El viernes 20 de junio Potosí fue teatro de una ofensiva violenta del
empresariado minero, utilizando a los cooperativistas.
Corriente Marxista Internacional
Unos 700 cooperativistas mineros - incitados
por concesionarios de minas y dueños de ingenios mineros - destruyeron
totalmente el edificio de Impuestos Nacionales, tomaron la Alcaldía y la
Prefectura en la central Plaza 10 de Noviembre y bombardearon con dinamita
la Corte Departamental Electoral y la Radio Kollasuyo. El aire en el centro
ciudadano estaba impregnada de humo y olor a dinamita, fueron dinamitados
palacios, calles y tiendas particulares que se encuentran en el casco
antiguo de la Villa Imperial, patrimonio histórico de humanidad.
Los cooperativistas involucrados en los sucesos, una pequeña minoría de
la masa de cooperativistas mineros de la ciudad, buscaban provocar la
policía y las organizaciones como la Federación Departamental de
Trabajadores Campesinos que en los días anteriores les había amenazado con
ocupar minas y bocaminas. Una parte intransigente de la Federación
Departamental de Cooperativistas Mineros (FEDECOMIN) ha tenido Potosí
aislada y paralizada por dos semanas con el bloqueo de todos los puntos de
acceso y de las principales calles internas de la ciudad, protestando en
contra del Decreto Supremo anunciado por el gobierno que impone el cobro del
IVA (un 13%) en el sector minero.
El gobierno aseguro a la Federación Nacional de Cooperativas Mineras (FENCOMIN)
y la FEDECOMIN Potosí que este gravamen deberá ser pagado sólo por las casas
comercializadoras de mineral y no por los productores. Sin embargo frente al
temor de los cooperativistas que las intermediarias les traspasen el pago de
ese tributo el gobierno había aceptado congelar la promulgación del decreto
por 60 días, buscando formas de garantía para el sector cooperativista, con
el cual fue abierto un dialogo que incluye nuevas concesiones mineras. Este
acuerdo fue rechazado por la dirección de la FEDECOMIN potosina, que al
contrario ha ido radicalizando las medidas de presión hasta el extremo de la
toma violenta de las instituciones departamentales y la quema del edificio
de Impuestos Nacionales.
Con estas medidas los dirigentes de la FEDECOMIN no están defendiendo los
intereses de los cooperativistas y del sector, sino los grandes
concesionarios mineros, la oligarquía minero feudal y los empresarios de
ingenios mineros que son dueños, a través de concesiones mineras, de
millares de hectáreas en el departamento. Una página solicitada publicada en
el periódico local El Potosí mostraba como estos verdaderos empresarios, que
hablan en nombre de sus jornaleros, sean todos exponentes del viejo sistema
político partidario, ex diputados y senadores de ADN, MNR y MIR, y tengan
ingresos de millones de dólares anuales. Si fuera aplicado hoy este impuesto
- que tiene carácter retroactivo - estos empresarios deberían al Estado
montos considerables.
La cuestión económica la clave para interpretar esta protesta. La
situación política y social boliviana se viene caracterizando por una
creciente polarización social que el referéndum revocatorio del próximo 10
de agosto no pudo desactivar. Por un lado una marcha popular en El Alto casi
acaba con la toma de la embajada de EEUU y jóvenes universitarios paceños
fueron incautados con dinamita que querían llevar a Tarija al intento de
"desbaratar la oligarquía de la media luna", por el otro está claramente en
marcha un plan de la burguesía nacional, respaldado por el imperialismo,
para desestabilizar el país. No solo sigue el proceso autonómico en los
departamentos del oriente boliviano gobernados por la derecha con sus
intentos separatistas y su demagogia social, también hay el paro productivo
anunciado por la Confederación de Empresarios Privados que acusa el gobierno
de "estatismo socialista", y sigue la amenaza representada por las bandas
fascistas de Santa Cruz.
Unos exponentes de la Unión Juvenil Cruceñista fueron tomados presos
mientras esperaban la llegada a Santa Cruz de Evo Morales apostados con
rifles de precisión en un lugar con vista al aeropuerto. Su posterior
liberación bajo el pretexto que en Bolivia no es prohibido llevar armas es
la prueba que los poderes del Estado siguen en mano a la oligarquía. Potosí
representa un departamento fronterizo en la confrontación que se prepara,
por el papel de la oligarquía minero feudal y también por la presencia del
alcalde de la ciudad, René Joaquino Cabrera, individuado como una
alternativa a Evo Morales y a la derecha tradicional por muchos exponentes
de la burguesía nacional.
Candidato de la derecha
La protesta del empresariado minero potosino fue inmediatamente
respaldada por el alcalde de la ciudad, que impulsó los trabajadores de la
alcaldía a sumarse a los cooperativistas y salió finalmente a la luz con
declaraciones publica en apoyo al neo nacido movimiento Autonomía Para
Potosí, cuya propaganda, como se puede apreciar en la foto, es financiada
directamente y desenmascaradamente por la Federación de Empresarios Privados
de Potosí (FEPP).
La situación de la minería boliviana sigue siendo caracterizada por la
incertidumbre y los rasgos del sistema de saqueo rearticulado plenamente en
las dos décadas de gobiernos anteriores. Sigue vigente el Código de la
Minería promulgado por Gonzalo Sánchez de Lozada, uno de los principales
empresarios mineros del país, que entre otras abroga el sistema de la
regalía e introduce los contratos de arrendamientos y de riesgo compartido
con los cuales concesionarios y multinacionales aprovechan sin control ni
fiscalización de este recurso estratégico del país. Además con el actual
sistema tributario se cae en la paradoja que exportando más los empresarios
mineros paguen menos pudiendo acreditar el Impuesto a las Utilidades de la
Empresas al Impuesto Complementario Minero.
Las multinacionales mineras, principalmente norte americanas, siguen
dueñas del sector: la Apex Silver por ejemplo es arrendataria del proyecto
San Cristóbal, una de las más grandes minas de estaño del mundo, donde esta
multinacional empleando tan solo 250 trabajadores sacará utilidades por
15.000 millones de dólares, dejando migajas y daños al medio ambiente para
los bolivianos. El imperialismo está presente también en toda la cadena
productiva, en el crédito y en la comercialización de minerales. Esta
situación de explotación y saqueo salvaje es una presencia fuerte y
constante en Potosí, el departamento más pobre de Bolivia aunque sea el más
rico en minerales de todo tipo, inclusive uranio y litio.
Por esto la reacción popular a la devastación procurada el pasado viernes
por esta pequeña, aunque bien armada, minoría de cooperativistas, fue
rabiosa aunque desorganizada. Decenas y decenas de trabajadores, campesinos,
amas de casas y gente humilde se dirigió espontáneamente a la plaza cercada
por las fogatas gritando "que paguen", presionando y obligando los
cooperativistas a disparar más dinamita para desalojarles. En las radios la
gente llamaba protestando por la destrucción de las instituciones potosinas
y expresando su firme rechazo a la oligarquía minero feudal.
Faltó hasta hoy una organización que sepa representar el instinto de las
masas y dirigirlo a retomar las calles en esta que puede ser una batalla
decisiva en el departamento y a nivel nacional. En el plan de la derecha
está manifestándose la intención de proceder a la toma de instituciones
públicas para legitimar la autonomía departamental, y en este caso los
sucesos de Potosí representarían las pruebas generales de un movimiento más
amplio.