"Se puede preguntar por qué un Estado más fuerte desearía atacar a uno más
débil, pero ciertamente ese no es el punto. El hecho decisivo es que, en el
nivel interestatal, la unidad mayor puede atacar a los grupos más débiles.
Como no hay quien pueda impedir esos ataques, los grupos humanos más débiles
viven en continuo e inevitable estado de inseguridad" (Norbert Elías,
Compromiso y alienación).
Por José Luis Fiori (*) - Revista Sin Permiso
La reactivación de la IV Flota Naval de Estados Unidos, en la zona del
Atlántico Sur, provocará un cambio radical y permanente, en las relaciones
militares de Estados Unidos con América Latina. Fue por esto que sorprendieron
tanto las primeras explicaciones norteamericanas, respecto a la reactivación
de su Flota – creada en 1943, y desmantelada en 1950 – que habría sido una
simple decisión "administrativa", tomada con objetivos "pacíficos,
humanitarios y ecológicos". La mentira no es un pecado grave en el campo de
las relaciones internacionales. Por el contrario, mentir o decir medias
verdades, con competencia, fue siempre un arte y una virtud esencial de la
diplomacia entre las naciones. Por lo tanto, no fue esto lo que llamó la
atención, en la declaración de las autoridades norteamericanas, fue su falta
de respeto a la inteligencia de los interlocutores, y su exceso con relación a
la impotencia de los gobiernos afectados por su decisión. Asimismo, cuando se
habla de la necesidad de "combatir la piratería, el tráfico de drogas, de
personas y de armas", sin explicar, al mismo tiempo, por qué la IV Flota no
fue reactivada durante la Guerra Fría, o incluso, después de la Revolución
Cubana y de la Crisis de los Cohetes, de 1962, cuando el "flujo ilegal de
armas y personas", y el "tráfico de drogas" era igual o mayor que hoy. Por
esto, tuvieron gran repercusión las declaraciones "correctivas", de las
autoridades navales de los Estados Unidos, realizadas en la Base Naval Mayport,
Florida, el 11 de julio de 2008. En particular, el discurso inaugural del
almirante Gary Roughead, jefe de Operaciones Navales de la Marina
norteamericana, quien redefinió el objetivo principal de la nueva Flota,
destinada a "proteger los mares de la región, de aquellos que amenazan el
libre flujo del comercio internacional", al tiempo que advertía a los
incrédulos que "nadie debe engañarse: porque esta flota estará lista para
cualquier operación, a cualquier hora y en cualquier lugar, en un máximo de 24
a 48 horas".
Con respecto a la protección del comercio marítimo, todos los especialistas
saben que sólo tiene capacidad de proteger el "libre flujo del comercio
mundial" aquel que también tiene la capacidad de interrumpirlo. O sea, quien
tiene poder para proteger, también tiene el poder de excluir competidores, si
fuere el caso, cuando se exacerba la competencia entre los estados y los
capitales privados, como está ocurriendo, en este inicio del siglo XXI.
Después de casi una década de crecimiento continuo y acelerado, la economía
mundial enfrenta en este momento, una disparada de los precios, de la
especulación y de la escasez de algunas mercancías fundamentales, como el
petróleo, los alimentos y los minerales estratégicos. Y en este momento, ya
está en curso una nueva "carrera imperialista", entre las grandes potencias,
que luchan por su seguridad energética y alimentaría, exactamente como pasó al
final del siglo XIX y los inicios del siglo XX. Una competencia que ya llegó a
África, y deberá alcanzar América Latina, de forma todavía más intensa,
gracias a sus recursos energéticos, a sus grandes reservas minerales e
hídricas, y a su inmensa capacidad de producción alimentaría, muy superior a
la de África. En particular, en el caso de Brasil, que deberá ser – pronto –
el mayor exportador mundial de alimentos, y uno de los grandes exportadores de
petróleo, además de ser el principal "propietario" de las aguas y de la
biodiversidad amazónica. Existiendo un agravante, en el caso brasileño, desde
el punto de vista de las autoridades norteamericanas: el hecho de ser el país
que está liderando los procesos de creación de la UNASUR (Unión de Naciones
del Sur) y del Consejo Sudamericano de Defensa, organizaciones que excluyen a
los EE UU y vacían el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca, y la
Junta Interamericana de Defensa, que son controlados por los norteamericanos.
Esta historia, sin embargo, trae una lección importante para el futuro de
América Latina, y de Brasil en particular. Hace un siglo, más o menos, el
almirante y geopolítico Alfred Mahan, se destacó por su defensa militante de
la idea de que los Estados Unidos nunca serían una "gran potencia", apoyándose
solamente en su desarrollo económico. Para tener importancia internacional,
necesitarían una escuadra naval capaz de proyectar el poder norteamericano
alrededor del mundo, como había hecho Inglaterra, en el siglo XIX (1). El
almirante Mahan ejerció gran influencia personal, sobre el presidente Theodore
Roosevelt, en los inicios del siglo XX, y después se transformó en el mayor
símbolo del poder naval norteamericano, de todos los tiempos. Con razón,
porque menos de medio siglo después de su muerte, Estados Unidos ya era el
mayor poder naval de la historia de la humanidad, controlando todos los mares
y océanos del mundo, con sus siete Flotas Navales. En este momento, los
Estados Unidos acaban de reactivar su IV Flota, aunque podrá crear muchas
otras, si quisiera, sin vulnerar el Derecho Internacional, sin la necesidad de
usar las aguas soberanas de otros estados, y sin tener que dar explicaciones a
nadie. Obedeciendo sólo a sus cálculos estratégicos y a su poder de construir
y distribuir naves militares alrededor del mundo, como había propuesto Alfred
Mahan.
Según el sociólogo alemán Norbert Elias, la dura verdad es que, "si algún
Estado fuese más fuerte o se muestra más fuerte que sus vecinos, siempre habrá
la posibilidad de que intente obtener ventajas, lo que puede ocurrir de
diversas formas, hostilizándolos, formulando exigencias o invadiéndolos y
anexándolos [..] y sólo existe una posibilidad de que un Estado con mayor
poder de ejercer la violencia sea impedido de explotar al máximo su parte de
poder relativo: él sólo puede ser reprimido por otro Estado equivalentemente
fuerte o por un grupo de Estados que consigan controlar las rivalidades entre
sí en grado suficiente para favorecer su potencial combinado de poder. (2)
******
NOTAS: (1) Mahan, A. T. (1890–1987), The influence of sea Power Upon History
1660–1783, Dover Publications, Inc. New York. (2) Elías, N. (1990),
Envolvimiento e Alineaçâo, Brertrand Brasil, Río de Janeiro, p: 213 y 214.
(*) José Luis Fiori, profesor de economía y ciencia política en la
Universidad pública de Río de Janeiro, es miembro del Consejo Editorial de
SINPERMISO.