(IAR Noticias) 22-Agosto-08
Las bandas
fascistas toman el control de cinco de las 10 más grandes ciudades de
Bolivia e imponen su ley, ante la pasividad del presidente Morales que
se lamenta y pide diálogo y concertación con los sediciosos.
Econoticias Bolivia
L a racista oligarquía boliviana, los
prefectos (gobernadores) derechistas y los 100 poderosos clanes, que
manejan la tierra y los grandes negocios, desataron una nueva escalada
subversiva para consolidar su dominio y poder sobre cinco de las nueve
regiones de Bolivia y poner a raya al presidente indígena, Evo Morales,
que, en el extremo del democratismo, aún cree que el voto popular basta
y sobra para lograr que el fascismo arríe banderas y apoye a su
administración.Este martes, las fuerzas de la derecha, que ejercen un
férreo control sobre el oriente y parte de los valles de Bolivia (Santa
Cruz, Beni, Pando, Tarija y Chuquisaca) desarrollaban un contundente
paro cívico en contra de Morales, exigiéndole la devolución de recursos
generados por la explotación del gas y el reconocimiento de sus ilegales
e inconstitucionales autonomías separatistas.
En las cinco principales ciudades de estas regiones el paro se
cumplía en horas de la mañana sin incidentes mayores. Muchos cumplían la
huelga de 24 horas, apoyando a sus dirigentes cívicos, políticos y
empresarios de derecha, mientras otros tantos acataban la medida para
evitar represalias y la violencia de los grupos fascistas, que tienen el
control de los puntos estratégicos de las ciudades.
En estas regiones del oriente y los valles, desde hace un año, el
poder real está en manos de los prefectos derechistas y de las bandas
fascistas, que actúan con total impunidad y que, incluso, atacan y vejan
a la Policía y a sus comandantes, que son leales a Evo Morales.
El fascismo alza la
cabeza
En Santa Cruz, en la madrugada de este martes, las bandas fascistas
de la Unión Juvenil Cruceñista, con escudos, palos y armas cortas,
golpeaban a los vecinos que se resistían a acatar el paro, agredían y
pateaban policías, quemaban vehículos policiales y arrasaban con los
comercios que osaban abrir sus puertas. Lo mismo hicieron, aunque en
mayor escala, el pasado viernes y sábado, cuando intentaron tomar el
Comando de la Policía. Allí no hay más ley ni orden que la impuesta por
la fuerza por la ultraderecha fascista. Allí, Evo Morales es una persona
"non grata".
Más al norte, en Cobija, la capital de Pando, hay bloqueos
organizados por las bandas fascistas que han armado "columnas cívicas"
que amedrentan y golpean a los disidentes. Los grupos violentos han
cerrado los puentes, no dejan ni siquiera caminar a la gente y todos los
comercios están cerrados. Hay provocaciones e insultos.
En Sucre, la racista capital de Chuquisaca, no hay transporte, no hay
clases en las escuelas, no funcionan las entidades públicas y hay muy
poco comercio. Sólo funcionan los mercados campesinos.
En Tarija, en el sur, los grupos juveniles de choque han tomado
oficinas públicas, no hay comercio ni transporte.
En Trinidad, la capital del Beni, el paro también es contundente, no
hay reportes de incidentes y nadie se atreve a enfrentar a los
derechistas.
En todas estas ciudades y regiones, las fuerzas que respaldan al
presidente Morales están arrinconadas. Allí no sirve, ni siquiera de
consuelo, que el pasado 10 de agosto unas 400 mil personas hubiesen
votado a favor de Evo y contra una oligarquía, que hace y deshace a
placer.
Lamento andino
Frente a esta arremetida fascista, el gobierno de Morales hizo lo de
siempre, lamentó los sucesos y condenó verbalmente a la derecha, pero
siguió recontando su montaña de votos (un poco más de dos millones) que
cree suficiente para doblegar pacíficamente la conjura en su contra.
