Los 100 clanes ratificaron en las urnas
y las calles que son los amos y señores de la mitad de Bolivia. Evo se lamenta,
aunque usa el avance de la derecha para desarmar la lucha de los más pobres.
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La oligarquía y los 100 clanes que son dueños de la tierra y los negocios
cosecharon el domingo 22 su cuarta victoria electoral y ratificaron en las urnas y
las calles que son ellos, y nadie más, los amos y señores de la mitad de
Bolivia. Evo se lamenta, aunque usa el avance de la derecha para desarmar la
lucha de los sindicatos y de los más pobres
El departamento de Tarija,
donde se concentra cerca del 80 por ciento de las reservas de gas y petróleo de
Bolivia, se sumó este domingo a otras tres regiones que están en rebeldía y
desacato contra el presidente indígena Evo Morales.
Aunque con un fuerte nivel de abstención (cerca del 35%), una masiva y
contundente votación (78% de los votos emitidos) dio su respaldo al proyecto
autonomista impulsado por la oligarquía y los 100 clanes, que son dueños de la
tierra y los negocios, y que ahora comienzan a consolidar el poder que tienen en
Santa Cruz, Beni y Pando en el oriente y Tarija en el sur, donde el presidente
indígena ya no tiene pisada ni acogida.
Perdido el control real sobre estas cuatro regiones, de las nueve que tiene
el país, el presidente Morales comenzó también a ser acosado en las regiones del
Altiplano, como en Potosí, donde los grupos empresariales y dueños de las
cooperativas e ingenios mineras cercaron este viernes la ciudad, quemaron
instituciones públicas y desconocieron la autoridad y la ley. Allí, el Gobierno
de Morales se vio obligado a transar con los revoltosos. En otras dos regiones (Chuquisaca
y Cochabamba) los sediciosos de derecha cuentan también con gran fuerza.
“Hay un plan de desestabilización contra la gestión del presidente Evo
Morales impulsado por los prefectos y cívicos de la "media luna" (las cuatro
regiones en desacato), acusó el ministro de Gobierno, Alfredo Rada, que cree que
otra huelga patronal en ciernes para evitar tanto el pago de impuestos como el
control de los precios de los alimentos, esta vez a nivel nacional, forma parte
de la conjura.
En esta espiral de acciones contra el gobierno indígena – campesino también
están incorporados los empresarios del transporte, que amenazan con bloquear
todos los caminos principales del país. Todos ellos quieren mantener sus
privilegios, no pagar impuestos y, de paso, debilitar y cercar aún más a
Morales, que sólo parece tener fuerza y entereza para impedir que los sindicatos
y organizaciones populares salgan a la calle para frenar y combatir a una
oligarquía, que en los hechos ya ha forjado un gobierno paralelo en el país.
Freno a la lucha antioligárquica
Esta nueva escalada de la derecha oligárquica y fascista se da tras que fuera
abortada, desde el Palacio de Gobierno, la huelga y bloqueo de caminos que
estaba alistando la Central Obrera Boliviana (COB) para obligar al presidente
Morales a sofocar la rebelión de los ricos y, al mismo tiempo, atender de
inmediato las demandas sociales y económicas de los más pobres.
La movilización de la COB, desbaratada por el mismo Evo y los sindicalistas
que le son leales, buscaba presionar para que se cumpla con la denominada
“agenda de octubre”, que postula la expropiación a dominio estatal de las
empresas transnacionales del gas, petróleo y minerales, la expropiación de los
latifundios y la entrega de tierras para los campesinos, el aumento general de
sueldos y salarios, el control de precios de los alimentos y la aprobación de
una nueva ley de pensiones.
La frustrada ofensiva popular se orientaba a liquidar el poder económico de
la oligarquía y de los 100 clanes (expropiando sus tierras y nacionalizando las
agroempresas alimentarias), retomando las banderas de las insurrecciones
populares del 2003 y 2005 que acorralaron a las fuerzas que hoy fogonean contra
Morales, que paradójicamente parece sentirse mucho más cómodo bajo la presión de
la oligarquía que de los sindicatos.
Temor al desborde social
Evo, según confesó el propio Presidente a la revista local “Cosas”, teme que
un desborde social de los trabajadores y campesinos arrase con la burguesía
agrofinanciera y acabe con su proyecto de impulsar la inversión extranjera y su
capitalismo andino sustentado sobre la base del respeto a la inversión privada
nacional y extranjera.
“¿Sabes de qué tengo miedo? Quiero que sepan que no tengo miedo a la
oposición (derechista, NdR). Como decía, eso es parte de una lucha permanente,
histórica durante la Colonia y la República, durante el modelo neoliberal. No le
tengo miedo ni a un golpe de Estado, ni a un grupo de fascistas-racistas (…)los
conspiradores, el Gobierno de Estados Unidos junto a esos grupos oligárquicos
(…) El miedo que tengo es que la gente que nos apoya se levante, que los
sectores opositores menores arrasen, es una gran confrontación, a eso tengo
miedo yo”.
“No sé si han escuchado cuando he ido a Llallagua (centro minero), todos los
dirigentes mineros y mayormente el campesino indígena: “Presidente, díganos hora
y fecha, y vamos a ir a Santa Cruz (a acabar con la burguesía, NdR)”.
Resultados de la conciliación
Desde el inicio de su gobierno, Evo ha frenado las luchas sociales y ha
buscado una alianza con la burguesía agrofinanciera y con las transnacionales, a
quienes quiere convertirlas en sus socias, a pesar que éstas lo desprecian y ya
no quieren saber nada de él.
