Corte Electoral desarma
la estrategia de presión de Morales para obligar a la derecha fascista a
sentarse a la mesa del diálogo.
IAR Noticias
Econoticias Bolivia
La
Corte Nacional Electoral desactivó la presión con la que el gobierno
indígena de Bolivia intentaba obligar a la oligarquía sediciosa a sentarse en
una mesa de negociaciones y lograr un acuerdo nacional.
Acorralada por las Cortes
departamentales, controladas por las fuerzas de la derecha, la Corte
Nacional decidió suspender los referéndums sobre la nueva Constitución y
la elección de autoridades regionales prevista para el 7 de diciembre y
que habían sido convocados por decreto por el presidente Evo Morales.
La decisión de la Corte
Nacional Electoral se da por razones legales/constitucionales (la
convocatoria se emitió por decreto del Gobierno y no por una ley del
Congreso) y por razones políticas/prácticas (la Corte está fragmentada en
dos mitades, una manejada por el oficialismo y otra por la oposición).
Todos, excepto los escribas y
apologistas de Morales, sabían que era virtualmente imposible realizar
estos referéndums en la mitad del país, el oriente y los valles, donde la
oligarquía y los 100 clanes, que son dueños de la tierra y de los grandes
negocios, tienen el poder y ejercen una virtual dictadura, a través de
los grupos fascistas y la adhesión/tolerancia de las clases medias. Allí,
ni siquiera el presidente Morales tiene pisada y es persona “non grata”.
Por ello, la decisión de la
Corte Nacional Electoral no hizo nada más que adelantarse a esta
realidad, poniendo en evidencia la extrema fragilidad de los mecanismos
utilizados por el Gobierno de Morales para presionar/negociar con los
prefectos (gobernadores) de la oligarquía en pos de un acuerdo nacional,
que una las demandas indígenas incluidas en la nueva Constitución
Política del Estado con las exigencias de la oligarquía para preservar
sus millonarios intereses y que están plasmados en sus Estatutos
autonómicos.
Por ello, conocida la decisión
de la Corte Nacional Electoral, que hasta ahora estaba alineada al
oficialismo, el Gobierno quedó sin salida, sin capacidad real ni formal
para llevar adelante estos referéndums (no está en condiciones de nombrar
una nueva Corte Electoral, no controla el Senado y, lo principal, no
tiene la decisión política de arrebatarle el poder a la oligarquía).
En los hechos, la disputa
entre Evo Morales y la oligarquía están en un punto muerto. El gobierno
de Morales no tiene control sobre el oriente y los valles (la mitad del
país), mientras que la oligarquía no tiene ninguna posibilidad real para
mermar el poderío de Evo en la otra mitad, el altiplano y el área rural
de los valles y parte del oriente. En rigor, en Bolivia hay dos gobiernos
y una abierta dualidad de poderes, situación que se ha consolidado con el
referéndum del pasado 10 de agosto que ha ratificado en sus cargos tanto
a Morales (67% de apoyo electoral) como a sus principales opositores.
La oligarquía, aunque quiere,
no puede por ahora derrocar al “indio presidente” y se orienta a bloquear
su reelección el 2010 y su nueva Constitución, además de mantener el
control, sobre la tierra y las riquezas naturales en el oriente y los
valles. En cambio, Morales, aunque puede, no quiere avanzar hacia la
destrucción del poder de la oligarquía tal como reclaman los sectores más
radicales del sindicalismo y de las organizaciones populares que pugnan
por expropiar a los latifundistas y las agroempresas, y nacionalizar
efectivamente el gas, el petróleo y las minas.
“El Gobierno está atrapado y
sin salida”, graficó una periodista afín al oficialismo, a pocas horas de
conocida la decisión de la Corte que, según este análisis, significa una
“dura derrota política” para Morales, ya que ahora está en riesgo su
reelección en el cargo (posible sólo si hay cambios en la actual
Constitución), así como la continuidad de sus políticas orientadas a
forjar el “capitalismo andino”.