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Citigroup, que acumula más de 15 mil millones de
dólares en pérdidas en los dos últimos trimestres, planea reducir en 10 por
ciento su plantilla de banca de inversión, lo que supone unos 6 mil 500
despidos. |
Las trasnacionales insolventes sólo son exitosas en el México calderonista.
Por
Alfredo Jalife Rame
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La Jornada, México
Exactamente dos meses después del
estallido de la burbuja de las hipotecas subprime (de baja calidad), en agosto
pasado, el imprudente y despilfarrador gobierno panista remató, o mejor, dicho,
literalmente regaló Aeroméxico a Citigroup-Banamex cuando era evidente que
sufría una severa crisis de insolvencia que lo colocaba al borde de la
bancarrota –que no ha ocurrido debido a los múltlples rescates encubiertos de la
Reserva Federal y a las pletóricas inyecciones de las petromonarquías del golfo
Pérsico (“La Reserva Federal, al rescate de Citigroup y Bank of America” –el
Fobaproa/IPAB bushiano–, 29/8/07 y “La quiebra de la Banca Negra: Citigroup, UBS,
Santander y BBV”, 3/10/07).
Cualquier novato en finanzas sabía las graves dificultades que padecían los
principales bancos anglosajones –JP Morgan Chase, Bank of America, HSBC,
Citigroup (matriz de Banamex en México) y Wachovia–, inundados hasta la médula
por los ominosos derivados, como habíamos expuesto en nuestro libro Los cinco
precios del petróleo (Ed. Cadmo & Europa, Buenos Aires, 2006).
Como el sistema financiero estadounidense es incapaz de aceptar la quiebra
estruendosa de un banco de la talla de Citigroup, principal servidor financiero
del mundo, preferirá castigar a los más valetudinarios, como Bear Stearns,
Lehman Brothers y quizá Wachovia para no tocar a JP Morgan Chase, mientras
desmantelan sigilosamente a Citigroup para no provocar tremores bursátiles.
Iain Day (The Times, 6/7/08) expone el “desmantelamiento del imperio global de
Citigroup” y revela que los “más de 50 mil millones de dólares colectados en los
meses recientes no han sido suficientes para mejorar su hoja contable”. Y esto
que aún no estalla la inmundicia de su adeudo descomunal con la especulación
frenética de sus derivados financieros, que oscilan entre 15 y 20 millones de
millones de dólares (trillones en anglosajón) frente a un proporcionalmente
magro capital de 113 mil millones de dólares. Su nuevo director, Vikram Pandit,
de 51 años y de origen indio, se encuentra bajo intenso estrés en vísperas de
los resultados del segundo trimestre, que revelarán pérdidas cuantiosas.
Todos los conocimientos especulativos que adquirió Pandit con su empresa de
hedge funds (fondos de cobertura de riesgos) Old Lane, comprada luego por
Citigroup, serán insuficientes para llenar los agujeros negros de sus faltantes
contables: tarea sisifiana que no pudieron cumplir sus anteriores dirigentes,
Charles Chuck Prince y Robert Rubin (anterior secretario clintoniano del
Tesoro). ¿Qué advendrá de las más de 200 millones de cuentas en 106 países y de
sus 358 mil empleados a punto de ser decapitados?
Iain Day nos recuerda cruelmente que Citigroup se apoderó del principal banco de
México y Latinoamérica (Banamex), por cierto, quebrado y rescatado por los
impotentes ciudadanos mexicanos en el que salió beneficiado Roberto Hernández
Ramírez, presunto prestanombres de tres ex presidentes neoliberales y a quien
Calderón regaló parte de los activos de Aeroméxico. ¡Nadie sabe para quien
trabaja! ¿En manos de quién quedará el insolvente Banamex y, de paso, quién se
quedará con Aeroméxico?
No será poca cosa el desmantelamiento de Citigroup. Paradójicamente, se trata
del mayor banco del mundo por ingresos (en lo que va del año) –aunque repleto de
adeudos ocultos– y principal tratante de los bonos del tesoro, que contaba con
los más importantes grupos de servicios financieros en Japón y con una
impresionante red en Europa, África, Rusia y el Medio Oriente.
Desde el tercer trimestre del año pasado Citigroup ha vendido más de 160 mil
millones de dólares del total de 2.2 millones de millones (trillones en
anglosajón) de sus activos hiperinflados. El problema yace en la evaluación de
sus activos, que al momento de su remate pueden perder sustancialmente su valor
debido en gran medida a su opacidad contable en los paraísos fiscales y a la
cantidad oculta que se ubica en el “nivel 3” de deuda impagable.
“Bajo la dirección de Sandy Weill –comenta Iain Day–, Citi se convirtió en el
mayor banco mundial” y “durante el reino de su sucesor, Chuck Prince, se
convirtió en una de las principales víctimas de la sequía crediticia, debido a
su inmensa exposición en los productos complejos (sic) de crédito (nota: los
ominosos derivados) que empezaron a estallar el año pasado”.
El prácticamente quebrado Citigroup “ha empezado también a sufrir el incremento
de las malas deudas de su negocio de tarjetas de crédito en EU”.
La reingeniería de Pandit ha sido deficiente, al pretender salvarse de la
hoguera mediante la vía expedita del despido masivo de 18 mil empleados este año
(quienes le importan un comino a los inhumanos bancos centrales) y de la
reducción de costos mediante el adelgazamiento del andamiaje corporativo, con lo
que pretende ahorrar 15 mil millones de dólares.
Pandit ha destinado unos escalofriantes 500 mil millones de dólares de activos
destinados a reservas (léase: para enfrentar vendavales), lo que delata su
carácter cadavérico. La mayor parte proviene del desmantelamiento de su inmenso
negocio hipotecario en EU, mientras se dispone a rematar otros segmentos.
Gary Crittenden, su director financiero, indicó que van a “recortar partes del
banco de menudeo y sus operaciones financieras al consumidor en ciertos países
donde el negocio es considerado muy pequeño”. ¡El darwinismo financiero total!
Más allá de su probable fuga de Grecia, Eslovaquia, República Checa e Italia,
llama la atención su estampida de Alemania, donde ha puesto en venta su rama por
10 mil millones de dólares, así como la liquidación de su participación por 2
mil millones de dólares en el banco HDFC, de India.
Day cita a un anónimo (el viejo truco) corredor londinense: “todo (¡supersic!)
está en venta en Citigroup”. ¿Hasta Banamex? Quién hubiera dicho, 196 años
atrás, cuando fue fundado el otrora omnipotente banco en Nueva York, y después
de haber deglutido darwinianamente a varias docenas de pequeños bancos en su
trayecto, que ahora se encuentre a punto de ser pulverizado.
De cierta manera, el ascenso y caída de Citigroup refleja el cronograma
financiero del imperio estadunidense, hoy en plena decadencia. De nada sirvió
haberse llevado Banamex y haber desmantelado el sistema financiero mexicano.