|
(IAR Noticias) 29-Agosto-08
El propósito fundamental de Washington en los países de la subregión andina
apunta a la reconquista de los mercados perdidos, y el control de las materias
primas a través de tratados de “libre comercio” (sic). Para ello recurre a la
llamada “guerra de cuarta generación” (comunicacional) y equipos como el
Rendon Group (RG), empresa especializada en propaganda sucia y en la
“idoneidad informativa” de los medios privados que se presten a servir de caja
de resonancia a la política imperial.
Por
José Steinsleger -
La Jornada, México
Los mensajes “idóneos” en los medios que se dicen “plurales”,
“independientes” y guardianes de la “libertad de expresión” deben ser
paradójicos y monocordes: en Colombia y el extranjero deben lavar la imagen
criminal del impresentable Álvaro Uribe Vélez, y en Venezuela, Ecuador y
Bolivia hay que desacreditar a los presidentes Hugo Chávez, Rafael Correa y
Evo Morales. En la cruzada desinformativa participan las cadenas CNN, FOX, CBS,
ABC-News, Univisión,Televisa, Tv Azteca, TV Globo, Venevisión, el grupo
español Prisa, los diarios de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), el
grupo Clarín de Buenos Aires y “opinólogos” de variado pelaje ideológico,
prestigio y talento profesional.
Simultáneamente, en Paraguay, Nicaragua, Perú, Argentina, RG monitorea a
las organizaciones no gubernamentales (ONG) financiadas por el fondo Nacional
por la Democracia (NED, por sus siglas en inglés), y el de agencias de
noticias como la británica Reuters, que cuenta con un representante autorizado
para publicar informes del estado mayor del Pentágono.
En Venezuela, RG usa el arquetipo comunicacional que en Panamá e Irak
liquidó política, física y moralmente al general Manuel Antonio Noriega
(1988-89) y el presidente Saddam Hussein (antes, durante y después de la
primera “guerra del Golfo” y la invasión de 2003). Según el profesor Carlos
Lanz Rodríguez, el programa de desestabilización en Venezuela consiste en:
1) machacar con la “pérdida de confianza de la base chavista”; 2)
promover y divulgar la “impopularidad creciente” del presidente; 3)
atacar su entorno familiar; 4) reiterar sistemáticamente sus vínculos
con el narcotráfico y la insurgencia colombiana; 5) acentuar su
“fracaso” como gobernante; 6) acusarlo de profesar una ideología
“castrista”; 7) ser aliado de países “terroristas”.
Días después del ataque al campamento de las FARC en territorio
ecuatoriano, Alfredo Rangel (director de la Fundación Seguridad y Democracia
de Bogotá, FSD) publicó un artículo en el que dice: “… la prioridad colectiva
es la seguridad y por tanto, para alcanzarla, hay que asumir riesgos y pagar
costos, sean éstos diplomáticos o económicos…” (El Tiempo, Bogotá,
9/3/08, diario ligado a la familia de Juan Manuel Santos, ministro de
Defensa).
Por su lado, en el texto “Operaciones extraterritoriales”, Germán Espejo
(presidente de FSD) escribió: “al no existir… prohibición expresa o una
regulación internacional para este tipo de operaciones, más allá de los
principios consignados en la Carta de las Naciones Unidas y otros tratados
internacionales… el Consejo de Seguridad no discute estas cuestiones”. Más
adelante, observó: “… la legitimidad de estas operaciones residirá en cada
caso en las justificaciones o motivos que cada parte involucrada argumente a
la hora de defenderlas o condenarlas. En cualquier caso, sería absurdo pensar
siquiera en el establecimiento de una institución o foro internacional con
estos fines. La esencia de una operación encubierta es precisamente ésa: su
confidencialidad absoluta”.
Las técnicas de RG representan una suerte de afilado vademécum
mediático: cualquier dato o política errónea de Chávez, cualquier opinión
suelta de un funcionario sirven para generalizar la idea de que nada sirve,
que nada se hace. Accidentes, tragedias naturales, tensiones políticas,
conflictos sociales, son asociados por los medios “independientes” a
tendencias negativas.
Los datos parciales proyectan la idea de “fracaso” y “futuro incierto”:
comparaciones y promesas que se contrastan con los resultados en gobiernos
anteriores; descontextualización histórica de la problemática social;
manipulación de cifras con medias verdades y falsedades.
En Venezuela y los países “hostiles” a Washington, la trade mark
de RG es inequívoca: ¿quién asume en los grandes medios privados la
responsabilidad por lo que se dice? Poco importa. Las experiencias se
extrapolan y basta una cola en una tienda barrial de Caracas para asegurar que
el problema equivale a las “libretas de racionamiento en el socialismo real”.
Eva Golinger, investigadora
estadounidense, desglosa el terrorismo mediático
en seis puntos. Chávez como aliado del narcotráfico, el terrorismo, el Estado
dictatorial, la carrera armamentista, el lavado de dinero y como amenaza a la
“seguridad regional”. O sea, de lo que probadamente encarna y representa el
régimen de la vecina Colombia.
RG señala a los medios privados el rumbo a seguir. Su propósito consiste en
justificar la presencia militar estadounidense y en desarrollar un clima de
inseguridad, suspicacia y zozobra que conduzca al enfrentamiento militar entre
los países de la subregión.
|