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Tarija
aprueba su estatuto autonómico: Festejos por el "Si". (Foto Peuters) |
La oligarquía y los prefectos (gobernadores) derechistas han aceptado a
regañadientes la instrucción de Washington para medirse en las urnas con
Evo Morales el 10 de agosto.
Econoticiasbolivia
Bajo la batuta de la Embajada de Estados
Unidos, la oligarquía boliviana comenzó a utilizar todas sus armas para
conseguir el 10 de agosto el voto ciudadano que le permita consolidar no
sólo el poder que ha logrado conquistar en los valles y el oriente, sino
también erosionar seriamente el peso político y electoral del presidente
indígena Evo Morales con miras a su posterior caída.Una dura guerra
sucia contra Evo, difundida con extrema generosidad por los principales
canales de televisión, junto a un cohecho electoral que se expresa en la
apresurada entrega de obras y dinero en las regiones, además de
acusaciones de fraude y amenazas de juicio en los tribunales, boicot en
el Parlamento, impugnaciones a la Corte Electoral y a la ley de
convocatoria al referendo y movilizaciones de protesta en las calles y
caminos, marcan esta imponente como millonaria campaña contra el
Gobierno, que aún tiene gran apoyo en las ciudades del altiplano, pisa
fuerte en el campo, pero hace aguas en las ciudades del oriente y los
valles.
El bombardeo diario de noticias e imágenes muestran a Evo y a los
suyos como marionetas de presidente de Venezuela, Hugo Chávez, como
instigadores y actores de un terrorismo de Estado que dinamita
estaciones de televisión, como destructores de la economía y de la
democracia, como causantes del alza del costo de vida, como promotores
de la división de la patria y como impulsores del racismo y del odio
entre regiones y pueblos. La intención de esta campaña negra es lograr
que las clases medias urbanas abandonen al dirigente cocalero que ganó
las elecciones de fines del 2005 con el 53 por ciento de apoyo
electoral.
Vale todo
Para ello, parlamentarios, dirigentes cívicos, periodistas,
empresarios, intelectuales y librepensadores a sueldo, economistas y
hasta miembros de la curia usan y abusan de los espacios en los grandes
medios para atacar día y noche al Gobierno.
En esta batalla, todo vale para reconquistar el voto popular que, en
Bolivia, casi siempre ha ido a consolidar el dominio político de la
oligarquía y la derecha. Las urnas han favorecido pocas veces en la
historia a los candidatos ajenos a la oligarquía o a los radicales de
izquierda y cuando ocurrió aquello esa adhesión ha sido muy efímera1.
Por ello, siguiendo la instrucción del embajador norteamericano
Philip Goldberg, la oligarquía avanza en sus intentos por deslegitimar
la gestión de Morales, acentuando el descontento popular que crece por
el alza del costo de vida y tratando de que más segmentos de la clase
media urbana se alejen del "indio presidente".
En campaña de mala gana
En las últimas horas, las organizaciones cívicas y empresariales del
oriente y los valles, especialmente de Chuquisaca, Cochabamba, Beni y
Pando, también se han sumado a esta campaña y han dejado de lado su
negativa a ir al referéndum, que mantenían hasta la víspera, por
considerar que esta consulta sólo favorece a Evo y pone en riesgo la
continuidad de dos o tres de sus prefectos.
El único que resiste la decisión de la Embajada es el prefecto de
Cochabamba, Manfred Reyes Villa que, consciente de que no saldrá airoso
de las urnas, sigue denunciando la defección del resto de sus colegas,
que habían mantenido la decisión de no someterse al referéndum
revocatorio, hasta que llegó el embajador Goldberg y la contraorden de
Washington.
Y es que, en rigor, la oligarquía, los prefectos (gobernadores)
derechistas y los 100 poderosos clanes, que controlan la tierra y los
grandes negocios, han aceptado a regañadientes la instrucción de
Washington para medirse en las urnas con Evo Morales el próximo 10 de
agosto.
En esa fecha, Morales, su vicepresidente, Alvaro García Linera, y
ocho prefectos se someterán al veredicto popular que definirá si se
interrumpe ahora sus mandatos o si permanecen en sus cargos durante los
próximos dos años y medio.
Cabeza de la oposición
Según la acusación del ministro de Gobierno, Alfredo Rada, la cabeza
de la oposición y el organizador de la conjura oligárquica es el
embajador de Bush.
