Los
presidentes de los países del Mercosur, grandes exportadores agropecuarios,
responsabilizaron este martes de la carestía alimentaria mundial a los
subsidios del mundo rico y a la especulación financiera.
Por Marcela Valente -
IPS
Reunidos en la capital de la noroccidental provincia
argentina de Tucumán, los mandatarios de Argentina, Brasil, Bolivia, Chile,
Paraguay, Uruguay y Venezuela, junto a cancilleres de Ecuador, México y
Perú, manifestaron su "preocupación por la situación alimentaria mundial".
El Mercosur está conformado por Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay.
Venezuela aún no ha completado su proceso de ingreso. Bolivia, Chile,
Colombia, Ecuador y Perú son miembros asociados, estatus al que aspira
México que, mientras tanto participa en calidad de observador.
El presidente de Venezuela, Hugo Chávez, propuso crear un fondo para
emergencias alimentarias que se financiaría aportando un dólar por cada
barril de petróleo vendido por encima de los 100 dólares. De acuerdo a un
rápido cálculo que hizo, con el aporte venezolano se recaudarían unos 920
millones de dólares al año, puesto que Venezuela exporta unos 2,8 millones
de barriles diarios de crudo, según cifras oficiales.
Los demás gobernantes se centraron en las causas de la crisis de los
alimentos y expusieron duras críticas al proteccionismo de países
desarrollados, principalmente Estados Unidos, la Unión Europea y Japón, los
que más subsidian la producción y exportación de productos agrícolas.
Varias reuniones paralelas de organizaciones de la sociedad civil cargaron
también las tintas en la necesidad de asegurar la soberanía alimentaria de
la región, y exhortaron a hacerlo no sólo con asistencia, sino mediante la
creación de empleo decente.
En la declaración de clausura del encuentro, los presidentes lamentaron el
hambre que padecen "casi 900 millones de personas en el mundo", pero
señalaron que la "causa principal de la crisis es estructural y responde a
los subsidios a la producción, exportación y otras barreras" aplicadas por
el Norte industrial.
Los gobernantes se comprometieron a "seguir trabajando" para obtener un
"resultado justo y equilibrado" en las negociaciones de la Ronda de Doha de
la Organización Mundial del Comercio, en busca de un "nivel de ambición
elevado en el acceso a los mercados para la agricultura y los bienes
industriales".
La presidenta chilena Michelle Bachelet aseguró que una culminación exitosa
de esa ronda multilateral, destinada a liberalizar los mercados agrícolas,
industriales y de servicios, "va a permitir aumentar la oferta y bajar los
precios de los alimentos".
Su par de Argentina, Cristina Fernández, se centró en otra de las causas de
la crisis: el quiebre del mercado hipotecario estadounidense, que tuvo un
impacto financiero en ese país y en Europa, y que llevó a los especuladores
a "apostar" por "commodities" (productos básicos), interpretó.
La mandataria descartó que América del Sur, exportadora de alimentos, empuje
las subas de precios. Tampoco aceptó "culpar" a los países en desarrollo que
han elevado su demanda, como China, India y otras naciones asiáticas.
"Parece que el problema es que mucha gente que antes no comía o lo hacía una
vez por día, ahora come", ironizó.
Fernández recordó que junto al presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da
Silva, participó a inicios de junio en una cumbre alimentaria de la
Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura
(FAO). Allí se habló de los efectos perniciosos de los subsidios agrícolas,
pero en las conclusiones "no logramos (colocar) ni una frase", dijo.
"Tenemos que plantarnos como región ante estos problemas", exhortó Fernández
y remarcó que los países del bloque regional y sus asociados no sólo están
creciendo, sino que tienen más consumo interno de alimentos y sin embargo
aumentan el volumen de producción y de exportaciones.
Lula pidió crear un grupo de alto nivel para discutir de seguridad
alimentaria. En ese grupo, que debería tener "extrema calidad científica y
técnica", los integrantes podrían estimar el impacto de los distintos
biocombustibles en la oferta de alimentos.
El presidente brasileño está preocupado por diferenciar el combustible
eficiente que se fabrica en su país a base de caña de azúcar, el etanol, y
el que se refina del maíz en Estados Unidos, protegido con subvenciones
internas y barreras arancelarias.
Respecto de la especulación financiera, Lula ordenó a un grupo de
economistas investigar los llamados mercados de futuro. "¿Qué hay detrás de
eso?", se preguntó. "Puede ser extremadamente grave que un productor venda
sin producir lo que cosechará dentro de tres años", alertó.
El mandatario de Uruguay, Tabaré Vázquez, también protestó porque "se
intenta hacer aparecer a los países que producimos alimentos como los
responsables de la crisis". "Nos piden que abramos nuestras economías, pero
ellos fijan subsidios, cuotas y cierran sus mercados", cuestionó.
Bachelet recordó que la carestía amenaza con expandir la pobreza y atenta
contra la lucha para desterrar el hambre, la mortalidad infantil y materna,
parte de los Objetivos de Desarrollo del Milenio a los que se comprometió la
comunidad internacional en 2000.
El presidente de Bolivia, Evo Morales, sostuvo que la alimentación "es un
derecho humano básico" y que es obligación de los gobiernos hacerlo
efectivo. "Hay grupos que especulan, empresarios que quieren sólo hacer
plata, pero hay que dar respuesta a nuestros pueblos", dijo.