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Flota Rusa: Un recordatorio interesante a Washington de que no
tiene la única Armada capaz de operar lejos de su base.
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La decisión rusa de enviar una fuerza aeronaval de tareas encabezada
por el crucero misilístico "Pedro El Grande" a América Latina para realizar
ejercicios conjuntos con la Armada de Venezuela se insinúa como algo de mayor
importancia que apenas otro juego de guerra.
Por Oscar Raúl Cardoso -
Clarín
En verdad -y aunque Caracas y Moscú aseguran que los ejercicios de noviembre
próximo estaban previstos hace ya algún tiempo- la situación generada tiene
connotaciones de una doble respuesta venezolana y rusa a acciones muy
recientes de Estados Unidos.
En el caso ruso, estos ejercicios militares podrían ser una forma de
"emparejar" el envío -invocando la entrega de ayuda humanitaria- de buques de
guerra estadounidenses a las costas de Georgia, apenas un mes después de que
esta república ex-soviética fuese invadida por tropas de Moscú. Vladimir Putin,
el primer ministro ruso, había advertido hace unas semanas que Rusia "dará una
respuesta" a esa presencia estadounidense.
Para Caracas es una forma de oponer un desafío a la reciente reactivación de
la IV Flota estadounidense, que el presidente Hugo Chávez ha denunciado
reiteradamente como una amenaza militar para América Latina toda, pero en
particular a la soberanía de Venezuela.
La determinación de Moscú no está exenta de riesgos. Su fuerza de tareas
deberá desplazarse más de 8.000 kilómetros en una ruta en la que tendrá pocos,
si acaso alguno, puertos de confianza si alguna de las naves necesitara de
reparaciones de emergencia. La flota de superficie soviética tiene limitada
experiencia en cubrir esas distancias y, en este caso, será vigilada
constantemente por los aviones de vigilancia Orion P-3 estadounidenses.
No obstante, si las naves rusas llegan sin problema, la presencia de las
mismas en Venezuela será un recordatorio interesante a Washington de que no
tiene la única Armada capaz de operar lejos de su base.
La decisión confirmada por Moscú y Caracas ha reavivado, además, versiones
sobre un posible estacionamiento por tiempo indeterminado de aviones de
vigilancia marítima rusos en bases venezolanas y también de submarinos del
mismo origen en puertos cubanos. Hace no mucho Putin decidió incrementar la
cooperación con La Habana.
Si algo de esto sucediera, generaría una situación con lazos evidentes -aunque
menos grave- que la que originó en los años '60 la crisis de los misiles entre
Washington y Moscú; es decir un escenario símil "guerra fría".
Quizá haya que prestar atención a la advertencia del teórico conservador que
impuso en los '90 la idea del "fin de la historia", Francis Fukuyama. Hace
algunas semanas recomendó a Washington aceptar el hecho de que el poder global
de Estados Unidos estaba reduciéndose y, sobre esta base, renunciar a la
pretensión de ser el gendarme planetario y a empujar más hacia el este el club
militar de la OTAN.
O quizá haya que pensar que Washington puede llegar pronto a extrañar a la
Unión Soviética que Hans Morgenthau calificó, ya en 1969, no como una potencia
expansiva sino como "conservadora y defensiva a la que mueven sus intereses
nacionales y no la ideología". Aquella URSS parece hoy más fácil de contener
que la Rusia del presente.