Esta política conciliadora y suicida alienta a la derecha fascista, que
lidera las protestas sociales de los sectores que sufren por alza del costo de
vida y que creen que con la autonomía saldrán de la extrema pobreza.
Como señala la Central Obrera de Oruro, "el Gobierno de Evo Morales surgido
como consecuencia de las luchas sangrientas del pueblo contra la oligarquía,
tiene como base de su política la concertación y la convivencia con el enemigo
de clase, compuesto por los pocos ricos de este país, culpables de la pobreza,
atraso y desempleo en nuestro país (…) En ese sentido, su política de pactos con
la derecha, que terminaron en acuerdos de claro retroceso para el pueblo, como
se puede advertir en la Ley de convocatoria a la Asamblea Constituyente y los
acuerdos de la suprapartidaria, entre otras, nunca conformarán a la clase
capitalista, detentadora del poder y de los gobiernos durante la casi totalidad
del período republicano, así como también no serán solución definitiva a los
problemas de nuestro pueblo empobrecido".
Control sobre los sindicatos
Gracias a esta política de conciliación con la derecha, Evo ha perdido el
control de la mitad del país, aunque ha mantenido su dominio sobre los
sindicatos y organizaciones sociales y populares del altiplano, por la profusa y
demagógica retórica antiimperialista y anticapitalista que usa y, sobre todo,
por el mismo avance de la derecha que le permite amordazar a los sectores de
izquierda, por lo menos hasta ahora.
El control gubernamental sobre los sindicatos, a los que esteriliza como
instrumento de lucha para mejorar la suerte de los trabajadores, se da a través
de los dirigentes oficialistas, mediante la entrega de prebendas y ventajas
económicas y con la coerción y represión de los disidentes. Este viernes, por
ejemplo, se dio una muestra de ello cuando el propio Evo, en Palacio de
Gobierno, regaló un flamante vehículo marca Toyota modelo 2008 al sindicato de
la Empresa Minera Huanuni del departamento de Oruro.
"Hemos entregado anteriormente vehículos al sector campesino indígena y ahora
estamos empezando con otro sector de trabajadores para seguir fortaleciendo a
las fuerzas sociales", dijo Morales según reseña la agencia gubernamental ABI.
Rumbo al revocatorio
Derrotado en los cuatro referéndums separatistas, ahora Evo apunta a la
realización de un referéndum revocatorio para el 10 de agosto que definirá si el
Presidente, el Vicepresidente y ocho de los prefectos (gobernadores) son
ratificados o removidos de sus cargos.
"Si mañana fuera el referendo, yo sé que pasamos el 54 por ciento (de apoyo
electoral). Hasta me atrevería (a decir) que mejorará ampliamente", dijo al
señalar que el 10 de agosto cambiará el mapa político regional de Bolivia, donde
actualmente seis departamentos están gobernados por opositores y tres por
prefectos oficialistas.
"Yo, por lo menos, estoy convencido de que muchos (prefectos opositores) van
a ser revocados. Ojalá todos. Así no habrá una tranca, así no habrá bloqueadores
de este proceso de cambio", agregó al acusar a la "derecha neoliberal" de estar
preparando "una guerra económica cruel contra el pueblo", de cara al referendo
del 10 de agosto, para responsabilizar al Gobierno de la inflación y de la
escasez de alimentos.
Perspectivas
Morales demandó este domingo a los prefectos de la denominada "media luna" no
ser "cobardes" y someterse a la voluntad del soberano para que evalúe sus
gestiones con el voto y de esta manera fortalecer la democracia en el país.
"Quieren suspender el revocatorio. Yo quiero decirles a todos los prefectos
neoliberales que no se escapen del voto del pueblo, que se sometan al pueblo
boliviano”, agregó.
Lo más probable es, sin embargo, que el voto popular en el referéndum del 10
de agosto ratifique en sus cargos a Evo y a sus principales oponentes, con lo
que se consolidaría la situación de doble poder que vive Bolivia, con Morales
gobernando en el altiplano y la oligarquía y los 100 clanes gobernando en los
valles y el oriente. Con ello se estaría formalizando una situación que difiere
radicalmente con la vivida en las jornadas del 2003 y 2005, cuando la oligarquía
corría el riesgo de ser sepultada por las masas insurrectas. Por ello, el
poderío que hoy ostenta la derecha es todo un triunfo del imperialismo
norteamericano, según el análisis de James Petras, uno de los sociólogos más
lúcidos de la actualidad.
“El único éxito conseguido por la administración Bush en los últimos tres
años (en Sudamérica, NdR) es el proceso de Bolivia gracias a la impotencia del
gobierno de Evo Morales, y la oportunidad que se ha abierto para las fuerzas
separatistas en Santa Cruz. Ese se podría decir que es el único lugar donde las
políticas del gobierno norteamericano se han impuesto abiertamente en estos
últimos tiempos”, dijo Petras.
La existencia de dos poderes contrapuestos es tan visible que en los últimos
30 días, por ejemplo, el presidente Morales no pudo llegar a cinco ciudades
(Sucre, Villamontes, Riberalta, Santa Cruz y Tarija) debido a la acción de los
grupos fascistas de choque que tienen el control de esas regiones.
Y, en perspectiva, esto es lo que
legitimaría el próximo referéndum, a no ser que los sindicatos y organizaciones
populares revolucionarias se liberen del control gubernamental, recuperen su
capacidad de movilización y usando la acción directa de masas destruyan el
esquema de distribución del poder que a la mala y de facto están armando Evo y
la oligarquía.
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