"Yo espero que Goldberg no esté volviendo (a Bolivia) para unificar a
la oposición de cara al revocatorio, sabemos que la oposición está
divida en torno al revocatorio, yo espero que no venga a unificar, a
hacer de articulador político de la oposición", dijo Rada, quien
denunció que, el mismo día del retorno, a principios de julio, el
prefecto de Beni, Ernesto Suárez, y otros líderes políticos de la
derecha se reunieron con los norteamericanos.
Un día después de esta reunión, Suárez, junto al prefecto de Santa
Cruz, Rubén Costas, anunció oficialmente la decisión de los opositores
para ir al revocatorio del 10 de agosto, algo a lo que se habían opuesto
tenazmente hasta antes de que retornara Golberg desde Washington, donde
fue convocado para evaluar las relaciones con Bolivia y ajustar la
política estadounidense con relación a Morales.
Después de estas reuniones y decisiones, Goldberg se reunió en La Paz
con Morales para tratar de mejorar, por lo menos en lo formal, las
relaciones diplomáticas entre ambos países. Luego de ello, Evo dijo que
las declaraciones de Rada eran de "orden personal" y no comprometían la
opinión del conjunto del gobierno boliviano, según aseguró a la prensa
el canciller David Choquehuanca.
EL PODER DE LOS GRINGOS Un día antes de que Evo y Goldberg se
reunieran en Palacio, el ministro de la Presidencia, Juan Ramón
Quintana, denunció que la Embajada de Estados Unidos gobernó Bolivia
durante los regímenes democráticos neoliberales. "En estos 30 últimos
años, la Embajada de Estados Unidos expandió su poder sobre todo el
sistema de partidos políticos. Lo que quiere decir que desde la Embajada
se gobernaba el Parlamento, el Poder Judicial y el Ejecutivo", aseguró a
la agencia gubernamental ABI2.
Votos y balas
Durante todo el siglo XX, Bolivia fue una virtual semicolonia de los
Estados Unidos, que utilizaba indistintamente el voto popular y las
urnas como el golpe militar y el terrorismo de Estado para mantener su
poder y dominio. Democracia y dictadura servían a un mismo fin y desde
antaño eran utilizadas para preservar sus intereses y acrecentar sus
millonarias ganancias derivadas del saqueo de las materias primas y los
recursos naturales.
Así, según las circunstancias y la magnitud de la resistencia y
movilización del pueblo, se servían de la papeleta electoral o de la
metralla militar para detener la lucha popular antiimperialista. En
octubre del 2003, agotada la salida militar, tras fracasar una
sangrienta represión que no pudo impedir el derrocamiento del gobierno
neoliberal, elegido democráticamente en las urnas, la insurrección
popular que amenazaba con barrer a las transnacionales y avanzaba hacia
una revolución fue orientada desde arriba hacia las urnas a fines del
2005.
El pueblo alzado, dueño de las calles, dio su voto por Evo Morales y
lo convirtió en Presidente para que gobierne a favor de los pobres, para
que eche a las transnacionales y ponga a raya a la arrinconada y
temerosa oligarquía.
Pero, al cabo de dos años y medio de gobierno, la realidad era otra:
la oligarquía controla medio país, las transnacionales ganan a manos
llenas con el gas, los minerales y la soya, mientras los pobres siguen
igual o peor que antes.
Viraje de las clases
medias
Por ello, la Embajada está segura que gran parte de la clase media
urbana, que había apostado al "cambio" al decepcionarse del
neoliberalismo y del saqueo del país, ya estaba de vuelta y lista para
darle la espalda al "indio presidente". Los referéndums realizados los
últimos tres meses en Santa Cruz, Beni, Pando, Tarija y Chuquisaca,
donde hubo una fuerte votación a favor de las autonomías propiciadas por
la oligarquía, confirman, por lo menos parcialmente, este viraje en
contra de Evo. En las ciudades del Altiplano, especialmente en La Paz,
las clases medias urbanas también están insatisfechas y sobre ellas
recae el grueso de la guerra sucia desatada por la derecha.
En esta guerra, Evo y los suyos también hacen su parte, y usan todo
lo que pueden para enlodar a sus adversarios, entregar obras y cheques
en un claro cohecho electoral, usando y abusando de los funcionarios
públicos y de los bienes del Estado en su favor.
Sigue el empate
Según las reglas definidas para el referéndum revocatorio, que aún
son cuestionadas por los prefectos y la oligarquía para deslegitimar la
gestión de Evo, se precisa por lo menos 54 por ciento de los votos
válidos para revocar el mandato de Morales o más de un millón y medio de
votos en su contra, una cifra que muy pocos creen que se pueda alcanzar.
