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El Banco del Sur, cuya Acta Fundacional se
firmó en diciembre a iniciativa de Venezuela, tiene entre sus socios a
Argentina, Bolivia, Brasil, Ecuador, Paraguay y Uruguay. |
Sostener el crecimiento
económico alcanzado por América Latina y el Caribe requiere cambios
en los centros de financiamiento internacional para el desarrollo,
pero también una nueva arquitectura financiera en la región, con
novedades como el Banco del Sur y un trato deferente para la deuda
de los países caribeños.
Por Humberto Márquez - IPS
Esa es la principal conclusión de una reunión
celebrada el 20 de este mes en la sede caraqueña del Sistema
Económico Latinoamericano (SELA), consagrada a examinar el Consenso
de Monterrey seis años después de su adopción.
El Consenso de Monterrey fue adoptado por la Conferencia
Internacional sobre la Financiación al Desarrollo, que se llevó a
cabo en esa ciudad mexicana entre el 18 y el 22 de mayo de 2002, con
el auspicio de la Organización de las Naciones Unidas. Una reunión
de alto nivel analizará en Doha, del 28 de noviembre al 2 de
diciembre de este año, la aplicación de ese Consenso.
La primera tarea de América Latina y el Caribe de cara a ese examen
es "fortalecer su capacidad de interlocución frente a los más
importantes actores globales, evidenciando la unidad regional", dijo
a IPS el mexicano José Rivera, secretario permanente del SELA, que
reúne a 26 estados de la región.
"Hoy, con el triple shock que amenaza a nuestros países, financiero,
alimentario y energético, resulta más urgente concretar mecanismos
de cooperación e integración, si queremos lograr un desarrollo
sostenible con equidad social", afirmó Rivera.
"Necesitamos una nueva arquitectura financiera regional, porque
décadas de políticas neoliberales, en vez de contribuir a nuestra
soberanía y seguridad, nos han colocado en una posición de riesgo,
como en el caso de la actual crisis de los alimentos; no de
hambruna, pero sí de carestía", dijo a IPS el ministro ecuatoriano
de Coordinación de la Política Económica, Pedro Pérez, presente en
la reunión.
El Consenso de Monterrey planteó una "asociación global" entre
países industriales y en desarrollo para dar respuesta a las
necesidades de financiamiento, sobre seis pilares, entre ellos la
atracción hacia el Sur de flujos de recursos internacionales.
Esos flujos "en los últimos años se han dirigido mayoritariamente
hacia otras regiones del mundo, a mercados más dinámicos, como
China, India, el sudeste asiático, y entre los mismos países
desarrollados", dijo Rivera.
"Yo creo que la clave para atraer esos flujos está en nuestra
integración, que nos vean integrados", subrayó el número uno del
SELA.
La inversión extranjera directa en los países en desarrollo, en
dólares corrientes, fue de unos 162.000 millones en 2002, de los
cuales 51.783 millones llegaron a América Latina y el Caribe, es
decir, un 32 por ciento, según cifras del Banco Mundial y de la
Comisión Económica para América Latina y del Caribe (Cepal).
En 2007 la región captó 102.800 millones de dólares como inversión
extranjera directa, un aumento de 97 por ciento en cinco años, pero
esa cifra representó menos de la cuarta parte de ese tipo de
recursos dirigidos al conjunto de los países en desarrollo.
Por contraste, las remesas hacia la región de inmigrantes que viven
en los países desarrollados han ido en aumento, al pasar de 28.000
millones de dólares en 2002 (1,7 por ciento del producto interno
bruto latinoamericano y caribeño) a 60.000 millones en 2007 (1,9 por
ciento del PIB).
Otros pilares señalados en Monterrey fueron la movilización de los
recursos internos; la promoción del comercio internacional; la
cooperación internacional; el manejo sostenible de la deuda externa;
y el aumento en la coherencia y consistencia del sistema monetario y
financiero y del comercio internacional.
Respecto de los recursos internos, la formación bruta de capital en
la región pasó de acumular 320.000 millones de dólares en 2002 a
690.000 millones en 2007, y el ahorro bruto doméstico pasó de
328.000 a 740.000 millones de dólares.
En proporción, representan 21 y 22 por ciento, respectivamente, del
PIB total de la región, cifrado por el Banco Mundial en 3,33
billones de dólares para 2007, mientras que en el conjunto mundial
de los países con ingreso bajo y medio la formación bruta de capital
es de 29 por ciento y el ahorro interno de 32 por ciento con
respecto al PIB.
