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Evo Morales: Denunció que el objetivo final
de los referendos regionales es derrocarlo. |
El 10 de agosto, Morales busca revalidar mandatos. Y los gobernadores
quieren evitarlo.
Por
Pablo Stefanoni - Clarín
El referéndum revocatorio del 10 de agosto que desde el gobierno se
pensaba como una vía de salida a la crisis que vive Bolivia se transformó en
parte del problema, y quedó sumergido en una sombra de dudas.
El Consejo Nacional Democrático –que agrupa a cinco de los nueve
gobernadores-- rechazó ayer la consulta y demandó que, de no mediar un "gran
acuerdo nacional", deberían adelantarse las elecciones para todos los cargos.
La agenda original de la cita opositora era discutir cómo expandir la
autonomía a otras regiones de Bolivia, como Cochabamba, Potosí –mediante una
alianza con el alcalde René Joaquino– y Chuquisaca, donde hay elecciones de
gobernador el próximo domingo y la oposición intenta arrebatarle esta plaza al
gobierno con una candidata quechua ex simpatizante de Morales.
Pero los gobernadores de Cochabamba Manfred Reyes Villa y de Pando, Leopoldo
Fernández, tienen otra preocupación en la cabeza e impusieron una línea dura
contra el revocatorio. La consulta del próximo 10 de agosto podría eyectarlos
del lugar de líderes regionales del que disfrutan desde hace décadas. Ilegal,
distractivo, imposición del centralismo, cortina de humo, fueron algunos de
los adjetivos descalificadores usados para rechazar el plebiscito.
Y a estos temores personales se suman las certezas políticas del gobernador de
Santa Cruz, Rubén Costas: el revocatorio está sacando de la escena los éxitos
en las urnas de los autonomistas y Evo Morales tiene todas las de ganar:
mientras él podría ser revocado si el rechazo a su gestión supera el 53,7%,
los gobernadores –según la aritmética aprobada- podrían perder sus cargos con
menos de 50% de rechazo. Y los líderes de La Paz y Tarija también pueden
perder sus cargos.
Los autonomistas se sienten envalentonados con el triunfo del domingo en
Tarija, donde el Sí a los estatutos autonómicos recibió un apoyo del 80%, casi
no hubo incidentes y la abstención – a la que convocó el MAS de Evo Morales-
consiguió sólo el 36% y fue menor que en la consulta de Santa Cruz convocada
también sin base legal, pero sin que el Estado central pudiera evitarla.
Originalmente un proyecto de Morales, la consulta, fue reactivada
sorpresivamente por la derecha parlamentaria liderada por el ex presidente
Jorge "Tuto" Quiroga en mayo pasado y los gobernadores autonomistas quedaron
–en sus propias palabras-- "perplejos".
El domingo ya se veía venir este rechazo opositor y Evo Morales pidió a sus
rivales no ser "cobardes" y someterse al voto popular.
Y el ministro de la Presidencia Juan Ramón Quintana dijo temer que el rechazo
al referéndum favorezca un escenario de violencia en las regiones opositoras.
La derecha rechaza la Constitución nacionalista e indigenista promovida por
Morales y este último no quiere saber nada con los estatutos que vuelven a
Bolivia un país casi federal.
Pero ahora la luz al final del túnel imaginada para superar el actual "empate
catastrófico" entre el gobierno y las regiones opositoras quedó titilando
débilmente y la incertidumbre vuelve a ganar terreno entre todos los
bolivianos.
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