Las proyecciones más creíbles, por lo menos hasta ahora, señalan que
Evo, su vice y sus principales opositores serán ratificados en sus
cargos, lo que consolidaría el doble poder que se da en Bolivia, con los
dos primeros gobernando en el altiplano y los derechistas con el control
del oriente y los valles.
Concluido el referéndum, la proyección de Evo es lograr un gran
acuerdo nacional con la oligarquía para preservar la democracia
representativa y fortalecer el funcionamiento del capitalismo andino.
También quiere lograr la aprobación de una nueva Constitución Política
que otorgue, por lo menos en lo formal, más derechos a las poblaciones
indígenas y abra paso a su reelección a partir del 2010.
La derecha, en cambio, ya no quiere ningún pacto con Evo, menos su
nueva Constitución y su posible reelección, y apuesta a desgastarlo y a
impedir que se mantenga en el gobierno más allá del 2010, cuando
concluye oficialmente su mandato de cinco años.
ORGANIZACIONES POPULARES
En las organizaciones campesinas, sociales, sindicales y populares
urbanas, leales al Presidente, la consigna es votar a favor de Evo y en
contra de los prefectos derechistas. Hasta ahora, la Central Obrera y
los sindicatos más radicales, que han comenzado a recuperar su
independencia de clase frente al gobierno campesino, no se han
pronunciado sobre ello, aunque han advertido que el voto no derrotará a
la derecha ni frenará la conjura oligárquica.
Según el combativo sindicato de mineros de Huanuni, que tiene gran
peso en la orientación de la Federación de Mineros y de la propia
Central Obrera, la única posibilidad para impedir la victoria de la
derecha es profundizar la lucha contra la oligarquía y las
transnacionales, expropiando los yacimientos petrolíferos, las minas y
las tierras de los latifundistas.
"Nuestra lucha debe ir dirigida a arrebatar la fuente de su poder
económico de esta minoría oligárquica y latifundista. Eso significa
luchar por el cumplimiento de las Agendas de 2003 y 2005, nacionalizando
las empresas trasnacionales y recuperando las empresas capitalizadas.
Así herimos de muerte a los gamonales, frenamos el saqueo, generamos
fuentes de trabajo y superamos, en los hechos, la pobreza ancestral a la
que nos ha sometido el capitalismo y neoliberalismo", dice uno de sus
pronunciamientos que cuestiona la permanente política conciliadora de
Evo con la burguesía.
"El gobierno ya no puede eludir irresponsablemente este camino. Basta
de concertar con los conspiradores y saboteadores del verdadero proceso
de cambio. El cambio no debe ser frase hueca sino cambio estructural
para recuperar nuestros recursos naturales y explotarlos a través del
Estado bajo control social. Nacionalizar e industrializar nuestras
riquezas debe ser el objetivo inmediato", agrega.
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NOTAS
1. La última experiencia, anterior a la de Evo, en la que la
empobrecida población boliviana votó masivamente por la izquierda fue a
fines de los años 70 a favor de la Unidad Democrática y Popular (UDP),
conformada por nacionalistas y comunistas estalinistas. La UDP llegó al
poder en 1982, tras superar una serie de golpes militares, pero sólo
gobernó en contra de los pobres, defraudando a sus votantes que viraron
hacia la derecha y al neoliberalismo desde 1985. La UDP frenó la
rebelión popular contra las dictaduras y se desgastó en su intento por
administrar la crisis económica sin afectar a la burguesía y a los
grupos de poder, y sin alterar la injusta distribución de riqueza ni
mejorar la suerte de los más pobres, a los que castigó con más inflación
y menos pan.
2. Quintana explicó que en los gobiernos neoliberales, unguidos con
el voto popular y presididos por los derechistas Jaime Paz Zamora,
Gonzalo Sánchez de Lozada, Hugo Banzer y Jorge Tuto Quiroga, entre
otros, en la Embajada de Estados Unidos se definía todas las políticas
entreguistas de nuestros recursos naturales. "Todos esos presidentes
eran marionetas" que lo único que hacían "era obedecer las decisiones
políticas que salían desde la Embajada (…) la cooperación, entre
comillas, de Estados Unidos estuvo dirigido al saqueo y la entrega de
nuestros recursos naturales y nuestras empresas".