"El Prefecto de Santa Cruz, Rubén Costas, está en un proceso de
franca conspiración y desestabilización de la democracia en el país, es
algo así como un prefecto de la violencia y del insulto", denunció el
portavoz de Gobierno, Iván Canelas. "Es un prefecto que no ha entendido
el resultado del referéndum revocatorio del domingo y que no quiere
ingresar en un proceso de concertación y de diálogo", añadió.
El vocero de Morales anunció que, a pesar de la agresividad del
prefecto cruceño, "el Gobierno va a seguir tendiéndoles la mano, va a
seguir proponiendo un diálogo, una concertación para resolver los
problemas del país en el ámbito más pacífico posible".
Diálogo y apología
Esta nueva invocatoria al diálogo se da tras que fracasara una
primera reunión, luego que la oligarquía y los prefectos rechazaron la
propuesta de Morales que ofreció un pacto sobre las autonomías, la nueva
Constitución y la distribución de los recursos fiscales.
El primer intento de Morales para lograr un pacto de largo aliento
con la oligarquía se dio a principios de la pasada semana, tras el
referéndum revocatorio del 10 de agosto que ratificó en sus cargos a
Evo, su vicepresidente Alvaro García Linera y a sus principales
opositores de derecha. En las urnas, Evo obtuvo el 67 por ciento de los
votos (2,1 millones), el prefecto Rubén Costas de Santa Cruz el 66 por
ciento (450 mil votos), Mario Cossío de Tarija el 58 por ciento (78
mil), Ernesto Suárez del Beni el 64 por ciento (64 mil votos) y Leopoldo
Fernández de Pando el 56 por ciento (15 mil votos).
Esta votación ha sido considerada por todos los escribas y
apologistas de Morales, dentro y fuera del país, como un "triunfo
histórico nunca visto", "victoria histórica", "una lección para el
imperio" y algunos serviles no han trepidado en loar a "Evo el
magnánimo", todo ello para que en una mesa de negociaciones el
presidente indígena transforme esos dos millones de votos en un pacto
con la oligarquía y el fascismo.
Conspiración abierta
Sin embargo, las élites blancoides no quieren saber nada del "indio
presidente" y avanzan en su afán por echarlo del cargo y acabar con los
sindicatos y organizaciones sociales que son una amenaza para sus
privilegios y millonarias ganancias.
"El objetivo político que están buscando es la desestabilización del
Gobierno y el derrocamiento del presidente Evo Morales, lo intentaron el
10 de agosto y no lo lograron, por eso están armando una estrategia para
la división del país", dijo el diputado del oficialista Movimiento al
Socialismo (MAS), Jorge Silva.
Su colega, Gustavo Torrico, aseguró que "lo que están buscando (los
prefectos derechistas) es una especie de separatismo porque saben que
sus privilegios se les acabaron y esos privilegios que tenían están
queriendo cuidar y harán todo lo humanamente posible y hasta lo
imposible por preservarlos".
Pese a ello, el Gobierno aseguró que persistirá en el diálogo con los
fascistas y que no usará la fuerza para frenar la subversión.
El senador del MAS, Antonio Peredo, dijo –según reseña la agencia
Bolpres-, que los grupos violentos provocan al Gobierno para que
reaccione violentamente. "La solución más simple es que el Presidente
Evo Morales dé un autogolpe, cierre el Congreso, despida jueces, nombre
jueces por decreto y se proclame autoridad suprema con el respaldo de
dos tercios de la población y vamos a la cárcel con toda la gente que
hace eso. Yo creo que esa es la imagen que ellos quieren llevar adelante
y que el Gobierno no va aceptar ese reto".
Política conciliadora
En los hechos, Morales ha optado por tratar con guantes de seda a la
oligarquía, al fascismo y a los 100 clanes, que están en abierta guerra
y quieren destruir al Gobierno indígena, a los sindicatos y
organizaciones populares y revolucionarias. Evo no quiere ni piensa
destruir al fascismo y a la oligarquía. Por el contrario, trabaja para
armar un pacto con ellos, para lograr que las minoritarias élites
blancoides compartan el poder con las emergentes élites indígenas, tal
como lo admitió claramente el vicepresidente García Linera.
