(IAR Noticias) 23-Agosto-08
Dhiani Pa'saro llegó hace ocho
años a Manaos, la gran ciudad del corazón de la amazonia brasileña
de 1,7 millones de habitantes, después de deambular por aldeas y
urbes pequeñas. Quería estudiar odontología, pero ahora con 33 años
es un artista plástico reconocido.
Por Mario Osava - IPS
P a'saro es uno de los 14 indígenas formados en
pintura y marquetería por el Instituto Dirson Costa de Arte y
Cultura Amazónicas (IDC), que ya cuenta con más de 800 obras de esos
artistas para componer el acervo inaugural del Museo de Arte e
Imaginario de la Amazonia (MAIA).
Cuando niño, Pa'saro aprendió cestería, agricultura, caza y pesca,
según la costumbre de su pueblo, el wanano, que vive en el Alto Río
Negro, cerca de la frontera con Colombia. A los 13 años salió "para
el mundo", viviendo en casas de amigos y aprendió otras dos lenguas
indígenas y algo de español, además de estudiar hasta la escuela
secundaria.
Su padre se fue con guerrilleros de las izquierdistas Fuerzas
Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y ahora vive ahora en
Bogotá, según pudo saber este artista plástico. Esta insurgencia del
vecino país "llevan incluso niños de 10 años para entrenar
guerrilla", señaló a IPS.
Hace cinco años empezó el curso de pintura de IDC y desde 2005 vende
sus cuadros hasta en 500 reales (310 dólares). En las muestras se
logra más de 2.000 reales (1.240 dólares), admitió. Este fin de mes
participará con 40 obras en la muestra Trenzados y Colores de la
Amazonia, en Manaos.
El artista indígena aprendió marquetería también, como autodidacta,
componiendo sus cuadros con los pedacitos de madera colorida en las
noches. Eso violaba las reglas del IDC, que sólo admitían un curso
para cada alumno, pero al descubrir sus obras hechas y comprobar su
talento "sólo podríamos apoyarlo", reconoció Aidalina Costa,
presidenta de la entidad.
"El acto de transgresión artística es positivo y dominar más de un
lenguaje es propio de grandes artistas", arguyó Nelson Falcão,
profesor que coordina la Escuela de Artes del IDC, recordando a
Leonardo Da Vinci y Pablo Picasso.
El Instituto, mantenido por sus seis dirigentes y miembros
permanentes con pequeños patrocinios y ayuda a proyectos, tiene como
mayor ambición poner en marcha el MAIA, convergencia de sus
distintas actividades, como teatro, centro de memoria y biblioteca,
además del curso de artes que incorporará pronto otro grupo, no
exclusivo de indígenas.
No será un museo convencional, responderá a "a nuestra distinta
forma de sentir", producto de "la vastedad de los horizontes
amazónicos", dijo a IPS la presidenta de IDC, médica y museóloga que
conduce el proyecto ideado por Dirson Costa, su marido muerto en
2001, un maestro y compositor que durante 40 años difundió la música
erudita en la Amazonia.
Se trata de "reconstruir el imaginario amazónico" que está disperso
y "perdiéndose" en las cerca de 185 etnias de la región, explicó
Aidalina Costa, apuntando las artes plásticas y el museo como "el
mejor camino" para rescatarlo.
"El ser humano se comprende por su mitología", de origen ancestral,
que "está en el inconciente y se expresa por las artes visuales",
añadió Falcão, señalando que, además de los indígenas, los
"caboclos", como se les llama a los mestizos, y blancos arraigados
en la Amazonia son los portadores de los mitos.
El amazónida necesita "conocer su propia identidad singular,
dialogar con el mundo a partir de su conciencia de si mismo", para
no "perderse en la globalización", sostuvo Salete Lima, gerente de
Comunicación de IDC.
El MAIA empezará el año próximo con "funciones educativas", haciendo
circular en la ciudad, especialmente en las escuelas, una muestra
itinerante de cuadros reproducidos con alta calidad, acompañada de
diálogo con los niños y jóvenes, anunció Costa.
Los museos atraen a pocas personas, porque son encarados como local
exclusivo para personas preparadas intelectualmente, pero, si la
población descubre allí "un espejo" de si misma y lo comprende, "se
produce el encantamiento" y la frecuencia, confían los impulsores
del proyecto.
El museo ya cuenta con una sede, un edificio histórico de 1.271
metros cuadrados, donado por un empresario y que corresponde
exactamente a lo que imaginaba Aidalina Costa, es decir amplio y con
acceso por tierra y por río, ya que era antes un taller naval.
El encuentro del donador "no fue coincidencia, sino la 'teia
cósmica' o ley de atracción", opinó Falcão, quien decidió "dejar
todo" y dedicarse a las artes plásticas ya adulto, después que el
trabajo como administrador de empresas le costó una gastritis. El
médico le recomendó "cambiar de vida" y una actividad que le diera
placer.
Falcão usó sus ahorros para estudiar bellas artes en São Paulo y
volvió a Manaos "despierto del somnambulismo", convencido de que
"sólo el arte salva". Está en IDC hace seis meses.
Una de sus metas es hacer que la marquetería sea reconocida como
arte, no sólo como artesanía.
El primer grupo de formado, de seis pintores y ocho marqueteros, fue
seleccionado entre 55 candidatos, todos indígenas desalojados de sus
aldeas que viven en Manaos, la capital del estado brasileño de
Amazonas que disfrutó de gran prosperidad hace casi 100 años gracias
a las exportaciones de caucho natural.
Manaos vive otro auge económico desde los años 70 debido a una
industrialización inducida por subsidios de zona franca.
Sólo el talento no basta, es decisivo en la selección "la voluntad
de estudiar y registrar la cultura de su pueblo", destacó Falcao,
poniendo como ejemplo a Duhigó, una indígena de 53 años que enfrentó
dificultades de aprendizaje, pero mostró "garra" (fuerza espiritual)
para convertirse en autora de verdaderas pinturas.
La producción artística de los pintores y marqueteros se basa mucho
en diseños y fotografías de antropólogos y etnólogos "viajeros" que
registraron en libros e imágenes muchos objetos, costumbres y
aspectos de la vida de numerosos grupos indígenas del interior de la
Amazonia.
Pero el curso es un "rito de pasaje" de la simple reproducción o
artesanía a la verdadera arte, que ocurre cuando la persona
incorpora técnicas y agrega "su poética individual, sin perder sus
raíces culturales", definió Falcão. Es necesario superar el
estereotipo de que los indígenas sólo deben hacer artesanía, acotó.
Los aborígenes adoptan nombres cristianos al urbanizarse. Al iniciar
el curso, los alumnos del IDC fueron llamados a recupera un nombres
indígena, el de "baptismo" en sus aldeas de origen, u otro de su
elección. Algunos de ellos llevaron meses para cumplirlo, según
Costa. Dhiani Pa'saro eligió ese nombre que significa pato salvaje,
según él.
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