Superado el capítulo humanitario y espectacular del rescate de Ingrid
Betancourt junto a otros rehenes, se abren interrogantes sobre los próximos
pasos de Uribe y las FARC.
Por Oscar Raúl Cardoso - Clarín
De modo inevitable -más cuando superó en espectacularidad a productos del
cine de acción como Misión Imposible- pocas horas después de anunciado, el
rescate de Ingrid Betancourt y otros 14 rehenes del cautiverio de las FARC se
llenó de sospechas.
Primero fueron las supuestas filtraciones de la inteligencia israelí que
atribuyeron al Mossad parte del éxito de la operación "Jaque Mate" -algo que no
cayó bien en el Gobierno de Álvaro Uribe- luego surgieron versiones de
participación de efectivos militares estadounidenses en la operación, y
finalmente el anuncio de un emisora estatal suiza asegurando que la acción
militar no había sido tal sino un canje de los cautivos por la cifra de 20
millones de dólares.
De modo inmediato, tanto Bogotá como París -el gobierno francés de Nicolás
Sarkozy fue uno de los que más se involucró en la búsqueda de la liberación de
Betancourt- desmintieron casi a coro que hubiese habido pago de rescate alguno.
Pero las sospechas son inevitables. Hasta el buen estado de salud de los
liberados, incluyendo en esto a la Betancourt, hizo pensar a muchos cómo era
ésto posible después de años -seis en el caso de la ex senadora colombiana- en
la selva. Las últimas noticias sobre el cautiverio de Betancourt trajeron la
certeza de que ésta estaba muy enferma y que podría morir si el secuestro se
prolongaba más. Cuando emergió de su cautiverio, Betancourt sorprendió no solo
por su buen estado físico sino hasta por detalles como su dentadura sin mayor
deterioro.
Pero lo cierto es que todos estos planteos son retóricos y nadie tiene -hasta
ahora al menos- un ápice de prueba para contradecir el relato de la liberación
que Uribe y los suyos lanzaron al mundo. Y la contra imagen de este hecho es sin
duda la cuasi plena certeza de que las FARC están atravesando un momento de
deterioro crítico y, como la ropa vieja, desarmándose por las costuras.
No puede ser sino llamativo que no solo el venezolano Hugo Chávez haya tomado
distancia de las FARC hace pocas semanas -cuando la exhortó a abandonar la
guerra de guerrillas- sino también ahora de Fidel Castro, el patriarca de la
izquierda latinoamericana con aspiraciones de revolucionaria, que criticó
duramente el secuestro de civiles y militares por parte de las FARC.
La cuestión es qué sigue ahora. Habrá más tentación de violencia en ambos lados
de la divisoria colombiana Algunos comentaristas consideran esto inevitable.
Para Uribe el momento es propicio para obtener otras victorias y para seguir
inscribiéndolas en su proyecto de obtener un tercer mandato presidencial que no
figura actualmente en la ley. Y quizá sea también una oportunidad para su
ministro de Defensa Juan Manuel Santos que también quiere competir en alguna
parte de la puja electoral. Por lo demás, otras victorias militares ayudarían a
disminuir las críticas contra la ayuda económica y militar -5.4 mil millones de
dólares desde el 2000- que le brinda Estados Unidos y que, si bien estaban
destinados a la lucha contra el narcotráfico parecen haber dado más réditos en
el combate contra los insurgentes de las FARC. En materia de desmonte de
sembradíos y laboratorios de procesamiento de coca, Colombia marchó hacia atrás
con un incremento de 27% en el área sembrada durante 2007.
Para las FARC el camino de continuidad de la violencia también puede tener su
atractivo. Aun cuando los números de sus miembros merman, se estima que aun
posee 9.000 combatientes. Su nuevo jefe, Alfonso Cano -que hace poco reemplazó
al histórico Manuel Marulanda-, está obligado a afirmar su autoridad y esto
puede incluir tanto la ejecución de quienes aparezcan como los que creyeron la
falsa información de la Operación Jaque como nuevas acciones militares ofensivas
para mostrar, o intentarlo al menos, que el grupo aun es poderoso. No deja de
ser llamativo que tres ex presidentes colombianos -César Gaviria, Ernesto Samper
y Andrés Pastrana- hicieran coro en las últimas horas para aconsejarle al actual
mandatario Álvaro Uribe que insista en buscar una negociación con las FARC para
terminar las más de cuatro décadas de enfrentamiento con el grupo. No parece
esta la clase de asesoramiento para el que Uribe está predispuesto en estas
horas de triunfo personal.
Y aun si las FARC se desintegraran entre la mañana y la noche, qué pasaría Para
llenar el vacío que dejarían en su relación con el narcotráfico hay en Colombia
-dice la DEA, la policía antinarcóticos dee Estados Unidos- no menos de 300
organizaciones delictivas menores en operaciones y cuyos jefes verían la
desaparición de las FARC con tanto contento como Uribe.