En sus conclusiones, los delegados de países miembros el SELA
abogaron porque en la región se constituyan fondos de inversión para
apoyar la micro, pequeña y mediana empresa, y utilizar parte de las
reservas acumuladas --con el viento a favor de mayores precios por
sus materias primas-- para financiar proyectos de integración y
desarrollo económico regional.
La región pasó ya en 2006 los 300.000 millones de dólares en
reservas, según la Cepal.
"Se necesita una red de apoyo entre los bancos centrales de nuestros
países, activar el Banco del Sur, abrir mayores posibilidades a un
mercado regional de capitales y utilizar formas de compensación de
pagos con uso de nuestras monedas", dijo Pérez.
"La construcción de un sistema de soberanía monetaria puede ser una
respuesta de nuestros países, pues estamos ante una crisis del
régimen de acumulación, que ha puesto al capital productivo en
situación de servidumbre frente al capital financiero", indicó.
Ecuador, que carece de moneda propia y donde circula libremente el
dólar, "es quizá el país que más necesidad tiene de que se recuperen
espacios de gestión de la política financiera regional", agregó
Pérez.
El Banco del Sur, cuya Acta Fundacional se firmó en diciembre a
iniciativa de Venezuela, tiene entre sus socios a Argentina,
Bolivia, Brasil, Ecuador, Paraguay y Uruguay. Su propósito es
convertirse en banco de desarrollo sudamericano.
El venezolano José Ferrer, vicepresidente de Banco Central, apoyó la
idea de que el Banco del Sur impulse un mercado de valores regional
en el cual se negocien títulos en monedas nacionales. "Es una
oportunidad para crear un mecanismo endógeno de financiamiento en la
región", declaró.
Respecto del comercio internacional, la reunión insistió en el
reclamo regional por "reglas equitativas y justas en el sistema
multilateral de comercio y la eliminación del proteccionismo
agrícola de los países desarrollados".
Las exportaciones de la región se han más que duplicado en cinco
años (401.000 millones de dólares en 2002 y 849.500 millones en
2007), pero representan una cuarta parte del PIB mientras que en el
conjunto de los países con ingresos bajos y medios, las ventas al
exterior alcanzan 32 por ciento del producto.
Sobre la cooperación internacional, la región insiste en que el
Norte industrializado cumpla el viejo compromiso de destinar 0,7 por
ciento de su PIB como ayuda oficial al desarrollo (AOD). Sólo cinco
países europeos cumplen ese estándar.
El indio Amar Bhattacharya, representante en la reunión del Grupo de
los 24 (creado en 1971 para coordinar a países de Asia, África y
América Latina en temas monetarios y de financiamiento) dijo a IPS
que, además, "muchos donantes dirigen los recursos a países en
desarrollo por intereses más políticos que de desarrollo".
"Eso lleva recursos de AOD a países como Iraq, Afganistán, Nigeria o
el Congo, pero no a programas que también los requieren en Honduras
o Guatemala", dijo Bhattacharya.
Más aún, advirtió Rivera, en estos tiempos de carestía de los
alimentos, la AOD alimentaria dirigida a la región disminuyó, de
1.086 millones de dólares en 2002 a 891 millones en 2007.
De los 105.292 millones de dólares en AOD que fueron a los países en
desarrollo el año pasado, apenas 6.910 millones, el 6,5 por ciento,
se dirigieron a América Latina.
Respecto de la deuda externa, América Latina y el Caribe muestra una
mejoría relativa, pues en 2002 la suya era 33 por ciento del total
de los países en desarrollo, pero en 2007 se ubica en 22 por ciento.
No obstante, siguió creciendo en términos nominales, al pasar de
776.473 a 787.639 millones de dólares en esos cinco años, en tanto
su servicio (pagos de capital e intereses) pasó de 127.784 millones
de dólares en 2002 hasta 134.974 millones en 2007.
La reunión abogó por un trato especial para los pequeños estados
insulares del Caribe, con deudas que alcanzan 12.000 millones de
dólares en los países anglohablantes, una cifra similar para Cuba y
unos 6.800 millones para la República Dominicana.
También pidieron atención para la tesis de Costa Rica, que propone
condonar deuda y apoyar con recursos financieros a los países en
vías de desarrollo que inviertan cada vez menos en armas y más en
salud, educación y vivienda para sus habitantes.
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