En América Latina el papel de los recursos naturales energéticos es
estratégico, y funciona como objeto de la competencia cada vez más abierta
entre grandes empresas y países.
Por Erika González
y Cristina Sáez (*) -
Revista Pueblos
Esto
genera situaciones complejas que involucran tanto a las políticas de los Estados
como a las transnacionales y a los organismos internacionales, con toda una
batería de instrumentos jurídicos, legales y económicos que mantienen luchas
desiguales sometiendo a estos países ricos, pero empobrecidos, a graves
conflictos. Ni los recursos naturales, ni los Estados autoritarios, como
denuncian algunas teorías sobre la petropolítica, son los causantes de la
"maldición" que suponen estos conflictos a la población, se trata, más bien, de
la "mal-acción" de potencias externas, que ejercen una fuerte presión sobre esta
región.
En mayo de 2006 saltaban todas las
alarmas mediáticas del Estado español, el presidente de Bolivia, Evo Morales,
firmaba el Decreto de nacionalización de los hidrocarburos con el fin explícito
de acabar con "el saqueo de nuestros recursos naturales por empresas
extranjeras" [1]. El gobierno bolivariano de Venezuela no se quedaba atrás y, en
febrero de 2007, desarrolló un Decreto Ley que recuperaba más control estatal en
la actividad petrolera [2] . Estos dos movimientos gubernamentales fueron los
pioneros en cuestionar el control de los recursos energéticos por parte de las
transnacionales en América Latina.
En respuesta al logro de esta mayor
soberanía energética se puso en marcha toda la maquinaria mediática de EE UU y
Europa, que anunciaba la extensión de la pobreza, las transnacionales llamaban a
las puertas de las Instituciones Financieras Internacionales para meter en
cintura a estos gobiernos díscolos, y la diplomacia de los países del Norte
tejía una tupida red de presión política y económica que revocara los cambios
legislativos.
Lo que estaba en juego era, ni más ni
menos, el control de los recursos que propulsan el sistema económico actual: los
hidrocarburos. La región latinoamericana es responsable del 13,5 por ciento del
petróleo que se comercializa en el mundo y tiene bajo su subsuelo el 9,7 por
ciento de las reservas globales de crudo y el 4 por ciento de las de gas [3].
Pero más allá de las cifras, la región tiene un papel clave en la geopolítica
internacional por dos cuestiones: es un territorio fundamental para el
abastecimiento energético de EE UU y, por otro lado, en ella residen la mayor
parte de los intereses de las transnacionales energéticas españolas.
El codiciado mapa
latinoamericano de los recursos energéticos...
Si trazáramos un mapa ubicando las
mayores concentraciones de hidrocarburos resaltarían tres países: Venezuela, en
primer lugar, tiene el 69 por ciento de las reservas de petróleo de toda América
Latina, y también el 60 por ciento de las reservas de gas [4]. Luego, Brasil
que, tras el reciente descubrimiento de un gran yacimiento en las profundidades
marinas [5] , podría llegar a ser la segunda mayor reserva de petróleo de la
región. Por último, Bolivia es el territorio con las segundas mayores reservas
de gas natural. Aunque la clasificación descrita cambia si el criterio es la
producción que ponen al servicio del mercado, para el petróleo, se situaría
primero México y para el gas lo haría Argentina. Los países que aparecerían en
segunda línea, en cuanto a riqueza de crudo y gas, serían Ecuador, Perú y
Trinidad y Tobago. Este mapa trazado pone en evidencia que los hidrocarburos
siguen el camino del pie de monte andino hasta llegar a la región caribeña.
Pero el mapa energético de América
Latina se completa con tres recursos más: el carbón, el agua y los
agrocombustibles. El primer recurso tiene mayor abundancia en Brasil, si bien el
principal productor es Colombia. El agua de los ríos representa casi el 60 por
ciento del recurso que utiliza esta región para producir electricidad y si
hablamos de países con mayor potencial hidroeléctrico, sin duda estaría en
cabeza Brasil, que genera así el 84 por ciento de su electricidad. En cuanto a
los agrocombustibles, son potenciados por EE UU y la UE en calidad de
alternativa renovable y ecológica, pero este carácter requiere de un análisis
más profundo, imparcial y considerando escalas de producción, por los impactos
ambientales y sociales que conlleva su implantación. No obstante, ésta es la
alternativa elegida por algunos países de América Latina que cuentan con grandes
espacios cultivables. Entre ellos destaca Brasil, que sustenta la política más
favorable hacia este recurso.
