Las batallas entre grupos de narcotraficantes y las tropas policiales en Río
de Janeiro se parecen cada vez más a una "guerra sucia". Se combate más con las
balas que con la ley. Cae el número de detenidos y aumenta el de muertos;
siempre del mismo lado: los moradores de las favelas.
Por Eleonora Gosman - corresponsal en San Pablo, Clarín
El
lunes, diez jóvenes fueron asesinados por las balas disparadas desde un
helicóptero policial. Los perseguían por el robo de un camión con cajas de
cerveza. Ese mismo día, por la madrugada, otros seis hombres fueron ejecutados
por manos desconocidas. La capital carioca tuvo así un saldo de 16 muertos en un
día.
Pero las cifras ya no horrorizan, por más que multiplicadas por 365 días den
casi 6 mil muertes anuales. El mismo martes, ese combate sin fin que tiene como
rehenes a todos los habitantes de Río provocó nuevos escarceos en la favela
llamada Vidigal, que da a las playas de Sao Corrado, donde hay una vista de
excepcional belleza.
El Batallón de Operaciones Especiales, conocido como BOPE y célebre por ser el
"protagonista" de un filme espeluznante (Tropa de elite), ingresó por las
tortuosas calles del morro para detener a los miembros del grupo de
narcotraficantes que se adueñó de la favela el fin de semana.
Las fuerzas de seguridad dijeron que se trata de delincuentes comandados por los
"señores" que dominan el negocio de la droga en Rocinha, la favela más grande de
Brasil. Hasta anoche no se sabía de víctimas. Pero no sería extraño que hoy
trasciendan nuevas muertes por cuenta del operativo.
Lo que ocurrió el lunes en el Morro da Lagoinha, en la Bajada Fluminense (el
Gran Río), muestra el modus operandi de la Policía carioca, que actúa bajo el
amparo que le dan las ideas del gobernador de Río, Sergio Cabral.
Según este político, no se puede pelear contra el narcotráfico con "guante de
seda". Es un costo a pagar que en el camino caigan inocentes. Pero con esta
forma de actuar casi fuera de la ley no hay avances. Y de eso son testigos las
comunidades que viven en barrios marginales subyugadas por el narcotráfico y
encima castigadas por la Policía.
La versión oficial sobre lo ocurrido en la Bajada Fluminense es que los
delincuentes habían acorralado a media docena de policías que había ido a
investigar el robo del camión con bebidas. Estos pidieron refuerzos, que
llegaron en helicóptero. El procedimiento fue directo: vaciaron sus
ametralladoras aéreas sobre el grupo de delincuentes. "Los marginales estaban
bien armados: tenían fusiles y ametralladoras Uzi. Era armamento pesado. Nuestro
equipo de agentes quedó bajo fuego durante al menos 10 minutos", subrayó el
comisario Ronaldo Oliveira. Del lado del "bien" hubo apenas un herido en la
pierna.