"Soy el mono Veloza." Eso era lo único
que debía decir el jefe paramilitar Éver Veloza, alias "HH", para
entrar a la Brigada 17 del ejército en Urabá, zona bananera al norte
del noroccidental departamento colombiano de Antioquia.
Por
Constanza Vieira -
IPS
Su organización, Convivir Papagayo, que operaba en
esa zona, tenía la sede detrás de la Brigada 17. Para llegar a ella
era necesario pasar por retenes del ejército, contó "HH", quien
ahora confiesa sus crímenes a la justicia para obtener beneficios.
Estas asociaciones de "vigilancia y seguridad privada" fueron
promovidas por el actual presidente Álvaro Uribe en su periodo como
gobernador de Antioquia (1995-1997).
Para la Comisión Colombiana de Juristas (CCJ), las Convivir eran
"verdaderos grupos paramilitares al amparo del Estado, u
organizaciones que actuaban en conjunto y coordinadamente con los
grupos paramilitares".
O, como dijo "HH" en audiencias en marzo: "No nos digamos
mentiras... Todas las Convivir eran nuestras."
Para algunos, las Convivir y los procesos conocidos como juicios "de
la parapolítica" --referidos a los nexos de dirigentes oficialistas
con paramilitares--, estarían tras la controvertida propuesta de
Uribe, casi a medianoche del jueves, de convocar a un referendo para
"repetir" las elecciones de 2006.
Un tercio del parlamento --por ahora-- está implicado en la "parapolítica".
Treinta y cuatro legisladores están en la cárcel, incluido un primo
de Uribe y principal aliado político suyo, Mario Uribe.
Algunos ya han sido condenados, entre ellos varios confesos.
Igual que otros implicados, el primo del presidente renunció a su
escaño en el Senado para evitar ser juzgado por la Corte Suprema de
Justicia. Por lo tanto, su caso pasó a la Fiscalía General de la
Nación, encabezada por un viceministro de Justicia del primer
periodo de gobierno de Uribe.
Horas antes del anuncio de Uribe, la Corte determinó que altos
funcionarios recurrieron a la corrupción para lograr la reforma
constitucional que permitió la reelección presidencial inmediata, en
2006.
La crisis política que estalló es considerada por analistas la peor
desde 1948, cuando el asesinato del líder liberal Jorge Eliécer
Gaitán abrió el periodo de enfrentamientos conocido como "La
Violencia" y que preludió la actual guerra civil.
La corrupción tiene una "capacidad desestabilizadora tan grave como
el terrorismo, el narcotráfico o la pobreza", dice la condena de la
Corte Suprema de Justicia a la ex parlamentaria Yidis Medina, quien
se autoinculpó.
Medina entregó a los tribunales pruebas de que en 2004 votó a favor
de la reforma a cambio de empleos públicos para sus simpatizantes y
contratos con el Estado.
Además, implicó, entre otros, a Uribe y a tres entonces miembros de
su gabinete: el ministro del Interior y de Justicia y actual
embajador en Italia, Sabas Pretelt, el de Protección Social, que
mantiene el cargo, Diego Palacios, y el secretario general de la
Presidencia Alberto Velásquez.
La ex legisladora aseguró que los funcionarios le ofrecieron
prebendas para que votara por la reforma constitucional
reeleccionista, con el argumento de que estaba en peligro "la
supervivencia del Estado".
También dijo haber recibido amenazas de muerte de su jefe político,
Iván Díaz, para que votara la reforma. Díaz es hermano de un
paramilitar de la región del Magdalena Medio, de donde procede
Medina.
La Corte Suprema de Justicia consideró "inaudito" que desde altas
esferas del poder se impulsara "la desinstitucionalización al
promover el quebrantamiento de las reglas básicas del modelo de
Estado, (…) en busca de un beneficio particular", y llegando hasta
"conductas punibles".
Sentenció, además, que hubo una "desviación de poder" por esos
hechos, y envió copia, entre otras instancias, a la Corte
Constitucional, para que reconsidere la legalidad de la reforma.
El fallo de la Corte Suprema cita una frase del tercer presidente de
Estados Unidos, Thomas Jefferson (1743-1826): "Los fines políticos
no justifican medios inmorales."
Ante la sentencia, el gobierno se declaró en rebeldía. Uribe acusó a
los magistrados de la Sala Penal de la Corte de haberse "prestado"
para "la trampa del poder del terrorismo agónico".