... y las tensiones
generadas por su control
Toda la riqueza descrita se
corresponde, paradójica y lamentablemente, con países empobrecidos
económicamente, que soportan presiones e históricas resistencias frente a los
intereses foráneos, generadores de guerras, violencia e injusticias. A modo de
contextualización, habría que recordar que los Estados asumían hasta la década
de los noventa un papel regulador con control sobre sus recursos a través de las
empresas energéticas estatales. Posteriormente, y por imposición de los
Programas de Ajuste Estructural a los que se vieron sometidos, cedieron este
control a empresas extranjeras mediante contratos leoninos para los diferentes
Estados.
Como consecuencia de las tensiones
políticas generadas por la presencia de las corporaciones de hidrocarburos,
Gobiernos como el de Venezuela y Bolivia se han rebelado contra el expolio
legalizado y han logrado cambiar el rumbo de las políticas económicas. En el
primer caso, su actual Constitución impide la privatización de PDVSA, empresa
completamente estatal y quinta petrolera más importante a nivel mundial. Por
supuesto, estas medidas legislativas no han estado exentas de tensiones
políticas, basta con recordar el golpe de Estado que sufrió el Gobierno de Hugo
Chávez en abril de 2002. Y también ha ocasionado, como medida de presión, la
salida de cuatro grandes petroleras [6] que rechazaron los contratos de
explotación propuestos por este Estado. Aunque siguen estando allí otras como
Chevron Texaco, Statoil y Repsol.
En el caso del "corazón geopolítico
de Suramérica", como denomina Chávez a Bolivia, el masivo reclamo de la
población contra el expolio de las corporaciones energéticas condujo a la Guerra
del Gas en octubre de 2003, en la que se organizaron marchas, protestas de todo
tipo y enfrentamientos contra las fuerzas de seguridad que se cobraron decenas
de víctimas mortales. Este grito del pueblo determinó el proceso de
nacionalización de los hidrocarburos a través de su estatal YPFB. No obstante,
la lucha por la recuperación de los recursos está sometida a corsés judiciales y
presiones como la ejercida por Petrobras y Repsol, con el respaldo de sus
respectivos gobiernos, que dificulta el proceso de nacionalización.
También recibe apoyos externos la
oligarquía cruceña situada en el oriente del país. Esta elite ha respondido a
las políticas soberanistas con la exigencia de la independencia de su
territorio, donde se concentra gran parte de los recursos energéticos.
El trabajo de lobby de las transnacionales para evitar nacionalizaciones se
convierte en cantos de sirena para animar a la privatización de una gran empresa
estatal como es PEMEX, undécima mayor petrolera del mundo. El 8 de abril de este
año, el Gobierno mexicano de Felipe Calderón hizo pública su disposición a la
entrada de capital privado en la compañía mediante la reforma de la política
energética, ante lo cual se ha levantado la oposición representada por López
Obrador mediante la organización de resistencias civiles y la ocupación del
Congreso para asegurar una decisión consensuada.
Uno de los escenarios
latinoamericanos donde se reproducen con mayor virulencia los conflictos por el
control de los recursos naturales energéticos es, sin duda, Colombia, donde se
localizan fuertes intereses de las multinacionales españolas de la energía como
Repsol. La crisis social que padece, como resultado de la aplicación de las
medidas neoliberales, se suma a las escalofriantes cifras de violaciones de los
Derechos Humanos que han dejado tras de sí un conflicto armado que dura ya más
de cuarenta años. El posicionamiento de las transnacionales del petróleo ante
este conflicto ha sido de complicidad, agravando la situación humanitaria, de
por sí alarmante. Un ejemplo que permite reflejar esta situación es la actuación
de Repsol en la región de Arauca (oriente de Colombia).