El proyecto político gubernamental es robustecer el "capitalismo
andino", sustentado en la propiedad privada, en el respeto a la
inversión extranjera y en el fortalecimiento de la burguesía nacional y
de los pequeños productores privados, con el aporte y participación
estatal.
Evo quiere, en el fondo, asociarse con los oligarcas y las
transnacionales y pretende avanzar hacia una nueva Constitución Política
del Estado que preserve estos intereses, pero que también reconozca
todos los derechos de las comunidades indígenas y campesinas, y que le
permita reelegirse en el cargo por los siguientes 10 años. Por ello,
ante cada ataque de la derecha, ofrece la otra mejilla y desaira los
insistentes pedidos de los sindicatos y organizaciones populares que
creen que no es posible convivir con la oligarquía y el fascismo y que
es necesario destruirlas.
La tercera vía
Por ello, Evo no escucha a la Central Obrera Boliviana (COB) que
postula la destrucción del "enemigo principal" y lucha por el
cumplimiento de la "agenda de octubre" del 2003 (arrebatándole las
tierras, las minas, las agroempresas, el gas y el petróleo).
Al interior de la COB, los sindicatos más radicales, como mineros y
maestros, están seguros que una montaña de votos no es suficiente para
liquidar a la oligarquía ni tampoco para obligar a Morales a poner mano
dura contra la derecha y cumplir con la agenda de octubre (gas, petróleo
y minas para el Estado, tierras para los campesinos y buen salario,
empleo y jubilación digna para los trabajadores). Otros, en cambio,
tienen aún esperanzas en que Evo deje de ser tan blando con la
oligarquía y cumpla con las demandas populares.
El documento político del Congreso de la Central Obrera de Oruro es
elocuente al respecto. "Lamentablemente, el MAS, fiel a su línea
reformista, desconoce y no aplica las demandas contenidas en las Agendas
de lucha del pueblo boliviano, manteniendo la política económica
neoliberal y ocasionando las crisis y problemas económicos que son
propias del modelo. La inflación, desempleo, el hambre y miseria son
flagelos de esa política económica que vivimos durante décadas desde que
se impone el neoliberalismo a través del 21060".
"Los acuerdos, pactos y concesiones cedidas por el MAS a la minoría
oligárquica es parte de su política de conciliación y entendimiento con
el enemigo de clase utilizando el cuento de convertir en socios a los
patrones".
"La experiencia de la Asamblea Constituyente y de la propagandizada
Revolución Democrática Cultural, que es la línea del gobierno, nos
demuestra la imposibilidad material de lograr la revolución de manera
pacífica, alternativa practicada una y otra vez por el reformismo
logrando sólo prolongar la agonía del capitalismo y mantener la
explotación cruel de millones de trabajadores, desocupación gigantesca y
pobreza desesperante".
Lucha frontal
Entre los sindicatos más radicales de la COB hay la certeza que la
conciliación con la oligarquía y el fascismo no traerán nada bueno a los
trabajadores y al país. "No existe otra opción que el de preparar las
fuerzas del proletariado y del pueblo para una confrontación final y
violenta (contra la oligarquía y el imperialismo, NdR), donde la
victoria de los trabajadores y pueblo harán posible la construcción de
una nueva y verdadera sociedad de las mayorías", dice la Central de
Oruro. En esta perspectiva, estos sindicatos plantean "la unidad de los
trabajadores del campo y la ciudad, naciones originarias, clase media
empobrecida y pueblo todo de Bolivia contra la minoría oligárquica y
terrateniente que pretende dividir el país a través de los comités
cívicos de la media luna, entidades empresariales y trasnacionales y
partidos políticos neoliberales reciclados como UN, PODEMOS, MNR, MIR,
NFR, etc".
Su norte es la "lucha decidida y organizada junto a nuestra
organización matriz, la COB, para imponer las Agendas de lucha del 2003
y 2005 como única forma de profundizar el proceso revolucionario del
pueblo boliviano".
Todo ello, sin embargo, colisiona con la orientación gubernamental,
que sigue ufanándose de su triunfo en las urnas, mientras la derecha
fascista impone su ley en las calles.
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