Su asesor José Obdulio Gaviria consideró que los argumentos de la
Corte son iguales a los de las guerrilleras Fuerzas Armadas
Revolucionarias de Colombia (FARC).
Por su parte, Uribe acusó a la Corte Suprema de aplicar "justicia
selectiva" y "presionar indebidamente, mediante abuso de poder y
usurpación de competencias, a otros órganos" de justicia.
En la tarde del viernes, tanto Uribe como el Alto Comisionado para
la Paz, Luis Carlos Restrepo, acusaron también a los magistrados de
tener nexos con el narcotráfico.
Restrepo entregó a la Comisión de Acusaciones del parlamento, de
mayoría oficialista, un documento de 88 páginas según el cual la
Corte Suprema de Justicia está "infiltrada" por el paramilitarismo,
comandado por narcotraficantes.
A su vez, el ministro Palacios denunció por "mentirosos" a los
magistrados ante la misma comisión.
Analistas calificaron la respuesta gubernamental de "desaforada" y
de "diatriba" contra la Corte Suprema de Justicia, y subrayaron que
el tribunal no cuestionó el resultado electoral sino la aprobación
legislativa de la reelección.
La Procuraduría General de la Nación, que vigila el comportamiento
de los funcionarios, anunció la apertura de una investigación por
abuso de funciones contra Pretelt y Palacios, la cual podría derivar
en su inhabilitación para ocupar cargos públicos.
Una comisión "académica" de oficialistas nombrados por Uribe, que no
reciben remuneración, está dedicada desde mayo a diseñar una
"reforma a la justicia", según la cual podría crearse una "súper
corte" por encima de las previstas en la Constitución.
"Estamos presenciando el desarrollo de un golpe de Estado muy sutil
en Colombia", dijo el parlamentario izquierdista Gustavo Petro.
"Nos preguntamos si el aferramiento enfermizo al poder hace que
estemos transitando el camino de un golpe de Estado o el peligro de
una disolución de las Cortes", advirtió el Comité Permanente por la
Defensa de los Derechos Humanos en un comunicado.
Doce organizaciones humanitarias se adelantaron el 17 de junio a
solicitar a la Corte Constitucional que reconsidere su aval, dictado
en octubre de 2005, al acto legislativo que permitió la reelección.
Las organizaciones invocan tres hechos que dejaron al descubierto
delitos cometidos por impulsores de la reforma y conocidos luego de
su aprobación.
El primero, las alianzas estratégicas, selladas desde mediados de
2001, entre políticos y paramilitares de ultraderecha, para "refundar
el país y crear un nuevo contrato social", como reza un texto que
lleva las firmas de políticos, narcotraficantes y ganaderos.
El segundo son los procesos "de la parapolítica", que muestran la
aplicación práctica de esas alianzas. Según los propios
paramilitares, en las elecciones de 2002 lograron 35 por ciento de
los escaños parlamentarios, y en los comicios de 2006, aun más.
El tercero es la posible ilegalidad de la votación de la reforma en
el parlamento. La Corte Constitucional debe revisar en qué
proporción los entonces parlamentarios apoyaban el proyecto de
institucionalización paramilitar, según la demanda.
Como hasta ahora esa Corte no revisa sus propios fallos, los
juristas proponen aplicar, por analogía, el recurso de revisión que
existe en la justicia penal, civil y administrativa.
"Si la Corte no acepta la revisión, implica imponer la tesis según
la cual el crimen es la fuente del derecho en Colombia", advirtió
Eduardo Carreño, vicepresidente del Colectivo de Abogados José
Alvear Restrepo, una de las organizaciones demandantes.
Si la Corte Constitucional revisa su sentencia, se tendría que
convocar a nuevas elecciones, previa renuncia de Uribe, estimó.
Según encuestas, Uribe tiene 84 por ciento de popularidad. Se prevé
que el parlamento de mayoría oficialista aprobará la convocatoria a
referendo anunciada por el presidente.
"En la práctica", el procedimiento implicaría un nuevo mandato de
Uribe "por aclamación", según observadores consultados por IPS.
El presidente no ha anunciado su tercera candidatura, pero el
principal partido oficialista ya recolectó suficientes firmas para
tramitar una nueva reforma constitucional que habilite la reelección
para quien haya sido presidente en dos oportunidades consecutivas.
El mandatario dijo que se debe reelegir su política de "seguridad
democrática", que ha restado territorios a la guerrilla y aumentado
las garantías a la inversión extranjera.