
agrupación Poder Democrático y Social (Podemos), el ex presidente
Jorge Quiroga (2002-2002), reclamó a los bandos en pugna el retiro
de sus grupos organizados.
"Es una súplica, por experiencia como ex presidente, advierto que se
puede desbordar y descontrolar el conflicto que puede dejar muchos
muertos", alertó.
La violencia continuaba este jueves en el barrio popular Plan Tres
Mil, una zona alejada del centro de Santa Cruz de la Sierra y
convertida en enclave de inmigrantes indígenas aymaras y quechuas.
Los grupos de la UJC realizaron acciones para destruir un comercio
popular localizado en la zona, pero los habitantes del lugar
consiguieron repelerlos en peleas campales que comenzaron la noche
del miércoles y continuaron esta madrugada.
Los inmigrantes asentados en la zona, procedentes de los
empobrecidos departamentos occidentales de La Paz, Oruro y Potosí,
temen ser atacados porque comulgan con el presidente Morales, de la
etnia aymara, y representan el grupo humano de resistencia al
movimiento autonomista.
Mientras, en la población de Yacuiba, en la frontera con Argentina,
un grupo de manifestantes consiguió ingresar en la planta de bombeo
de gas natural que alimenta a las industrias de Buenos Aires, y
consiguieron cerrar las válvulas y cortar el fluido.
La acción consumada ante la mirada pasiva de los militares y con el
conocimiento del gobierno nacional, interrumpe el envío de seis
millones de metros cúbicos diarios de gas natural a Argentina, el
segundo mercado más importante para las exportaciones bolivianas de
hidrocarburos después de Brasil.
El miércoles, un atentado contra el gasoducto a Brasil, disminuyó el
volumen de envío en tres millones de metros cúbicos de los 26
millones de metros cúbicos por día, generando inquietud entre la
representación diplomática en La Paz del vecino país.