El gobierno brasileño prefiere ser ortodoxo en el combate a la
inflación. Según dejó trascender ayer el presidente Lula da Silva su país no
irá a adoptar medidas como las aplicadas en Argentina y México, a las que
calificó de "artificiales". Esas expresiones fueron vertidas por el jefe de
Estado brasileño durante una reunión cumbre con su equipo económico en el
Palacio del Planalto para ver qué hacen para enfrentar la suba generalizada de
precios.
Por Eleonora Gosman - Clarín
Hoy supera el 6% anual, a pesar de las medidas de freno al consumo adoptadas
recientemente. Según relato del jefe del bloque oficialista del Senado, Aloizio Mercadante, quien participó de esa cita, la estrategia de retenciones
tomadas en el caso argentino para garantizar el abastecimiento interno como la
política de precios máximos que el gobierno de Felipe Calderón acaba de
implementar fueron consideradas como "nada deseables" para Brasil. El
legislador señaló que Brasil apuesta a controlar la inflación por medios bien
ortodoxos: o un aumento de la tasa de interés, que empezó a empinar hace dos
meses, o bien por un recorte drástico de los gastos estatales.
Celebrado por varios medios financieros internacionales, que afirman que
Brasil ya es "un país serio", Lula está dispuesto a sacrificar el consumo
ciudadano con tal de no salirse de la receta neoliberal que sugiere ante todo
enfriar la economía y bajar el nivel de demanda interno, así sea a costa del
crecimiento económico.
Mientras tanto, la expectativa de un nuevo aumento de la tasa de interés por
parte del Consejo de Política Monetaria (organismo que reúne varios
ministerios del área económica) produjo ayer la primera manifestación
contraria a esa medida. Unos dos mil estudiantes y militantes de la Central
Unica de Trabajadores, que dicho sea de paso es oficialista, rodearon el Banco
Central y pintaron su fachada. Es la primera reacción social ante decisiones
de política económica del presidente brasileño.
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