El "indio presidente" trata con guante blanco a las bandas fascistas y a la
oligarquía, pero mete bala y plomo a los sindicatos que luchan por más
salario y una jubilación digna. La COB sigue de pie y lucha.
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Reunida de emergencia
la noche del miércoles 6, la Central Obrera Boliviana (COB) llamó a todos
los trabajadores del país a no doblegarse ante la represión y la bala, y
convocó a continuar en la lucha por arrancar del gobierno de Evo Morales una
nueva ley de pensiones solidaria en reemplazo de la actual que es
excluyente, individualista y neoliberal.El ampliado de emergencia,
celebrado en La Paz, un día después que dos mineros cayeran a bala en las
pampas del altiplano y medio centenar quedaran heridos, determinó continuar
con las movilizaciones por la ley de pensiones y por la atención del pliego
laboral presentado, y no atendido por el Gobierno, hace más de seis meses.
"A través de un ampliado de emergencia, con la participación de las
organizaciones afiliadas a la COB, se determinó seguir con las
movilizaciones y con el paro general indefinido. Mandamos una nota al
Gobierno para que deje de provocar a los trabajadores, deje de atentar
contra nosotros y nos atienda", dijo el dirigente de la COB, Mario López.
Dolor y luto
En el centro minero de Huanuni, la mayor mina estatal de estaño, los
mineros y sus familias velaban a sus muertos y cuidaban de sus heridos, tras
la violenta incursión de las fuerzas policiales, que rompieron a fuego y
bala el bloqueo de la carretera que une Oruro con Cochabamba y La Paz.
Ayer, en el Hospital Obrero de Oruro, se confirmó que cuatro mineros
estaban heridos por bala de guerra, mientras el Gobierno insistía en que no
había orden para usar armas de fuego en contra de los bloqueadores.
"En realidad atendimos dos fallecidos, dos heridos graves que mandamos a
La Paz, dos operados en el hospital, uno de la cadera y otro del codo con
heridas de bala. Hay varios de bala, pero eso aún no lo estamos viendo. El
resto de los pacientes está estable", dijo a La Prensa el director de ese
nosocomio Mario Checa Díaz.
Mano dura contra los obreros
Desde las seis de la mañana del martes y durante unas seis horas,
policías y mineros de Huanuni sostuvieron un duro enfrentamiento a la altura
de la localidad de Caihuasi, donde unos 4.000 trabajadores bloqueaban la
carretera en demanda para que la nueva Ley de Pensiones reduzca la edad de
jubilación de 65 a 55 años, se elimine el sistema de capitalización
individual, se obligue al Estado, a las transnacionales y a las empresas
privadas a aportar para la jubilación y para que los millonarios recursos
sean manejados por los propios trabajadores y el Estado y ya no por dos
transnacionales.
Alrededor de las 10 de la noche del martes, los familiares de los mineros
Hernán Montero Claros (26) y Roberto Cáceres Fabrica (23) pudieron retirar
los cuerpos de la morgue del Hospital Obrero de Oruro, ya que hasta ese
momento fue practicada la autopsia, dirigida por el doctor Teófilo Daza.
Checa señaló que entre las observaciones recogidas en los cuerpos se
determinó que el proyectil que segó la vida de Montero había entrado por la
parte delantera, desgarrado una arteria, perforado el corazón y el pulmón y
alojado en la pleura (membrana que cubre el pulmón), mientras que la bala
que le destrozó el cerebro de Cáceres entró por el lado posterior izquierdo.
Uno de los mineros que trabajaba con el fallecido Cáceres, cuenta lo
siguiente: "Estaba correteando el compañero, adelante, ahí había unos 200,
es que nos han rebasado los compañeros. Ellos (los policías) tenían sus
gases y nosotros botábamos la dinamita, luego ya no tenían gases y nos han
empezado a disparar a nosotros con armas nomás hasta que les llegue sus
gases, sus refuerzos".
Blandos con la oligarquía
Este martes, el gobierno indígena – campesino de Morales demostró que era
capaz de desatar una brutal represión sobre los mineros y la COB, pero que
es extremadamente tolerante con pequeños grupos de choque de la oligarquía,
que toma aeropuertos, golpea periodistas, dispara armas de fuego contra los
ministros de Estado y persigue a los activistas sindicales y políticos de
izquierda.
Este martes, al mediodía, no más de 200 fascistas tomaron el aeropuerto
de Tarija e impidieron la visita de los presidentes de Argentina, Venezuela
y Bolivia. Evo suspendió la visita para evitar enfrentamientos.
En la tarde, el vicepresidente Alvaro García Linera suspendió la sesión
de Honor del Congreso nacional en homenaje al 183 aniversario de la
Independencia de Bolivia que debía celebrarse este miércoles 6 de agosto en
Sucre, por la amenaza de los grupos de derecha y autoridades regionales.
En la noche, grupos de sicarios de la derecha dispararon armas de fuego
en Trinidad contra el vehículo en que viajaba el ministro de Presidencia,
Juan Ramón Quintana.
Este jueves, un grupo de 35 fascistas tomaron el aeropuerto de Riberalta
para impedir el arribo del ministro de la Presidencia, ante la total
pasividad del Gobierno.
Frente a todos estos ataques de las bandas fascistas, el Gobierno de
Morales no usó ni la ley, ni la fuerza pública ni la bala, reculando en toda
la línea, tal como lo viene haciendo ante la derecha desde hace más de un
año.