Desde 2002, año en que Repsol anunció
la existencia de petróleo en un campo de la región, ésta comenzó a sufrir el
auge del paramilitarismo, incrementándose los crímenes contra la población civil
y los índices del desplazamiento forzado. En cambio, la violencia no afectó a la
compañía, más bien al contrario, después de dos años de terror impuesto
desaparecieron las voces discordantes con la explotación de crudo, y fue
entonces cuando Repsol pudo entrar a explorar en áreas con potencial petrolero
sin encontrar ningún tipo de oposición social.
Multinacionales españolas y
conflicto
Un recorrido por las explotaciones de
hidrocarburos más importantes de la región pondría en evidencia la existencia de
un denominador común, la presencia de Repsol en todas ellas: opera en Venezuela,
Brasil, Bolivia, México, Argentina, Perú y Trinidad y Tobago. Al igual que si se
examinan las principales empresas eléctricas de la región saltaría como
principal compañía Endesa, líder en Chile, en Colombia y en Argentina, y, aunque
no se posicione entre las más poderosas, Unión Fenosa también tiene un
importante monopolio eléctrico en Centroamérica y Colombia, e Iberdrola
representa la principal eléctrica privada en México.
Pero, paralelamente con los
beneficios de estas corporaciones, los impactos ambientales, sociales y
culturales sobre la región se han ido incrementando. Los principales afectados
han sido pueblos originarios de Bolivia, Ecuador, Perú, Colombia y Argentina,
con fuertes impactos sobre guaraníes, tagaeris y taromenani, etc. En la zona
argentina, en julio de 2007 el Defensor del Pueblo denuncia ante el Tribunal
Supremo a Repsol –y a otras 16 compañías petroleras– por el daño ecológico que
causan en cinco provincias del centro del país [7] . En Chile, los mapuches
llevan resistiendo una década contra Endesa, que ha construido la central
hidroeléctrica de Ralco en su territorio ancestral.
En este panorama se integra el
componente cultural y las reivindicaciones indígenas, que representan el corazón
de los movimientos de base, protagonistas indiscutibles de los cambios en
América Latina. Es importante resaltar que los procesos de dominación que llevan
a cabo las transnacionales no sólo deterioran sus territorios e impactan sobre
sus formas de vida, sino que, además, ejercen una presión ideológico-cultural,
creando dependencias hacia formas de vida y de consumo occidental, unido a una
desvaloración de lo indígena. El significado que sus culturas ancestrales
otorgan al medioambiente, la comunidad y los recursos naturales desde su propia
concepción, no se tienen en cuenta, y son parte de discursos secundarios, de
patios traseros, infravalorados, para favorecer la visión capitalista que
penosamente cuenta con un apoyo mucho más extendido.
En definitiva, la obtención por parte
de las multinacionales de los grandes beneficios que origina la actividad en un
sector tan estratégico como la energía se dirige, al igual que sus
exportaciones, hacia los países del Norte. Ni sus gobiernos, ni las empresas
transnacionales que operan en América Latina, reconocen la Deuda Ecológica cuyas
actividades contribuyen a engrosar. No obstante, cada vez más países acreedores,
como Ecuador y Bolivia, la reclaman legítimamente, en claro rechazo al actual
sistema económico que no internacionaliza las externalidades o pasivos
ambientales.
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(*)Erika Gonzalez y Cristina Saez son investigadoras de Observatorio de las Multinacionales en America Latina.
Este artículo ha sido publicado originalmente en el nº 32 de la Revista Pueblos, junio de 2008.
Notas
[1] “Bolivia asume el ‘control absoluto’ de los hidrocarburos", El País, 1 de mayo de 2006.
[2] Decreto Ley No. 5.200 de migración a Empresas Mixtas de los Convenios de Asociación de la Faja Petrolífera del Orinoco; y los Convenios de Exploración a Riesgo y Ganancias Compartidas.
[3] BP, Statistical Review of World Energy, 2007.
[4] BP, Statistical Review of World Energy, 2007.
[5] "Repsol se dispara en Bolsa al hallar un gigantesco yacimiento de crudo", El País, 15 de abril de 2008.
[6] ExxonMobil, ConocoPhillips, Total y BP.
[7] "El Tribunal Supremo argentino investiga a Repsol y otras petroleras por daño ecológico", El País, 2 de julio de 2007.