En los últimos tiempos le propuso un proyecto mayúsculo a Hugo Chávez:
construir un ferrocarril al borde de la cordillera para unir Caracas y Buenos
Aires. De ese hipotético trazado, el 40% ya está listo. Resta el 60% y una
inversión de US$ 10.000 millones para 5.200 km de vías, trenes que no superen
los 100 km por hora y paradas estratégicas en yacimientos de gas y minerales
de Bolivia, Perú y Ecuador. Y aunque aún espera el veredicto de Caracas, cree
que el Ferrocarril del Sur será una realidad.
Rautenstrauch no es un advenedizo. Su bisabuelo fue alcalde de Tréveris, la
ciudad más antigua de Alemania y famosa por otro de sus hijos predilectos:
Karl Marx. Su madre, la pianista Linda Rautenstrauch, fundó la Camerata
Bariloche. Su padre llegó a la Argentina para trabajar en Bracht, la empresa
de los primos que llegaron desde Bélgica, que nació en 1867 con la exportación
de lanas y cueros y creció hasta convertirse en un conglomerado de campos,
firmas de materiales para la construcción como Eternit, la petrolera Cadipsa o
los seguros Boston.
El año pasado, una de sus joyas, la gigantesca estancia Pilagá con 170.000
hectáreas entre propias y alquiladas en Corrientes, Formosa, Santa Fe, Entre
Ríos y Buenos Aires y la producción de 48.000 toneladas de arroz y 70.000
cabezas de ganado fue a parar al fondo, Adecoagro, cuyo socio más famoso es
George Soros.
En 1983 Rautenstrauch compró Fiat Materfer, líder en material ferroviario, que
se fundió cuando Menem dinamitó los ferrocarriles. Con aquel viejo equipo
volvió a armar el rompecabezas y formó Ferromat. Primero se ofrecieron a Cuba
y terminaron en Caracas.