En su suicida política de conciliar con la oligarquía (la que sin embargo
no quiere saber nada del "indio presidente"), el gobierno indígena campesino
ha retrocedido en todo y, en los hechos, ha entregado la mitad del
territorio (Santa Cruz, Beni, Pando, Tarija, Sucre) para que allí la derecha
y el fascismo alcen cabeza y forjen gobiernos paralelos y en rebeldía en
defensa de los intereses capitalistas, de los terratenientes que esclavizan
a miles de indígenas guaraníes, concentran la tierra y explotan sin medida
los recursos naturales.
Guerra sucia
El gobierno indígena ha mostrado que es blando, muy blando, con sus
"enemigos", con la oligarquía, pero que es feroz con sus "aliados", con los
obreros. Ahora, tras romper a bala los bloqueos de mineros, ha desatado una
virulenta campaña contra los sindicalistas, a los que acusa, sin aportar con
los pruebas respectivas, de "paramilitares", "instrumentos de la derecha",
"pagados por la oligarquía", etc. También ha organizado grupos de choque
para atacar la sede sindical de la Central Obrera de Oruro y hostigar a los
trabajadores en lucha.
En su guerra sucia contra los sindicatos, los funcionarios
gubernamentales no trepidan en usar las mismas armas que utilizaban las
dictaduras y los gobiernos neoliberales para desnaturalizar la lucha de los
trabajadores. Cuando Evo Morales era dirigente cocalero y bloqueaba caminos
en defensa de la coca y la vida de los campesinos, desde arriba y mediante
todos los medios se lo acusaba de "narcotraficante", de estar "pagado por el
comunismo internacional", de "atentar contra la democracia y la economía
nacional". Hoy esa misma receta se está aplicando contra los sindicalistas.
Razones de fondo
En el fondo, lo que quiere el gobierno indígena – campesino de Bolivia es
que los sindicatos obreros y el conjunto de trabajadores abandonen sus
reivindicaciones, que se olviden de luchar por más salario y mejores
empleos, que trabajen sin protestar para engordar a los empresarios y al
Estado.
El objetivo del gobierno de Morales es alcanzar una "revolución
democrática y cultural" que busca poner fin al menosprecio y discriminación
racial contra los indígenas, que incluya a los indígenas y campesinos en la
vida económica, política y social de la República, dejando atrás, y sin
resolver, la creciente explotación laboral a la que son sometidos los
obreros y trabajadores.
Por ello, apuesta al "capitalismo andino" para, con apoyo del Estado,
fomentar y desarrollar la pequeña, mediana y gran propiedad privada
productiva. Por ello defiende los ingresos del Estado y cuida las ganancias
empresariales, y por ello no quiere decretar el aumento de salarios ni
obligar a que las empresas privadas y el Estado aporten para las
jubilaciones, tal como demanda la COB.
Las cifras oficiales del Ministerio de Hacienda revelan que en estos dos
años y medio de gobierno de Morales, los ingresos del Estado se han
duplicado y que las ganancias de los empresarios se ha quintuplicado, pero
que el salario real de los trabajadores se ha reducido por el alza del costo
de vida y que ni el Estado ni los empresarios comparten su bonanza con los
más pobres. En rigor, los obreros y trabajadores de las ciudades y el campo
están igual o peor que antes, con un salario promedio de 110 dólares al mes,
monto que no alcanza para cubrir los costos básicos de una familia que
ascienden a un poco más de 700 dólares.
Pero eso importa poco o nada al régimen gobernante, que cree que los
trabajadores deben olvidarse de sus problemas diarios y sentirse satisfechos
por ser dirigidos por un indígena, al que deberían ayudar a ganar el
referéndum revocatorio de este domingo.
Encuestas y resultados
A 48 horas del referéndum, todas las encuestas difundidas por los grandes
medios de comunicación confirman el vaticinio de que Evo, su vicepresidente
Alvaro García Linera y varios de los prefectos derechistas serán ratificados
en las urnas, con lo que se mantendrá la virtual existencia de dos gobiernos
en Bolivia, el de Morales que tiene el control del altiplano y de las zonas
rurales en los valles, y el de la oligarquía, que gobierna en el oriente y
gran parte de los valles.
Concluido el referéndum, la proyección de Evo es lograr un gran acuerdo
nacional con la oligarquía para preservar la democracia representativa y
fortalecer el funcionamiento del capitalismo andino. También quiere lograr
la aprobación de una nueva Constitución Política que otorgue, por lo menos
en lo formal, más derechos a las poblaciones indígenas, impulse el
desarrollo capitalista de Bolivia y abra paso a su reelección a partir del
2010.
La derecha, en cambio, ya no quiere ningún pacto con Evo, menos su nueva
Constitución y su posible reelección, y apuesta a desgastarlo y a impedir
que se mantenga en el gobierno más allá del 2010, cuando concluye
oficialmente su mandato de cinco años.
En medio de estas dos grandes tendencias, los sectores más radicalizados
de la COB postulan destruir el poder económico de la oligarquía y, al mismo
tiempo, obligar a Evo Morales a ejecutar la agenda de la insurrección de
octubre, que se sintetiza en gas, petróleo y minas para Estado, tierras para
los indios y empleo y salarios para los trabajadores. La COB, por lo menos
hasta ahora, quiere que Evo cambie de política, que sea blando con los
sindicatos y trabajadores y que sea feroz con la oligarquía y el
imperialismo.